Testimonios y Reflexiones

CON -EL OTRO- A CUESTAS

Fecha: 28 / 02 / 2007

Atractiva y sugerente reflexión la que ofrece Mario Melgosa, y que puede ayudar en este mes de febrero, con acontecimientos singulares:
+ la Jornada de MANOS UNIDAS (Campaña contra el hambre),
+ o el Día Internacional de los Enfermos,
+ o el comienzo de esta nueva oportunidad, que es la CUARESMA cristiana.

Ahí están las propuestas. ¡Adelante!


Mario Melgosa
Revista ANGOSTO, Febrero 2007


CON "EL OTRO" A CUESTAS


Para bien de todos, cada vez nos es más familiar la estampa de un chaval o de una cría con su hermanito a cuestas. Salvo casos muy raros, que ocultan o asoman alguna anomalía, los hermanos siempre se han querido. Pero esta forma de cargárselos a la espalda tiene algo así como “te llevo conmigo”, es otra cosa; un ejemplo para los mayores. Con peores palabras, es una denuncia para quienes nos sacudimos el bulto, sea la abuela o el cuñado que lo está pasando mal. A continuación, nos quejamos de soledad. ¡Ironías!

Alguien diría de este chaval de la portada “¡pobre criatura!” Yo digo, qué encanto de hermano. Con adultos como este crío el mundo sería un encanto.

Nos fatiga cargar con el otro a cuestas por problemas de corazón. Cualquiera sabe, o debiera saber, que el corazón ensancha y fortalece las espaldas, para soportar mejor y más. El verbo soportar es un santo verbo que debiera llenarnos de orgullo: “confíate en mí”, “apóyate”, “cuenta con mi soporte”. San Pablo tiene una colección extraordinaria de verbos para la solidaridad: “soportaos unos a otros” es uno de ellos, y de hermosas consecuencias.

Me es fácil advertir que antes que cargarse a otro sobre los hombros uno lo lleva ya en el corazón y en las entrañas. Es el amor entrañable el que da fuerza a una madre para “Soportar” lo que sea por el hijo de su corazón y de sus entrañas. Me ratifico en que el problema del mundo es problema de entrañas. De un mundo sin entrañas pueden derivarse todas las soledades, todos los infiernos.

La grandeza de un niño con su hermanito a cuestas es la imagen colorista de una humanidad nueva, del corazón no corrompido, del amor espontáneo y limpio, sin filtros ni cálculos egoístas. Es la espontaneidad de la sangre y la fuerza de los instintos no contaminados. Por eso nos llena de ternura; es entrañable y nos toca las entrañas. El amor es entrañable o no es amor. El hombre es entrañable o se vuelve inhumano. El amor superficial es sencillamente un sucedáneo que hoy y mañana desengaña.

El amor al amor pregunta “dónde está Abel, tu hermano”. La respuesta del corazón enfermo es siempre la misma: “¿soy yo acaso guardián de mi hermano?”. Es la respuesta entre hipócrita y cínica que como un eco la repetimos para levantar el hombro y descargarnos las responsabilidades. La repetimos y la practicamos. He dicho cínica, porque el Caín que así respondió había derramado la sangre de este hermano por quien se le preguntaba.

“Allá los negros” puede resumir hoy nuestra hipocresía y cinismo, porque Occidente ha metido sus manos en el África negra. Cargar con el otro a cuestas hoy tiene el apremio de las colectividades; el otro son los pueblos empobrecidos del mundo, o los sectores marginados: ancianos, discapacitados, parados... o el millonario que ha perdido el sentido de la vida.

El progreso camina entre ambigüedades: junto a las grandes corrupciones o a esa frase insolidaria “hago de mi vida, de mi tiempo y mí dinero lo que quiero” está surgiendo la conciencia de solidaridad universal. Los ejemplos están ahí, desde los gobiernos a la última capilla. Al menos sus declaraciones están ahí. Hay muchas organizaciones cuya razón de ser y programa es la solidaridad, la paz, el comercio justo, el justo reparto de los bienes; muchas personas “han entrañado” a los colectivos y pueblos más necesitados y han puesto hombros, bolsa y manos a la obra.

Mario Melgosa

Con -el otro- a cuestas

 

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