Testimonios y Reflexiones

RASGOS DE NUESTRA ESPIRITUALIDAD COMUNITARIA

Fecha: 29 / 09 / 2006

Si el dicho es bueno… “Lo mejor está por acontecer”, en esta reflexión que se nos brinda desde una Comunidad de Base, algo se está apuntando a que en la Iglesia sigue soplando el Espíritu de Jesús, que no sabe de límites, sino que actúa con la libertad que le caracteriza. Una breve reflexión que puede “despertar” en muchos un sano deseo de “otra cosa”. ¡Disfrútala…!


COMUNIDAD CRISTIANA DE BASE DE CANILLEJAS
arumami@hotmail.com
MADRID.

RASGOS DE NUESTRA ESPIRITUALIDAD COMUNITARIA


Para vivir en comunidad necesitamos realizar un esfuerzo diario por ser cada día más humanos, con nuestros/as hermanos/as y con la gente que nos rodea.

Jesús nos dice: “A vosotros/as os llamo amigos/as”. Valoramos profundamente la amistad que nos tenemos, como un don y una gracia que hay que agradecer y fortalecer constantemente.

La llamada que Jesús nos ha dirigido para formar parte de nuestra comunidad, está en el origen de este bello y gozoso proceso de vida al que intentamos ser fieles cada día.

Dios es el Misterio de Amor y de Vida que nos mantiene en una búsqueda permanente de su Ser, en lo más íntimo de nuestros corazones, en todas las personas y en el mundo que nos rodea.

Jesús es quien nos ha descubierto, con su vida, el verdadero rostro humano, misericordioso y cercano de nuestro buen Dios, Abba, Padre y Madre.

Él predicó la Buena Noticia del Reino a los empobrecidos, excluidos y marginados. Ellos y ellas son los rostros que nos permiten descubrir la presencia silenciada, dolorosa y esperanzada del Espíritu en nuestro mundo.

La solidaridad es, en nuestros días, el nuevo nombre del amor. Sin una entrega y un compromiso real con las personas más débiles, oprimidas y marginadas, nuestra vida y nuestras palabras serían una farsa.

Precisamos de una mística muy profunda para vivir cada día con más sencillez, con una alegría y una felicidad más intensas. Las bienaventuranzas y los/as empobrecidos/as nos lo ofrecen y nos lo exigen.

Nuestra espiritualidad no admite parcelas, ni tiempos: debe encarnarse y abarcar toda nuestra vida. Siempre y en todo momento, debemos ir adquiriendo, con la ayuda de los demás, una nueva forma de ser y actuar más humana, agradecida, gratuita: más divina.

No precisamos tener más, sino ser y entregarnos más. Para ello tendremos que vivir con más sencillez, ser menos consumistas y “perder el tiempo”, enriqueciéndonos al contemplar la belleza, disfrutando y cuidando de la Naturaleza, fortaleciendo la amistad, dialogando en profundidad, escuchando atentamente, celebrando la vida y la fe, en la búsqueda permanente de la auténtica libertad, que está en servir a los demás, como dice san Pablo.

La Verdad no la posee nadie por completo. Entre todos y todas, durante el camino que recorremos en la vida, la vamos vislumbrando, nos va transformando, pero no llegaremos a poseerla nunca .

Junto a Jesús, nuestro principal Camino y Verdad, debemos vivir y beber de miles de manantiales que nos aportarán cauces para llegar a la auténtica Fuente: ejemplos de vida comprometida, testimonios que iluminarán nuestra senda, los/las pobres que nos cuestionan, animan y evangelizan.

La contemplación y la lucha, el silencio y el anuncio, la ternura y la rebeldía profética no son actitudes contrapuestas, sino las dos caras de una misma moneda que debemos llevar a toda nuestra existencia.

Todos y todas recordamos diversas circunstancias y a muchas personas que han influido poderosamente en nuestras vidas, que han fortalecido nuestro compromiso y nos han ayudado a reconocer lo que es de verdad esencial en la vida. Debemos recordarlas con cariño y mantener su presencia viva entre nosotros y nosotras.

A pesar de las derrotas permanentes que sufren los oprimidos por parte de los poderosos de la tierra, ayer y hoy, debemos continuar siempre la lucha por la Justicia y la Esperanza. Si Jesús resucitó, nosotros y nosotras, junto a los excluidos de la historia, resucitaremos también a una nueva vida. En el Reino de Dios, que empieza ya en esta tierra.

El camino hacia la fraternidad universal lo realizamos junto a todas las Iglesias, las diversas religiones y todas las personas que trabajan por la paz y la justicia. Formando redes de amor y solidaridad, porque otro mundo, más cuidadoso con la madre Tierra y con la humanidad, es cada día que pasa más necesario y sólo posible si unimos nuestras manos, nuestras mentes y nuestros corazones.

(Fuente: ECLESALIA)

Espiritualidad-Comunidad de Canillejas

 

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