Testimonios y Reflexiones

LA MISA DE LA MONJA

Fecha: 18 / 10 / 2006

Sugerentes las reflexiones que ofrece Mario Melgosa en este artículo de la revista ANGOSTO. Es el drama, cada vez más agudo, de tantas comunidades cristianas sin poder celebrar la Eucaristía. ¿Qué caminos son necesarios abrir de cara al futuro? Ésta es la cuestión de fondo. ¡Interesante!


LA MISA DE LA MONJA


Me lo comentaron en el corro: “La misa de la monja nos gusta más”.

TOME NOTA QUIEN DEBA HACERLO.

Y quien lo haga, antes de dictar sentencia escuche a los sencillos. Que Dios también habla por boca de los sencillos y de los de pocas letras, de los que escriben renglones torcidos, (sin la falsilla de lo prescrito), de los que hablan desde la vida.

Lo primero que se me ocurrió fue aclararles que “la misa de la monja” no era misa; que era una “celebración de la palabra”, algo “muy bueno” que la Iglesia está promoviendo, para suplir la falta de clero. Pero que debían tener muy claro que la misa es “otra cosa”.

No sé si fue cosa de Dios o del diablo; un pensamiento me trabó la lengua: “no vengas de maestro, cállate y escucha; piensa lo que has de decir y, si lo piensas delante de Dios, lo dirás mejor. Pregunta para saber, y escucha lo que hay más allá de las palabras de esta gente sencilla que no sabe explicarse como tú”. Fue como un cerrojazo a mi boca. Aquí estoy ahora con el recuerdo de la “misa de la monja”, no sé si pensando en el marco de la ortodoxia o “extramuros”.

Que les “guste”, ya es un dato positivo; que le llamen “misa”, también. La cosa se le parece mucho. Este parecido y este buen sabor que les queda a los vecinos me ha inspirado estos renglones, dirigidos a no sé quién.

Según me iban describiendo “la misa de la monja”, la veía calcada sobre la “misa de los curas”, pero con otro aire. Se lo cuento porque a todos nos vendrá bien recordarlo:

Se signan “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu”; la monja les saluda con la paz del Resucitado; luego, unas palabritas para ambientar el encuentro y una canción; después una invitación a perdonarse y a sanar el corazón con la invocación “Señor ten piedad”; y concluía esta primera parte con la breve oración de la misa (todo como en “la misa del cura”).

Luego, las lecturas que también son las mismas que en mil lenguas se escuchan ese domingo en todo el mundo. Luego un breve comentario ¿homilía?, leído por la monja; el credo y la oración de los fieles.

Sigue una ofrenda de los frutos de la tierra y los trabajos, fatigas y alegrías del hombre, recordando con alguna canción al Creador.

A continuación, el canto de alabanza y acción de gracias, sin las palabras rituales de la consagración; pero recordando la Cena del Señor, que mandó a sus discípulos reunirse en su nombre para celebrar su vida, su muerte y resurrección y comer su Pan; luego una oración al Espíritu Santo, la unión a la iglesia universal, con el papa, el obispo, la memoria de los difuntos. El Padre nuestro cantado, con las manos unidas o levantadas al cielo; y el momento fuerte de la comunión con el Pan de Vida -el cuerpo del Señor- condensando todo lo escuchado, rezado, celebrado y vivido; unos minutos de silencio para la oración personal y una “bendición” en el nombre del Padre y del Resucitado para el pueblo, para los niños, los enfermos...


Nada más parecido a una misa. ¿Qué le falta? Ya lo sé: le faltan las palabras de la consagración; lo esencial, que decían los escolásticos. Pero...

Es una pena no poder transcribir la vida que -al contármelo- se asomaba por las palabras en aquel corro de personas.

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Ahora me estallan las preguntas libres, sin censura. Algunas ya implican la respuesta o la sugieren; otras son sencillamente preguntas a quien correspondan o a nadie.

La gente sencilla tiene buen olfato para las cosas de Dios. ¿Por qué dicen que “la misa de la monja” les gusta más? Quizás porque “ha acercado” el altar al pueblo; porque no aparece tan “cosa de curas” o tan clerical, o tan rígida, porque la sienten más familiar y más suya, y al sentirla suya participan más a gusto, porque la entienden mejor ... ; no lo sé. De todos modos, echan de menos y se lamentan de no tener cura en el pueblo, ni en los pueblos vecinos. Les viene uno mayor a decir misa una vez al mes, con prisas, porque debe ir a otros pueblos: “¡bastante hace el pobre!” comenta bondadosamente la gente buena.

Si lo que nos mandó Jesús para la vida de la comunidad cristiana es “hacer esto (la misa) en mi memoria”, todos los rituales deben ser revisados para ver si sirven al pueblo para provocar y celebrar esta memoria cristiana de su vida, muerte y resurrección.

Esta “misa de la monja”, ¿será sólo una celebración de la Palabra, y no la respuesta agradecida y gustada del memorial de la cena del Señor? ¿No es la mesa de la Palabra y del Pan? ¿No celebran la Cena del Señor? En la pregunta sugiero la respuesta.

Si no es así, ¿qué es? Si con la mano en el pecho creemos que es un sucedáneo, bueno; pero un sucedáneo de la eucaristía. ¿Por qué una ley de los hombres se impone, impidiendo que esa comunidad celebre dominicalmente la eucaristía? ¿No será mucho decir que esa ley viene de Dios?

Sólo son preguntas. Mirando a las leyes litúrgicas, ya tengo la respuesta; mirando a estas comunidades cristianas, no me satisface esa respuesta. Con la escasez del clero ¿no nos estará diciendo Dios una palabra en orden a un nuevo tipo de “presbítero” o “pastor” de la comunidad cristiana y a revisar algunas cosas? Es sólo una pregunta que no me corresponde a mí contestarla; pero me preocupan estas buenas gentes sin pastor.

Mario Melgosa

El verano que se fue y la misa de la monja

 

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