Testimonios y Reflexiones

CELEBRACIONES Y CELEBRACIONES

Fecha: 28 / 02 / 2007

La mirada y la vivencia personal se unen en esta reflexión de Amets, con el fin de compartir lo que va viviendo y descubriendo en su caminar peregrino.

Es cierto que hay posibilidades para celebrar la fe, dependiendo del interés que cada uno ponga en el tema. Es cuestión de buscar y encontrar lo que encaje en la propia espiritualidad.

¡Feliz vivencia! ¡Que disfrutes!


Amets
Revista ANGOSTO, febrero 2007


CELEBRACIONES Y CELEBRACIONES


Hay momentos, tiempos y acontecimientos singulares, que te empujan a entrar en el corazón de la historia vivida y celebrada. Y cuando no te dejas “pillar” por lo inmediato y, a veces, superficial, puedes descubrir “mundos” inmensos, cargados de misterio y simbolismo, que son una gran oportunidad para captar lo mejor de cuanto vives, y que, en ocasiones, sólo intuyes, sintiendo que están ahí.

Hace pocas fechas hemos celebrado la Navidad, con toda su carga de misterio, de tal forma que te envuelve por todos los lados, hasta el punto de introducirte en una dinámica de contemplación, en un deseo de gustar -al menos un poco- cuanto ahí se nos sigue ofreciendo como DON. Porque Navidad es un regalo de Dios.

En un espacio de 15 días, he participado en cuatro celebraciones muy diferentes. Comparto aquí mis reflexiones.

EL DIA 31 DE DICIEMBRE, fiesta de la Sagrada Familia, me fui a un Monasterio, de renombre en el entorno; quería gustar de ese “estilo” propio de un monasterio. Todo era “perfecto”: el día soleado, el entorno cuidado, el templo, el ambiente... El canto de la celebración en el latín más puro; unos 150 asistentes a la Eucaristía.

Pero... en general había un “algo” que “olía” a formalista, a estático. Me quedé un tanto “frío” y.. además, preocupado. ¿Era aquello lo que necesitábamos los allí presentes este día de la Sagrada Familia?

EL DÍA DE AÑO NUEVO acudí a otro Monasterio. Muchísimo frío en el templo; pero la celebración tenía un tono más “cálido”, más “goxoa” y vital. Me impactó la pobreza que se respiraba por todas partes: pobreza humana y pobreza de medios de todo tipo. La participación del grupo de creyentes (unas 50 personas) era mucho más viva.

El día de la Epifanía (o de Reyes) cambiamos de chips y nos fuimos a la Eucaristía del pueblo, donde estábamos pasando unos días de descanso, un pueblecito de 54 habitantes fijos; parecía que estaban allí todos los vecinos. Fue muy bonito ir observando los detalles del conjunto: sonaban las campanas media hora antes; cuando llegamos al templo, una música navideña llenaba el lugar, buena calefacción; el ambiente era agradable. El templo muy arreglado y con megafonía de calidad.

Unos minutos antes de la hora, llegaba el sacerdote que iba a presidir la celebración, y que venía de celebrar en otro pueblo. Todo a punto, para cuando él llegara. Y la celebración... ¡una gozada! Participación muy buena de niños, jóvenes y adultos; el tono de la celebración con ese “aire” propio del lugar (nos encontrábamos en Navarra y todo nos sonaba a jota); y el mensaje... directo, sencillo, al corazón. Al terminar la celebración el gesto de la adoración del Niño y recogida de dinero para ayudar económicamente a la cabalgata de Reyes del día anterior, que habían acudido hasta el templo a adorar al Niño.

Y terminada la celebración eucarística, todo el pueblo al bar que estaba cerquita, para estar con los demás, ver las fotos de la cabalgata. Volví a casa más “lleno”, habiendo entendido que ese día era el día de los “buscadores de Dios” y que era necesario convertirse en “estrella” que iluminaba la vida de los demás.

EL DIA 14 DE ENERO me acerqué a un Santuario Mariano, y aquí también me encontré con algo muy hermoso y sugerente, El templó: muy acogedor; la música de fondo, muy adecuada; un numeroso grupo de personas en profunda actitud orante bastante antes de la hora de inicio de la celebración eucarística. Toda la celebración con un aire “serio”, pero muy profundo, enormemente sugerente. La liturgia: cuidada al detalle; la homilía, muy apropiada al día (era el evangelio de las bodas de Caná).

Salí creyendo que merece la pena estar ahí y participar par para hacer posible, entre los creyentes, una comunidad viva y testimonial.

EN SÓLO QUINCE DIAS he podido vivir cuatro experiencias muy distintas. Algo está indicándonos que hay muchas posibilidades y muy diversas para vivir y para expresar nuestra fe cristina y celebrarla allí donde cada uno nos sintamos bien, a gusto. Es verdad que en mí surgen interrogantes serios, pero también soy consciente de que para otras dimensiones de la vida, cada uno nos “movemos” para sentirnos bien y en el ambiente más adecuado a mi propia situación; ¿por qué no en las celebraciones cristianas que alimentan mi fe y mí vida...?

Amets

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