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JESÚS y ZAQUEO

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JESÚS y ZAQUEO

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Mirada a la vida

 

Un hecho que constatamos todos los días es que a pesar de todos los avances en esta sociedad nuestra, hay “ALGO” que se nos “escapa”, algo que está “más allá”. A pesar de todo, -y cuando menos lo pensamos-, la vida nos sorprende y nos produce incertidumbre; nos entran las dudas y todo parece tambalearse.

Aquí es cuando sale de nuestros labios y corazón, esa expresión: “La vida es un MISTERIO”. Y con ello estamos expresando, al mismo tiempo, la grandeza de ese don que es la vida, pero también ese “algo” que se nos escapa y que no llegamos a entender; menos, a controlar. Ésta es la experiencia cotidiana que sentimos y que la vivimos con admiración, pero también con incertidumbre.

Y es que es verdad: el hombre y su historia es un CAMINAR, a veces más seguro y firme, y, en otros, más inconstante, ofreciendo una sensación de mayor fragilidad. De hecho, la experiencia nos “habla” de que hoy puedo estar en lo alto de la cresta, pero mañana puedo encontrarme es un descenso vertiginoso. Esto es, que nuestras vidas están profundamente sujetas al cambio, y, aunque hoy me encuentre bien, cualquier circunstancia (una enfermedad, un acontecimiento...) pueden provocar un cambio profundo en mí y... ¡ahora, todo parece tener otra perspectiva! “¡La vida ha cambiado!”, decimos, e intentamos adaptarnos a esa nueva realidad, y plantearla desde lo vivido, o desde unos valores que consideramos los adecuados. ¡Así caminamos!

Es, en esta realidad, donde “anda” también el ESPÍRITU de DIOS. Y es que Él está profundamente interesado por cuanto nos sucede y acontece. ¡Cómo no! De ahí que sabe “aprovechar” cualquier resquicio para “adentrarse” en esa historia y ofrecerle una NUEVA LUZ, una perspectiva diferente que nos ayude a plantearnos de FORMA NUEVA la situación en la que nos encontramos.

Desde aquí, desde esta convicción, podemos “entender” muchas de las propuestas del Evangelio, y muchas de las palabras de Jesús de Nazaret adquieren toda su fuerza y validez. Él se atreve a decirnos que no le somos indiferentes a Dios. Bien al contrario: Él está obsesionado por nuestro bienestar. Esto es, está dispuesto a hacer lo que sea para que cada uno de nosotros no nos sintamos solos ni huérfanos ante los avatares de la vida, ante las situaciones que más nos cuestan y que llegamos a entenderlas no a controlarlas.

Algo de todo esto nos está hablando la escena evangélica de hoy y que, sin ningún tipo de dudas, es un ENCUENTRO bien especial y de un significado singular, por supuesto, para la persona que lo vivió (¡todo un símbolo!), como para cuantos nos acercamos a esas páginas evangélicas buscando un poco de luz, un estilo de ser para la vida y una forma de afrontar cuanto nos va sucediendo en el día a día.

Contemplemos este relato que nos ofrece el evangelista. Y, desde el corazón, abrámonos a su propuesta, que es NUEVA y POSITIVA.

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A la luz del Evangelio

 

(Lucas 19, 1-10)

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad.

Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí.

Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo:
- «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa».
Él bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo:
- «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador».

Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor:
- «Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más».
Jesús le contestó:
- «Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

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Hoy y aquí

 

Posiblemente, las personas del entorno de Jesús (incluso su propio grupo y comunidad) sintieron un escalofrío especial ante el actuar de Jesús que nos presenta el relato del evangelista Lucas. Es todo un SÍMBOLO del actuar de Jesús y de la Buena Nueva, de la que es portador.

No podemos olvidar que en esta ocasión no es un acercamiento a los “pecadores”, así en general. En este caso, es un personaje cualificado. Era un publicano, un protagonista, blanco de todos los desprecios, y es que en el marco de una sociedad como la de Israel, invadida por una nación extranjera y obligada a pagar pesadísimos impuestos, la figura del “recaudador” era el símbolo del renegado y mercenario al servicio del poder de Roma. Por lo tanto, Zaqueo, que es “jefe de recaudadores y muy rico”, polariza en su persona todas las iras de la sociedad israelita. Tan es así, que el detalle del relato (“era bajo de estatura”), posiblemente nos esté hablando de algo que va más allá del hecho físico del tamaño de la estatura, insinuándonos, más bien, su condición religiosa y moral. Esto es algo serio.

Pero hay un hecho que, en este primer momento del Encuentro, llama poderosamente la atención: “... trataba de distinguir quién era Jesús... y se subió a una higuera”. Aquí haya algo que nos desborda: ¿Por qué puede interesarle a este tipejo “verle a Jesús”? ¿Qué desea? ¿Qué busca? La verdad es que no “cuadra” para nada en este personaje este deseo; no le “queda bien”. Pero es así. Por lo tanto, tendremos que aceptar su enorme NOVEDAD.

A partir de aquí, la INICIATIVA es de Jesús: “Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo...”. Aquí se produce el ENCUENTRO que transforma todo y lo hace NUEVO y DISTINTO. Y es que el Maestro está convencido de que nadie es tan desgraciado que no se merezca una nueva oportunidad. Y él se la ofrece a Zaqueo, por muy pecador, renegado y mercenario que sea y, por lo tanto, vive de una determinada forma, que -para cuantos le conocen-, es despreciable.

Pero... este pobre hombre está deseoso de ALGO DISTINTO y siente que Jesús le puede ofrecer esa NOVEDAD que ni el poder ni las riquezas le han podido dar. Y, efectivamente, en Jesús encuentra lo que buscaba y da un giro de ciento ochenta grados a su vida, transformándola desde su misma raíz, que es el bolsillo y su fortuna. Ahora sí: “Hoy ha sido la salvación de esta casa”. ¡Impresionante!

Y aquí tenemos la síntesis final: y es que Jesús “ha venido a buscar lo que estaba perdido y a salvarlo”. Ésta es su MISIÓN y la razón de su vida. No ha venido, de parte de Dios, a no se sabe qué, sino precisamente viene a ofrecer el DON de la VIDA, de la salvación a cuantos lo buscan, a pesar de ser unos desgraciados. ¡Qué maravilloso, pero… qué difícil de asumir y aceptar así, tal como se propone! ¡Es… demasiado!

Las conclusiones que este relato nos ofrece y nos propone son diversas e interesantes, pero -sin duda alguna- tienen que ser PERSONALES. Está claro que nadie las va a sacar por mí. ¡Así de claro y de sencillo! Yo, nosotros, estamos también ante este Jesús y su oferta. No sé cuál pueda ser nuestra “situación” y actitud, o la de Zaqueo, o la de los que “murmuraban” el actuar de Jesús. Por eso, las CONCLUSIONES sólo pueden ser PERSONALES. Hacernos los despistados, no soluciona nada.

Este ENCUENTRO de Jesús con Zaqueo es un impresionante “cuadro” para nuestra vida y caminar. Pero... necesitamos VALOR para mirarlo y contemplarlo y, desde ahí, sacar las consecuencias que me plantea. ¡Hermosa oportunidad para mi vida! Ojalá no la desaproveche.

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Oración

 

Dios y Padre misericordioso y bueno,
que siempre nos esperas
para ofrecernos tu abrazo de acogida.

Tu mismo SILENCIO, Padre,
siento que es para mí una fuente de gracia,
si estoy atento a tus insinuaciones
porque Tú me hablas de muchas formas.

Enséñame a buscarte de corazón,
tanto en el silencio
como en el caminar de cada día,
para que pueda sentir tu paternidad
y gozar con lo que ello supone,
y así viva siempre como un hijo tuyo,
porque Tú eres mi PADRE.

GRACIAS por revelarme esta Buena Nueva
y... ¡bendito seas por siempre!

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Plegaria

 

HE ENCONTRADO UN AMIGO

Jesús: Tú eres siempre una sorpresa,
eres el amigo que se encuentra sin esperarlo.
Y yo te he encontrado.

No esperaba conocerte tan de cerca.
Pero llegaste, como a la samaritana,
y me has dicho:
“Dame de beber”.

Como a Zaqueo, elevaste los ojos
hasta el árbol en que estaba,
y me dijiste:
“Baja, que quiero hospedarme en tu casa”.

Sabes que te necesito,
y llegas sin que te llame.
Permíteme acompañarte en el camino.

Pero ¿qué digo?, si tú ya vas conmigo,
me acompañas siempre, sin cansarte.
Me conoces y sabes lo que quiero,
lo mismo mis proyectos que mis debilidades.
No puedo ocultarte nada, Jesús.

Quisiera dejar de pensar en mí
y dedicarte todo mi tiempo.
Quisiera entregarme por entero a ti.
Quisiera seguirte a donde quiera que vayas.

Pero ni esto me atrevo a decirte,
porque soy débil.
Esto lo sabes mejor que yo.
Sabes de qué barro estoy hecho,
tan frágil e inconstante.
Por eso mismo te necesito aún más,
para que tú me guíes sin cesar,
para que seas mi apoyo y mi descanso.
¡Gracias por tu amistad, Jesús!

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Canto

 

No sé como alabarte, ni qué decir Señor,
confío en tu mirada que me abre el corazón;
toma mi pobre vida que es sencilla ante ti;
quiere ser alabanza por lo que haces en mí.

GLORIA, GLORIA A DIOS,
GLORIA, GLORIA A DIOS,
GLORIA, GLORIA A DIOS,
GLORIA, GLORIA A DIOS.


Siento en mí tu presencia, soy como Tú me ves;
bajas a mi miseria, me llenas de tu paz;
indigno de tus dones, mas por tu gran amor,
tu Espíritu me llena, gracias te doy, Señor.

Gracias por tu palabra, gracias por el amor,
gracias por nuestra Madre, gracias te doy, Señor.
Gracias por mis hermanos, gracias por el perdón,
gracias porque nos quieres juntos en Ti, Señor.

(Grupo Kairoi – Disco: “JESÚS ES EL SEÑOR” – Musical PAX)

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La Palabra de Dios

 


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