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Meditaciones:

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Pentecostes: Quiero nacer de nuevo

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QUIERO VOLVER A NACER






Espíritu de Jesús Resucitado, desde nuestra pobreza te decimos: ven; desde nuestra debilidad te decimos: ven; desde nuestra fe te decimos: ven; desde nuestro deseo te decimos: ven. Con amor te decimos: ven.

Padre, envía tu Espíritu: el Espíritu que se cernía sobre el caos al inicio de los tiempos [1]; el que, desde el alba de la creación, lo llena todo de vida, y hace estallar de fuerza el universo; el que guiaba a tu pueblo hacia la tierra prometida a través del desierto; el que habló por los profetas y hoy sigue hablando, y su palabra es más sonora que las palabras que lleva el viento; el que es capaz de transformar los corazones endurecidos [2]; el que puede dar vida a los huesos esparcidos por el valle del silencio y del olvido [3]; el Espíritu de tu Hijo.

Señor, envía tu Espíritu y abre nuestro corazón al sufrimiento del ser humano, al gemido y el dolor hecho cruz, hecho muerte, hecho sangre, hecho grito. Arranca de los ojos la venda de nuestro orgullo y haznos descubrir que la vida es don, entrega, gratuidad, escucha, misericordia, alabanza, servicio: lucha y contemplación, todo en uno. Que tu Espíritu, Señor, sea derramado sobre nosotros y nos marque, nos unja, nos haga tuyos.

Danos el sentido de lo inútil, de lo pobre, de lo simple; danos el sentido de lo poco, de la nada, de lo frágil; danos el sentido de la dicha, de la alegría y de la fiesta. Danos un corazón humilde capaz de acompañar al hermano. Danos la paz de un corazón que experimente tu misericordia y rompa el cerco de nuestro egoísmo.

Derrama tu Espíritu en nuestras manos, envía tu fuego a nuestros corazones. Sopla tu aliento sobre los que creen, los que dudan, los que aman, los que se sienten solos, los que defienden la justicia, los que luchan por la paz, los que construyen futuro.

Es hora de ir anunciando la Buena Nueva, de ser Testigos del amor en el mundo, de forjar comunidad y compartir bienes, de poner en común la mesa y abrir la puerta al hermano.

Es el día del Espíritu, la hora de la comunión y de la verdad, la llegada de la libertad, el lugar de los que adoran en Espíritu y Verdad [4], el tiempo para los que quieren nacer de nuevo [5].

Ahora es el espacio del Espíritu donde todo es posible. Ahora el Reino está en marcha y nuestra fuerza es el Señor. Ahora los creyentes podemos decir: Me ha enviado a proclamar la paz y la alegría. Aquí y ahora, queremos ser, Señor, tus Testigos.

Mikel Pereira



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[1] “La tierra era una soledad caótica y las tinieblas cubrían el abismo, mientras el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas” (Génesis 1, 2).

[2] “Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo; os arrancaré el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en vosotros… vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios” (Ezequiel 36, 26-28).

[3] (Cfr. Ezequiel 37, 1-14).

[4] “Ha llegado la hora en que los que rinden verdadero culto al Padre, lo adoran en espíritu y en verdad. El Padre quiere ser adorado así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad” (Juan 4, 23-24).

[5]
- (Cfr. Juan 3, 3-8).
- “… Si alguien vive en Cristo, es una nueva criatura; lo viejo ha pasado y ha aparecido algo nuevo” (2 Coríntios 5, 17).
- “… Habéis vuelto a nacer… a través de la palabra viva y eterna de Dios” (1 Pedro 1, 23).
- “… Ya no sois extranjeros o advenedizos, sino conciudadanos dentro del pueblo de Dios; sois familia de Dios” (Efesios 2, 19).

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