Ciclo C - Cuaresma - 4º Domingo - 31 de marzo - Año 2019

Liturgia Salmo

Evangelio

Monición de Entrada: MOTIVACIÓN

Hermanos y hermanas: seguimos en el camino de la Cuaresma, sabiendo que Jesús camina a nuestro lado.

Si el domingo pasado nos hablaba el Evangelio de conversión, de cambio de nuestro corazón, hoy, la liturgia nos presenta la parábola del hijo pródigo, la misericordia de Dios Padre, donde se nos ofrece un marco de reflexión para todos nosotros y nosotras.

Día a día, semana a semana, estamos en la cercanía del Padre; pero cuando nos percatamos de que quienes, al margen de la casa paterna, disfrutan alegremente y son gratificados sin pedir explicaciones, surgen los celos, el resentimiento, y se manifiesta entonces la tristeza que nos hace incapaces de compartir la alegría del Padre. En este tiempo de Cuaresma, también el hijo mayor necesita reconocer su pecado y arrodillarse ante el Padre para recibir el abrazo de la MISERICORDIA. Y es que resulta que cada uno/a de nosotros y de nosotras llevamos dentro al hijo mayor.

Que esta celebración nos ayude a disfrutar de la gran fiesta del perdón y la acogida.

Moniciones a las lecturas

1ª Lectura: Josué 5, 9a. 10-12

Escuchamos esta primera lectura. Con la entrada del pueblo de Dios en Palestina se concluye el Éxodo y se inicia el cumplimiento de otra promesa hecha a Abrahán: “el don de la tierra”. Israel celebra en la tierra prometida su primera Pascua y con ella comienza un nuevo estilo de vida. Así lo siente y vive aquel acontecimiento. Lo acogemos.


2ª Lectura: 2 Corintios 5, 17-21

La lectura del apóstol ofrece los criterios fundamentales que guían a Pablo en su apostolado: Dios nos reconcilia consigo por Cristo, que cargó sobre sí el pecado de todos y de todas para que la humanidad viviera una vida nueva y libre. Es la nueva humanidad de los redimidos/as y perdonados/as. Escuchamos.


Evangelio: Lucas 15, 1-3. 11-32

Nos preparamos a escuchar un pasaje excepcional del Evangelio. El Padre es bondadoso y su misericordia no tiene fronteras, ni tiempos, ni hace distinción entre personas. Su perdón es gratuito y universal. El abrazo entre el padre y el hijo es signo pascual del perdón cristiano. Esta parábola del hijo pródigo es la parábola del Padre bueno. Una vez más, escuchamos y acogemos su inmenso mensaje.

Oración de los fieles

Elevemos nuestras oraciones a Dios, nuestro Padre, que, por medio de su Hijo Jesucristo, nos reconcilia. Le dirigimos nuestra oración, pidiéndole: ESCÚCHANOS, SEÑOR.

1.- Por toda la Iglesia, para que anuncie a todos los pueblos la reconciliación y la paz de parte de Dios; para que las comunidades sean escuelas donde se dé el perdón y la reconciliación, y se experimente el amor y la acogida. OREMOS.

2.- Por todos los pueblos que en estos momentos están en guerra, para que los gobernantes den pasos concretos hacia la paz, respetando las libertades y los derechos de los pueblos. OREMOS.

3.- Por cuantos han perdido la esperanza, para que, a través del testimonio de los creyentes, puedan reconocer a Dios Padre, que nunca defrauda y siempre nos acompaña. OREMOS.

4.- Por tantos hombres y mujeres que hoy buscan la libertad, y se esclavizan a consecuencia del dinero, el sexo, las drogas, el alcohol; por tantas personas que sufren los malos tratos y la persecución, o viven sumidos y sumidas en el mundo de la prostitución: que encuentren siempre personas que les ayuden. OREMOS.

5.- Por nuestra Comunidad Parroquial: para que sea una escuela de amor, donde se aprenda a acoger a todas las personas y donde se practique el perdón y la reconciliación. OREMOS.

Presentación de las ofrendas

Nota: ofrecemos diversos "SIGNOS" que nos parecen posibles, "fáciles" y que expresan el significado y el caminar de la Comunidad Cristiana.

Por favor: que nadie piense que hay que hacer todos ellos. Que cada Comunidad o Grupo de Liturgia los escoja y los adapte a su realidad.



PRESENTACIÓN DE UN CORAZÓN

(Esta ofrenda debiera haber sido preparada previamente por alguno de los grupos de catequesis de la comunidad. Consistiría en la elaboración de un gran corazón de cartulina, en el que se han pegado multitud de rostros humanos de todo tipo, raza y condición. Lo puede llevar todo el grupo, aunque uno/a solo/a es quien hace la ofrenda)

ORACIÓN - EXPLICACIÓN: Señor, nosotros y nosotras nos hemos reunido y elaborado este gran corazón, repleto de rostros humanos, rostros a los que Tú amas porque son tus hijos e hijas. Hoy te lo queremos ofrecer como signo de nuestra apertura al amor universal de todas las personas. Que no se nos escape ninguno/a, por muy lejos que se encuentre de nosotros y de nosotras, tanto en la distancia como ideológica y culturalmente. Comprometemos en esta ofrenda nuestra capacidad de tolerancia y optamos por actitudes de misericordia, como Tú mismo lo haces. Y te pedimos nos des fuerzas para amar a todos y a todas, incluso a los/as poco amables.


PRESENTACIÓN DE UN MEDICAMENTO

(Con el envoltorio sería suficiente, para tener el valor de símbolo. Y lo puede presentar alguien relacionado con la sanidad)

ORACIÓN - EXPLICACIÓN: Mira, Señor, yo te traigo un medicamento, porque pensamos que es un buen signo de la misericordia, que tú mismo tienes para con nosotros y nosotras y que podemos tener en nuestra vida de cada día. Queremos ser eso: medicina para los otros y las otras. Bálsamo y aceite que curen las heridas de los/as demás. Mera capacidad de escucha, que alivie y aligere los problemas de los otros y de las otras. Y lo queremos hacer a imagen de tu Hijo Jesucristo, tal como Él lo hizo antes y lo hace ahora con nosotros y con nosotras.


PRESENTACIÓN DE UN PARAGUAS

(Hace la ofrenda una persona adulta de la comunidad

ORACIÓN - EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo hoy este paraguas. Es y ha sido muchas veces, en mi vida y en la de muchos y muchas de nosotros y de nosotras, el símbolo de nuestras actitudes evasivas ante los compromisos y las exigencias que Tú nos has transmitido a través de tu Palabra. Muchas veces, o hemos mirado hacia otro lado o hacia otras personas. Hoy, con esta ofrenda, te queremos pedir que nos cambies el corazón y nos lo hagas receptivo a tu palabra y a sus exigencias, de manera que seamos SIGNOS vivos de tu mismo perdón y de tu misericordia.


PRESENTACIÓN DE LA LUZ

(Sería interesante que lo pudiera ofrecer algún miembro de la Pastoral de los Bautismos)

ORACIÓN - EXPLICACIÓN: Señor, en nombre de cuantos y de cuantas estamos reunidos/as, yo te ofrezco hoy esta luz, que la queremos unir a las que lucen sobre la mesa del altar. Ella es el símbolo del efecto del bautismo en nosotros y en nostras y de nuestro compromiso. La ha prendido tu Hijo Resucitado, que es quien ilumina nuestro corazón, y quiere que nosotros y nosotras, con nuestras palabras y nuestra vida, seamos luz que alumbra las tinieblas del mundo. No permitas nunca, Señor, que seamos opacos para los y las demás.


UN MATRIMONIO PRESENTA A SU HIJO/A PEQUEÑO/A

(Marido y mujer se levantan con su hijo pequeño o hija pequeña y se acercan hasta el presbiterio para hacer la ofrenda. Intervienen los dos, uno después de otro. Concluidas sus intervenciones, permanecen con el niño o la niña en el mismo presbiterio durante el resto de la celebración. Dicen:)

ORACIÓN - EXPLICACIÓN:

MARIDO: Señor, aquí nos tienes con este nuestro(a) hijo(a), regalo tuyo y fruto de nuestro amor. Te lo queremos ofrecer en respuesta a tu misericordia. Tuyo(a) es y traza sobre él (ella) el plan de salvación.

MUJER: Te queremos ofrecer también nuestros deseos de proseguir y mantener el amor que nos hizo engendrarle, mediante nuestros cuidados y la educación. Educación, que pensamos, no sólo en orden a darle la oportunidad de que llegue a ser adulto(a), sino también que logre ser una persona en plenitud.

LA PAREJA: Sin embargo, Señor, somos conscientes de las muchas dificultades que engendra esta tarea y, principalmente, aquellas que nos vienen de un ambiente y una sociedad interesada en personas débiles y fácilmente manipulables. Por eso, Señor, danos tu gracia para poderlo realizar.

Prefacio

(Concluido el ofertorio, todos se ponen de pie para participar en la oración de Acción de Gracias que pronuncia el Presidente, diciendo: «TE DAMOS GRACIAS, PADRE, PORQUE NOS PERDONAS Y NOS AMAS»).

Te damos gracias y te alabamos, Padre bueno,
porque nos has perdonado nuestros pecados
y nos invitas al banquete de tu amor,
en el que comulgamos el Cuerpo de tu Hijo,
signo de su misma entrega hasta la cruz
y, por su obediencia incondicional,
la causa de nuestra salvación.
Te bendecimos, Padre, por tu generosidad,
porque nos has querido inmerecidamente
y lo has hecho, dando Tú el primer paso,
para que no nos sintiéramos oprimidos y oprimidas
por el peso del pecado.
R/. «TE DAMOS GRACIAS, PADRE, PORQUE NOS PERDONAS Y NOS AMAS».

Nuestra historia de hombres y de mujeres, Padre,
es la búsqueda insaciable de la libertad.
Por eso, quizá seas Tú el culpable,
pues, en vez de crearnos sin libertad,
preferiste hacernos a tu propia imagen,
corriendo el riesgo de nuestra falta de responsabilidad.
Sin embargo, preferiste nuestra grandeza,
nos quisiste como realmente somos,
te armaste de paciencia con cada uno de nosotros y de nosotras
y nos esperas cada vez que despreciamos tu voluntad.
Desde el inicio de los tiempos,
nos diste tu perdón,
nos dijiste palabras de esperanza,
nos señalaste el camino de retorno,
nos hablaste desde el fondo de nuestras conciencias
y te gozas cada vez que se convierte un pecador.
R/. «TE DAMOS GRACIAS, PADRE, PORQUE NOS PERDONAS Y NOS AMAS».

En Jesucristo, tu Hijo, obediente sólo a tu Palabra,
nos dejaste el ejemplo de qué es la libertad.
Libremente libre de cualquier atadura humana,
de los poderes religiosos, civiles y económicos,
se ató de tal manera a tu voluntad,
que abrazó el rechazo de los hombres y de las mujeres,
el camino del Gólgota y la Cruz.
Por eso, Tú lo devolviste a la vida,
la que nunca acaba, la que vive en tu corazón,
en la que ya no hay ataduras ni necesidades,
sino que es la libertad en plenitud.
R/. «TE DAMOS GRACIAS, PADRE, PORQUE NOS PERDONAS Y NOS AMAS».

Por el bautismo, nos has incorporado, Padre,
a la vida que tu Hijo estrenó en la resurrección.
Sin embargo, tercos y tercas, caemos en la contradicción,
y de ser llamados y llamadas a la gracia, incurrimos en el pecado.
También nosotros y nosotras buscamos la libertad,
desorientados/as y confusos/as, en las ataduras del mundo.
Pero Tú nos ofreces tu Palabra
y nos invitas continuamente a la conversión.
No permitas que se endurezca nuestro corazón.
Que no confundamos la salvación con nuestro esfuerzo.
Que no se escapen de tus manos
los y las que buscan la libertad,
impedidos e impedidas por los opresores y los tiranos.
Ten presente también a los y a las que se han atado a la droga
o confunden la libertad con acallar sus necesidades.
Anima a tu Iglesia a ser sembradora de libertad.
Y perdona y acoge a nuestros difuntos y a nuestras difuntas.
Y perdona y acoge a nuestros difuntos.
R/. «TE DAMOS GRACIAS, PADRE, PORQUE NOS PERDONAS Y NOS AMAS».

Monición de Despedida

Te damos gracias, Padre, porque hoy tu Hijo nos ha mostrado, una vez más y a cada uno de nosotros y de nosotras, personalmente, tu amor de Padre, y nos ha dicho: ¡“Dejaos reconciliar con Dios”! ¡Dejaos querer por el Padre! Por eso, que no dudemos en vivir el gozo de tu perdón, para así conocer y experimentar tu verdad.

Hermanos y hermanas: que esta Celebración nos haya ayudado a vivir en plenitud nuestra filiación para con Dios y la fraternidad para con todos los hermanos y con todas las hermanas. ¡Feliz semana para todos y todas!

Reflexión para este día

“Me pondré en camino a donde está mi padre, y le diré:
«Padre, he pecado contra el cielo y contra ti»”




Ya plenamente insertos en la segunda etapa de la Cuaresma, también hoy, la liturgia quiere seguir trabajándonos a cada uno de los seguidores y cada una de las seguidoras de Jesús. Y es que, si el objetivo de la Cuaresma es caminar con Él, para identificarnos con Él y su estilo de vida, es necesario ir profundizando su mensaje. Aquí estamos y lo queremos hacer.

Tenemos una experiencia de vida: a menudo caminamos entre luces y sombras. En ocasiones, las sombras son intensas, profundamente intensas; ocasionalmente, vivimos la experiencia del gozo, de la luz. Nos gustaría poder dominar la vida, los misterios, sus interrogantes… e, incluso, explicar el hecho de la muerte y de nuestra propia infelicidad y pecado. Y a pesar de tantos esfuerzos y avances, nos siguen persiguiendo las intensas sombras.

Aquí resuenan las palabras del hijo pródigo del evangelio de este domingo: “Me pondré en camino a donde está mi Padre y le diré: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo»”. ¿No será el momento de acoger la propuesta de Jesús, al Dios de la misericordia y de la reconciliación? Y es que el Padre espera con los brazos abiertos con el fin de recuperar en plenitud al hijo o a la hija con el don del perdón. Es el camino de la CONVERSIÓN. Así es como nos hacemos criaturas nuevas (según el testimonio del apóstol Pablo, en la segunda lectura).

Estamos a tiempo de volver al Padre, de aceptar la nueva realidad y vida que Él mismo nos brinda. ¿Por qué no intentarlo una vez más?

bidean@bidean.net
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