Ciclo A - Tiempo Ordinario2 - Domingo 13º - 02 de julio - Año 2017

Liturgia Salmo

Evangelio

Monición de Entrada: MOTIVACIÓN

Bienvenidos, hermanos, a este encuentro de fe y de fraternidad.

Cada domingo, el Señor Jesús nos congrega para celebrar el misterio de su muerte y resurrección. Y cada domingo nos ofrece su Palabra que da vida, su Palabra que nos invita al seguimiento y a anunciar su Buena Nueva a todos los hombres.

Hoy, el Señor Jesús nos invita, a cuantos nos ha llamado, a seguirle decididamente, aún a riesgo de nuestra propia vida; pero nos invita, también, a descubrirle y a acogerle en el hermano. La acogida del otro es parte de nuestro seguimiento. Así seremos su nueva FAMILIA.

Iniciamos la celebración con gozo e ilusión.

Moniciones a las lecturas

1ª Lectura: 2 Reyes 4, 8-11. 14-16a

En esta lectura, se nos presenta a Eliseo, que significa “Dios salva”, y que es heredero del espíritu del profeta Elías; el profeta es acogido por una familia sunamita. El matrimonio no tiene hijos y tiene por santo al hombre de Dios. Le ofrecen su hospitalidad con toda generosidad. Por ello, como don gratuito de Dios, tendrán un hijo, fruto de la misma bendición divina. Acogemos este sencillo relato.


2ª Lectura: Romanos 6, 3-4. 8-11

El apóstol Pablo anima y exhorta a su comunidad a vivir el bautismo. Por el bautismo se participa a la muerte y resurrección de Cristo. Esto exige al cristiano un cambio de vida, porque superado el mal, vive según el proyecto de Dios. ¡Todo un estilo de vida! Acogemos su reflexión de testigo de Jesús.


Evangelio: Mateo 10, 37-42

Con este relato, Jesús cierra el llamado discurso apostólico con dos temas: la renuncia total y la acogida del enviado; ambas tienen su recompensa. Las palabras de Jesús son exigentes, habla de cruz y de perder la vida, pero a la vez habla de recompensa y de plenitud de vida. Acojamos este mensaje que renueva lo mejor en sus seguidores.

Oración de los fieles

Sabemos bien que estamos en las manos de Dios, por eso, con confianza le dirigimos nuestra oración por todas las necesidades.

1.- Por la Iglesia: para que, contemplando e imitando a Cristo, sea experta en humanidad e ilumine desde el Evangelio la vida de los hombres. ROGUEMOS AL SEÑOR.

2.- Por todos los pastores de la Iglesia: para que guíen a las comunidades cristianas, sean cercanos, acogedores y den testimonio gozoso del Evangelio. ROGUEMOS AL SEÑOR.

3.- Por los gobernantes: para que se comprometan en la promoción de la justicia y la paz y respeten los derechos de todas las personas. ROGUEMOS AL SEÑOR.

4.- Por los que el Señor llama a su seguimiento: para que sean generosos y no les falte la oración y la ayuda de todos los seguidores de Jesús. ROGUEMOS AL SEÑOR.

5.- Por nuestra Comunidad parroquial: para que sea cercana, acogedora y solidaria con los que menos tienen, y sea lugar de encuentro entre las personas. ROGUEMOS AL SEÑOR.

Presentación de las ofrendas

NOTA: ofrecemos diversos "SIGNOS" que nos parecen posibles, "fáciles" y que expresan el significado y el caminar de la Comunidad Cristiana.

POR FAVOR: que nadie piense que hay que hacer todos ellos. Que cada Comunidad, o Grupo de Liturgia los escoja y los adapte a su realidad.



ENCENDIDO DE LAS VELAS DE LA MESA DEL ALTAR DESDE EL CIRIO PASCUAL

(Hoy el Cirio Pascual está encendido desde el principio de la celebración y en lugar bien visible. El que preside, se acerca al mismo y prende una vela en el Cirio; después la ofrece a un ayudante para que encienda las velas del altar y las habituales para la celebración eucarística. La persona que hace la ofrenda, dice:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Mira, Señor, Tú has encendido en nuestros corazones la vida nueva de tu Hijo Resucitado. A Ti hemos acudido en oración, para que nos des la fortaleza que necesitamos para vivirla en nuestras vidas. Yo, ahora, en nombre de toda la comunidad, quiero ofrecerte, con el signo de esta luz que ha prendido las luces que iluminan el altar, nuestras vidas y el compromiso de vivirlas siempre desde Ti y desde tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor.


PRESENTACIÓN DE UN RAMO DE FLORES

(Esta ofrenda la puede hacer cualquiera de los miembros de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, en mi nombre y en el de toda la comunidad, yo te traigo este ramo de flores, que quiere simbolizar nuestra fe personal. Tú nos llamas, y cada uno de nosotros, no sólo hemos de responder a tu llamada, sino que la hemos de hacer vida de nuestras vidas. Que seamos capaces de confesarte como el Hijo de Dios, el Señor de nuestras personas, el eje en torno al cual giran y giran nuestras vidas. Bien sabes las muchas dificultades con las que hemos de enfrentar hoy y que complican nuestra confesión de fe. No nos niegues tu gracia, pues, al fin y al cabo, bien poco seríamos capaces de hacer con nuestras solas fuerzas.


PRESENTACIÓN DE UNA PAREJA DE ENAMORADOS

(Es necesario que sea una relación ya formal y conocida y, claro está, personas comprometidas en la acción social o evangelizadora de la Comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, tu sabes de nuestra aventura, porque nuestro amor es un regalo tuyo. Nosotros te lo ofrecemos ahora y, con él, nuestro compromiso y el de toda la comunidad de la que formamos parte, pues queremos, ser testigos del amor que nos has tenido y tienes a todos los hombres y al mundo. Así, queremos expresar tu vida y la del Resucitado.


PRESENTACIÓN DE UN VASO DE AGUA

(Lo presenta un adulto de la comunidad; al presentar, dice:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Por mi parte, Señor, yo te traigo este vaso de agua, símbolo de nuestra acogida y hospitalidad a los demás. Haznos superar los recelos actuales y el encerrarnos en nuestras familias y en nosotros mismos, producto del individualismo y el egoísmo reinante. Que seamos capaces de descubrir en el rostro de cualquiera el de tu Hijo, y acojamos, entonces, a cualquier hombre como lo haríamos con tu propio Hijo.


PRESENTACIÓN DE UN PUÑADO DE GRANOS DE TRIGO

(Un agricultor -si lo hubiere en la comunidad- coge del recipiente situado en la parte de atrás del lugar de la celebración un puñado de granos de trigo, que lleva con cuidado hasta depositarlo en otro nuevo recipiente que le ofrece el que preside)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Con las mismas manos con las que trabajo la tierra, te ofrezco hoy, Señor, este puñado de granos de trigo, como símbolo de la vida. Tú propio Hijo lo empleó como metáfora, para enseñarnos que no hay resurrección sin muerte, ni espiga sin grano muerto en la tierra. Nosotros hoy nos unimos a la comparación que utilizó tu Hijo, para ofrecerte nuestras vidas y la da tantos hombres y mujeres, que viven en servicio a sus hermanos. ¡Seguro que te gusta la ofrenda, Padre bueno!

Prefacio

(La Asamblea se une a la oración del presidente, diciendo: «TE DAMOS GRACIAS, SEÑOR, PORQUE NOS INVITAS A PARTICIPAR DE TU GLORIA»).

Te damos gracias y te alabamos con todo nuestro ser,
Dios Padre, rico en misericordia,
porque no te ahorraste ni la vida de tu Hijo
cuando decidiste ofrecernos la salvación y la amistad,
que nosotros,
a causa del pecado y de la búsqueda de nuestra independencia,
habíamos roto en los inicios de la historia.
R/. "TE DAMOS GRACIAS, SEÑOR, PORQUE NOS INVITAS A PARTICIPAR DE TU GLORIA".

Nos habías enviado a los profetas
que, a lo largo de los tiempos antiguos,
nos habían recordado la Alianza
y habían puesto nuestra infidelidad
frente a tu respeto continuado.
Ellos predijeron los tiempos nuevos
y el envío por tu parte del Mesías,
como un pobre más, varón de dolores,
que cargaría sobre sus espaldas nuestros pecados.
R/. "TE DAMOS GRACIAS, SEÑOR, PORQUE NOS INVITAS A PARTICIPAR DE TU GLORIA".

En la plenitud de los tiempos
nos enviaste a tu propio Hijo,
nacido como cualquiera de nosotros de mujer,
que recorrió los caminos de Galilea
predicando el Evangelio de la esperanza
y curando las enfermedades de los hombres.
Rechazado por su pueblo y las autoridades,
aceptó tu voluntad, muriendo en la cruz
por nuestra salvación.
R/. "TE DAMOS GRACIAS, SEÑOR, PORQUE NOS INVITAS A PARTICIPAR DE TU GLORIA".

Tú mismo lo rescataste de las garras de la muerte,
llenaste su sepulcro de vida
y, como resucitado, se apareció a sus discípulos;
les regaló tu Espíritu
y, desde entonces, ellos y tu Iglesia
damos testimonio de tu amor
en la esperanza de llegar, un día,
a compartir contigo tu Reino
y, con tu Hijo, vivir en plenitud la nueva vida.
R/. "TE DAMOS GRACIAS, SEÑOR, PORQUE NOS INVITAS A PARTICIPAR DE TU GLORIA".

Nos pusiste la condición de creer y seguir a tu Hijo,
de no ser más que nuestro Maestro,
de aceptar la Cruz, camino inevitable de la gloria,
de vivir el amor, como Tú nos amaste primero,
de servir a los hombres
y pronunciar la esperanza en el mundo.
Entre la fidelidad y las dudas, Señor,
bien sabes que seguimos a tu Hijo.
Nos cuesta dar el paso de la radicalidad
y tenemos rincones oscuros en nuestro corazón.
Por eso, hoy, Señor, confiamos en tu gracia
y esperamos de tu ayuda la fidelidad que nos falta.
R/. "TE DAMOS GRACIAS, SEÑOR, PORQUE NOS INVITAS A PARTICIPAR DE TU GLORIA".

Monición de Despedida

Amigos: estamos terminando la celebración. Hemos escuchado aquello de “el que no coge su cruz y me sigue, no es digno de mí”; hemos compartido la misma fe, y se nos ha invitado a vivir con esperanza y con gran amor, allí donde nos encontremos: en la familia, con los amigos, con los vecinos, en el ocio, en el trabajo, en medio de la sociedad que nos toca vivir, dando así testimonio de su Evangelio. ¡Feliz semana de testimonio cristiano!

Reflexión para este día

“El que no coge su cruz, no es digno de mí.
El que os recibe a vosotros, me recibe a mí”




El Señor Jesús sigue reuniendo a la COMUNIDAD. Y la verdad es que no lo va a hacer con palabras suaves (“goxoak”), sino al contrario, con frases fuertes. Nada menos que ésta: “El que quiera a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiera a su hijo y a su hija más que a mí, no es digno de mí”.

¿Qué significa esto? ¿No son palabras extrañas? Está claro que para JESÚS el criterio fundamental de nuestra vida, de nuestras actuaciones debe estar en ÉL MISMO y en su EVANGELIO. De hecho sabemos que en ocasiones es la misma familia la que impide el seguimiento de Jesús, la vivencia en radicalidad del Evangelio de Jesús. Esto es un hecho constatable. ¿Qué ocurre cuando “les damos todo” a los hijos, hasta el punto que les sobre? ¿O es que con ello no estamos haciendo prácticamente imposible el seguimiento de Jesús, que supone renuncia y radicalidad?: “El que no tome su cruz y me siga, no es digno de mí”.

De hecho, Jesús nos invita a impregnar toda nuestra vida con el espíritu evangélico. Esto es: su invitación es a amar, a ser generosos, a trabajar en servicio a los demás, a luchar por la justicia, a vivir y -si es necesario- a morir por los demás. Y Él nos dice que éste es el camino de la FELICIDAD y de la VIDA.

¡Dichosos quienes ACOGEN la PROPUESTA de JESÚS:
porque además de SER FELICES,
serán UNA BENDICIÓN para nuestro mundo!


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