Ciclo C - Tiempo Ordinario2 - Domingo 17º - 28 de julio - Año 2019

Liturgia Salmo

Evangelio

Monición de Entrada: MOTIVACIÓN

Hermanos y hermanas: estamos reunidos en torno a la Palabra y a la Mesa del Señor Jesús.

Aunque sea en clima vacacional, Jesús, el Maestro, nos reúne en comunidad porque siente que tiene cosas importantes que ofrecernos y enseñarnos. De hecho, nuestra vida sufre un desgaste continuado en todos los sentidos. De ahí que, como necesitamos un alimento que restaure nuestras fuerzas corporales, así también necesitamos vivificar nuestra fe y nuestra vida espiritual.

Por eso en la liturgia de hoy, Jesús nos va a ofrecer un medio extraordinario para revitalizar nuestras vidas: la ORACIÓN filial dirigida al Padre con confianza plena; como el mismo Jesús lo hacía y lo vivía.

Que toda nuestra celebración sea una expresión hermosa y sincera de plegaria y de oración. Iniciamos.

Moniciones a las lecturas

1ª Lectura: Génesis 18, 20-32

En este relato bíblico se nos presenta a Abrahán intercediendo en favor de las dos ciudades; suena a un diálogo del amigo con Dios. Toda oración nace como respuesta a la amistad que Dios nos ofrece y de adhesión a su voluntad. Así lo siente el patriarca creyente. Lo acogemos con sencillez de corazón.


2ª Lectura: Colosenses 2, 12-14

Pablo, en su enseñanza, afirma que el bautismo nos une a Cristo y, por eso, el creyente pasa de la muerte del pecado a la plenitud de la existencia que es el amor de Dios. Nuestra tarea es vivir esa vida nueva con todas las consecuencias. Escuchemos la reflexión del apóstol.


Evangelio: Lucas 11, 1-13

En este pasaje evangélico Jesús enseña a orar a sus discípulos. Es claro en los evangelios que Jesús oró y enseñó a orar a su grupo. Eso sí: su forma de oración no se parece en nada a la de los maestros de su tiempo. Algo totalmente nuevo se da en su enseñanza: la posibilidad de dirigirnos a Dios con confianza filial. Como muestra, el relato que vamos a escuchar.

Oración de los fieles

Siguiendo el ejemplo de Jesús, acudamos con confianza a Dios, nuestro Padre, presentándole nuestras oraciones y necesidades.

1.- Para que la Iglesia sea, con fuerza, una comunidad que acoge y respeta a las personas y se convierta de este modo en signo vivo del reino de fraternidad. ROGUEMOS AL SEÑOR.

2.- Para que todos y todas sepamos ver a Dios como Padre de todas las criaturas, y a los hombres y mujeres como hijos e hijas del único y mismo Padre. ROGUEMOS AL SEÑOR.

3.- Para que cuantos y cuantas tienen poder en el mundo trabajen sin desfallecer por la unidad y amistad entre los pueblos. ROGUEMOS AL SEÑOR.

4.- Para que animados y animadas por la fuerza del Espíritu de Jesús, cada día superemos las ansias de dominar y poseer y reine entre nosotros y nosotras el amor fraterno que Dios desea y quiere. ROGUEMOS AL SEÑOR.

5.- Para que cuantos y cuantas estamos aquí reunidos seamos capaces de conciliar la oración con el trabajo y llenar todas nuestras actividades de gratuidad. ROGUEMOS AL SEÑOR.

Presentación de las ofrendas

NOTA: ofrecemos diversos "SIGNOS" que nos parecen posibles, "fáciles" y que expresan el significado y el caminar de la Comunidad Cristiana.

POR FAVOR: que nadie piense que hay que hacer todos ellos. Que cada Comunidad, o Grupo de Liturgia los escoja y los adapte a su realidad.



PRESENTACIÓN DE UN ROSARIO

(Puede hacer esta ofrenda un anciano o una anciana de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Mira, Señor, yo te traigo este signo de la oración más popular y sencilla. Posiblemente lo hagamos más los y las más mayores y los y las menos letrados de tu Iglesia, pero yo te la quiero ofrecer como una forma de oración que se ajusta fielmente a lo que hemos escuchado hoy en el Evangelio. Y te pido que me escuches siempre que te la dirija, así como a cuantos y cuantas lo hacen en esta comunidad y en la Iglesia universal.


PRESENTACIÓN DE UNA CANCIÓN

(Un grupo canta uno de los cantos, o se pone por la megafonía del local. Los cantos más apropiados serían: “Padre, Padre, Padre…” o “Señor, enséñanos a orar”, ambos del Grupo Kairoi, ediciones PAX. Se escucharía en silencio profundo y teniendo cada uno la letra del mismo. Terminado el canto, una persona realiza la oración)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Por mi parte, Señor, te presento esta plegaria, desde el corazón y en nombre de toda la comunidad: queremos aprender a orar; por lo tanto, enséñanos Tú mismo a orar, para que así imitemos a Jesús y seamos como él testigos de tu amor ante el mundo y signos de lo que significa vivir como hijos e hijas y como hermanos y hermanas. Lo necesitamos y lo queremos vivir. Ayúdanos con tu Espíritu.


PRESENTACIÓN DE UN BREVIARIO

(Hace la ofrenda el miembro de la comunidad que rece la Liturgia de las horas. De no haberlo, uno de los adultos puede presentar un Libro de los Salmos)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te presento este libro que contiene las oraciones o los salmos que Tú has revelado a los hombres y a las mujeres para cuando quisieran unirse y dirigirse a Ti en oración. Y te lo ofrezco, Señor, como signo de lo necesitados que estamos todos y todas, en este momento, de incrementar nuestro tiempo y exigencia de oración. Pon Tú, Señor, en nuestros corazones, el que sintamos la necesidad de orar. Y ayúdanos a comprender que la mejor oración es la que Tú nos dices.


PRESENTACIÓN DE UNA VELA ENCENDIDA SOBRE UN CANDELERO

(Puede hacer esta ofrenda otro miembro cualquiera de la comunidad, aunque de distinto sexo que quien haya hecho la anterior. Dice después:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, con esta vela encendida sobre el candelero, que yo te ofrezco hoy, en nombre de todos y de todas, queremos simbolizar nuestro comportamiento coherente en todos los niveles de nuestra existencia, tanto en nuestra vida religiosa como profana. Así nos comprometemos a ser luz en medio del mundo.


PRESENTACIÓN DE UNA BIBLIA

(No es la primera vez que la ofrecemos, aunque, en esta ocasión, aconsejamos que lo haga una de las personas que preparan y animan los encuentros de oración de la Comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Yo te traigo, Señor, una Biblia, tu Palabra escrita para nosotros y nosotras. Con ella te entrego nuestra disponibilidad a escucharte siempre. Tú, Señor, no enmudezcas nunca. No nos dejes de dirigir tu Palabra, que es la luz que ilumina nuestras vidas. Pero no te olvides de tocar nuestros corazones, para que nunca se cierren a la Palabra que Tú nos diriges.

Prefacio

(En pie, todos justos participan en la plegaria de Acción de Gracias, diciendo: «GRACIAS, SEÑOR, PORQUE HAS DERRAMADO TU ESPÍRITU EN NUESTROS CORAZONES, QUE NOS HACE LLAMARTE PADRE»).

Te alabamos y te bendecimos, Dios todopoderoso,
pero tan cercano a nosotros y a nosotras
que te podemos llamar Padre,
incluso papá, como ese balbuceo de los niños o de las niñas,
pero que expresa la delicadeza más tierna
o el amor más entrañable.
Y eso, porque tu Hijo Jesucristo
quiso compartir con nosotros y nosotras su filiación
y revelarnos las muchas ganas que Tú tenías
de adoptarnos como tus hijos e hijas.
R/. "GRACIAS, SEÑOR, PORQUE HAS DERRAMADO TU ESPÍRITU EN NUESTROS CORAZONES, QUE NOS HACE LLAMARTE PADRE".

La confianza de Jesús en el trato contigo
y la imitación de sus discípulos
resultaron escandalosos para los devotos judíos,
que te veían como lo totalmente distinto
y el ni ojo vio ni lengua es capaz de nombrarle.
Tú, sin embargo, fuiste con tu pueblo
como un verdadero padre,
capaz de alegrarte con sus alegrías
y entristecerte con todas y cada una de sus muchas penas,
pero nadie osó traspasar el umbral de la confianza.
Jesús, que era tu verdadero Hijo,
con su sangre derramada en la cruz,
nos dio la capacidad de sentirnos adoptados y adoptadas por Ti
y el Espíritu que ilumina nuestros corazones
y que pone la palabra «Padre» en nuestras bocas.
R/. "GRACIAS, SEÑOR, PORQUE HAS DERRAMADO TU ESPÍRITU EN NUESTROS CORAZONES, QUE NOS HACE LLAMARTE PADRE".

Pero la verdad es que no es fácil decirte Padre,
porque no nos reconocemos como hermanos y hermanas,
implicados e implicadas unos con otros,
dependiendo y luchando por todos y por todas,
a no ser que la experiencia de tu paternidad
nos empuje con fuerza a ello.
Por eso, ahora, Señor, sentimos vergüenza,
porque hemos sido muchas veces fariseos
y te hemos dirigido nuestras bondadosas oraciones,
mientras nos lavábamos las manos
para no mancharlas en la redención de los hermanos y hermanas.
R/. "GRACIAS, SEÑOR, PORQUE HAS DERRAMADO TU ESPÍRITU EN NUESTROS CORAZONES, QUE NOS HACE LLAMARTE PADRE".

Al recordar hoy la muerte de tu Hijo
y su resurrección salvadora,
queremos llamarte Padre
y poner en tus manos a todos los hombres y mujeres,
a la Iglesia de todos los tiempos,
a nuestra diócesis, con su Obispo...,
y a todos y a todas y a cada uno,
y a cada una de nuestras comunidades.
Ten presente, de forma especial, a los y a las que más lo necesitan.
No te olvides tampoco de nuestros difuntos y difuntas
y de comprometernos de verdad
en la lucha por una sociedad más justa
y por un mundo más de iguales.
R/. "GRACIAS, SEÑOR, PORQUE HAS DERRAMADO TU ESPÍRITU EN NUESTROS CORAZONES, QUE NOS HACE LLAMARTE PADRE".

Monición de Despedida

Hemos participado de este encuentro con el Dios a quien podemos llamarle Abbà, aitatxo, padre, y hacerlo con plena conciencia de este enorme regalo. Que ahora seamos testigos de la FRATERNIDAD que nace de este hecho; nuestro mundo lo necesita y nos lo agradecerá, aunque en ocasiones le cueste aceptarlo. ¡Feliz testimonio de “hijos e hijas” y de “hermanos y de hermanas” en esta nuestra cultura actual!

Reflexión para este día

“Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos,
que nos hace gritar: ¡Abbà!, Padre”




En este domingo, el mensaje de la Palabra de Dios es de una gran actualidad ya que pone el dedo en la llaga. Posiblemente nos afecta a tantos y tantas creyentes... Hoy, el creyente y seguidor de Jesús van sintiendo una incapacidad creciente para ORAR: al hombre y a la mujer actual se le está olvidando orar. Hemos abandonado las prácticas de piedad que alimentaron a nuestros padres; hemos reducido el tiempo dedicado a la oración y a la reflexión. Y metidos y metidas en el frenesí de la vida, siempre tenemos otra cosa más importante que hacer, algo más urgente o más útil. ¿Cómo ponerse a orar cuando uno tiene tantas cosas en que ocuparse?, comentamos en nuestro fuero interno.

Y hemos terminado por “vivir bastante bien” sin necesidad alguna de orar. Pero, la consecuencia es la MEDIOCRIDAD en que nos hemos instalado a lo largo de los años; hemos perdido el vigor de nuestra fe cristiana. Y, poco a poco, tantos y tantas, hemos ido cayendo en el vacío interior, el aburrimiento de la vida y en la incomunicación (= signo de muerte).

NECESITAMOS ORAR:
- para no desalentarnos en la lucha por la fraternidad
- para encontrarnos con nuestra propia verdad.
- para liberarnos de nuestra soledad interior y poder vivir ante un PADRE, en actitud confiada, gozosa y filial.

Son las palabras de Jesús: “Quien pide está recibiendo; quien busca, está hallando; y al que llama, se le abre”.

¡DICHOSOS y DICHOSAS quienes tienen capacidad y deseos de ORAR!

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