#
#

Meditaciones:

# # #

Sed de eternidad

#

# # #
#
#

SED DE ETERNIDAD






Durante toda tu vida tú te levantas cada día con el deseo de ser feliz, ansiando cada mañana una alegría plena, y cuando la noche te envuelve tu deber es reconocer que la felicidad te rehuye cada vez que creías haberla encontrado [1].

Pero, ¿acaso lo has olvidado? Nunca podrás poseer la felicidad, y ella desaparece cuando las dudas, la incertidumbre o la inseguridad te acosan hasta la angustia; cuando tienes miedo de algo o de alguien y encerrado en tu soledad, eres incapaz de percibir la gratuidad del amor [2].

¡Cuántas veces te sientes decepcionado en medio de la lucha! ¡Cuántas veces has sentido la tentación de abandonarlo todo! Te parece que la felicidad está hecha para los demás, mientras que tu lucha sin tregua no te aporta ningún consuelo [3].

Pero, tú puedes seguir luchando mientras no encuentres alguien capaz de saciar tu hambre y colmar tu sed de eternidad. ¿O prefieres ser como esos miles de hombres y mujeres que mueren hoy al borde de la fuente? [4].

Rostros apagados que han perdido toda esperanza; rasgos cansados de perseguir una alegría siempre efímera; discursos fríos, palabras vacías que el viento lleva al pasar; miradas veladas por las lágrimas de la impotencia; ojos en los cuales no se dibuja más que una infinita tristeza, porque ignoran que son amados, amados con un amor de eternidad [5]: innumerable muchedumbre sin pastor que no sabe a dónde ir a buscar el agua que colmaría la sed que consume sus entrañas [6].

Tras haber despreciado el don de Dios y haber recorrido, sin éxito, todos los senderos, caminan como ciegos, tanteando a lo largo de los muros, incapaces de encontrar por sí mismos su camino y sin que nadie deslice una mano sobre la suya para conducirles hacia la puerta.

Pero tú, en lo más profundo de ti mismo sientes el eco de una voz: “Todos vosotros, los que tenéis sed, acercaos: aquí tenéis agua. Vosotros los hambrientos: he aquí el pan” [7]. Pero no pudiendo creer en un Dios que ha osado hacerse hombre, y teniendo miedo de dejarte amar por Aquel que te ha amado hasta el extremo, prefieres seguir buscando un alimento que no sacia: comes y de nuevo tienes hambre [8]; prefieres seguir corriendo en pos de una bebida que no te colma: bebes y de nuevo tienes sed [9].

Sí, tienes hambre. Pero quizás no sabes que lo que tú buscas no es el pan de este mundo. Tú necesitas el verdadero pan, el pan de Dios, el pan que da la vida al mundo [10].

Sí, tienes sed. Pero, quizás no puedes descubrir que lo que tú deseas no es el agua de las fuentes de esta tierra. Tú necesitas la fuente de la cual brota el agua viva que nunca se agota [11].

Y he aquí que un fuego se enciende para ti en el corazón del Evangelio. Jesús te anuncia el don del amor de Dios: su cuerpo ofrecido es el pan que sacia y el alimento que permanece dando una vida sin fin; su sangre derramada es el agua viva y la bebida que se convierte, para aquel que la toma con fe, en un manantial que brota dando una vida sin término [12].

Pero su mensaje es también una invitación. Si tienes la audacia de creer, sin ver, en el Dios vivo, y avanzar hacia él, no en la clara visión, sino guiado por la fe, en la vida y en las palabras de Jesús de Nazaret encontrarás el verdadero rostro de Dios y el camino que conduce al Padre [13].

A ti te toca descubrir las Palabras de Vida eterna que se esconden bajo una aparente locura, A ti te toca discernir la respuesta que Él da a la espera de los hombres y mujeres de todos los tiempos. Nadie ha hablado nunca como Él; nadie tiene como Él palabras de Vida eterna que nuestra esperanza va buscando y de las cuales nuestra debilidad tanto necesita [14].

Las bienaventuranzas que Jesús te deja son caminos hacia la verdadera felicidad; caminos que tendrás que recorrer para llegar hasta la sencillez y la transparencia; caminos que tendrás que reemprender siempre de nuevo para llegar hasta el corazón de Dios [15].

Para ser testigo del Evangelio, vuélvete hacia Cristo: Él sólo te pide que ames. Porque amar y vivir sabiendo que eres amado significa abandonarte entre sus manos... y Él hará que resplandezca en tu rostro la luz de las bienaventuranzas.

Si quieres seguir a Cristo, prepara en ti un corazón pobre, y no te dejes seducir por la mentalidad egoísta del mundo en medio del cual vives, porque no podrás servir a dos señores [16].

Y caminar tras las huellas de este Pobre y Humilde de corazón que se despojó de todo para revelarte la ternura de Dios, es descubrir que Dios no elige a los sabios ni a los poderosos, sino a lo que es débil, para confundir a los fuertes [17].

Sin preocuparte de ti mismo, vive siempre cerca de los oprimidos, los más pequeños y los que buscan la paz de Dios; ama a tus hermanos hasta el extremo, y al igual que Cristo se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza [18], tú irás hasta ofrecer tu vida para curar las heridas del corazón del ser humano, las heridas del Cuerpo de Cristo.

Y si eres humillado o perseguido porque amas a Cristo, no dejes que tu corazón se endurezca; mantente firme en la esperanza; dale tu confianza para construir sobre la roca; en medio de todas las dificultades, busca la forma de hacer la voluntad del Padre; toma tu cruz y camina... [19] incluso en medio de la oscuridad y cuando el sufrimiento te acose por todas partes... ¡y la alegría de Dios colmará tu corazón!

Consolado por Dios, tú serás, según la imagen del Padre, un ser misericordioso que da ánimos a los que están abatidos y sostiene a los que están débiles; que se alegra con los que ríen y llora con los que están afligidos; que ama a los que le odian y triunfa sobre el mal por su constancia en hacer el bien; que bendice a los que le maldicen y reza por aquellos que le tratan violentamente.

Deja que Dios irradie su amor en lo más profundo de tu corazón, y tú llegarás a ser un hombre o una mujer que lleno de compasión vive en el instante, abierto a todo, disponible para todos... y al igual que la luz de la aurora anuncia el despertar del alba, el momento presente será para ti simiente de eternidad, porque sobre tu corazón destrozado descenderá la consolación como una caricia de la mano de Dios.

Mikel Pereira



----------------------------------------------------
[1] “Mis días huyen en veloz carrera, sin haber visto la felicidad” (Job 9, 25).

[2] “El Señor se fijó en vosotros y os eligió… por el amor que os tiene” (Deuteronomio 7, 7-8).

[3] “Yo esperaba la felicidad y vino la desdicha; aguardaba la luz y llegó la oscuridad” (Job 30, 26).

[4] “Coméis, pero os quedáis con hambre; bebéis, pero seguís sedientos” (Ageo 1, 6).

[5] “Con amor eterno te amo, por eso te sigo tratando con bondad” (Jeremías 31, 3).

[6] “Me han abandonado a mi, fuente de agua viva, y cavaron sus propias cisternas, pozos agrietados que no conservan el agua” (Jeremías 2, 13).

[7] Cfr. Isaías 55, 1.

[8] "Venid por agua todos los sedientos; venid aunque no tengáis dinero; comprad trigo y comed de balde, vino y leche sin tener que pagar. ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no sacia, el salario en lo que no quita el hambre?" (Isaías 55, 1-2)

[9] “Todo el que bebe de esta agua, volverá a tener sed” (Juan 4, 13).

[10] “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no volverá a tener hambre; el que cree en mí nunca tendrá sed” (Juan 6, 35).

[11] “El que beba del agua que yo quiero darle, nunca más volverá a tener sed. Porque el agua que yo quiero darle se convertirá en su interior en un manantial del que surge la vida eterna” (Juan 4, 14).

[12] “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que come de este pan, vivirá siempre… Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros… El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él… el que coma de este pan vivirá para siempre” (Juan 6 51-58).

[13] “Yo soy el camino la verdad y la vida” (Juan 14, 6).

[14] “Simón Pedro le contestó: -Señor, ¿a quién iríamos? Tus palabras dan vida eterna” (Juan 6, 68).

[15] “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos” (Mateo 5, 3-12).

[16] “Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y querrá al otro, o será fiel a uno y despreciará al otro. No se puede servir a Dios y al dinero” (Mateo 6, 24).

[17] “Hermanos, fijaos en que Dios os ha llamado a pesar de que entre vosotros hay pocos sabios según los criterios humanos, y pocos poderosos o pertenecientes a familias importantes. Y es que, para avergonzar a los sabios, Dios ha escogido a los que el mundo tiene por tontos; y para avergonzar a los fuertes ha escogido a los que el mundo tiene por débiles. Dios ha escogido a la gente despreciada y sin importancia de este mundo, es decir, a los que no son nada, para anular a los que son algo” (1 Corintios 1, 26-28).

[18] “Ya conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros, para enriqueceros con su pobreza” (2 Corintios 8, 9).

[19] “El que quiera ser mi discípulo, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz, y me siga” (Mateo 16, 24).

# # #





bidean@bidean.net
castellano euskera batua euskera bizkaiera orue