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Plegarias: "SUPLICAS"


Necesito tu luz, Señor #
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Señor, Tú eres la Luz
que cada día quiere dar sentido a nuestro vivir,
en medio de tanta oscuridad.
Hoy, delante de tu mirada amorosa,
llena de misericordia,
queremos reconocer,
con sencillez, con humildad, y con dolor,
que muchas veces hemos apagado tu luz.

Hemos apagado tu luz
al vivir en el individualismo y la insolidaridad,
al pensar sólo en nosotros mismos
y en nuestros proyectos;
sin preguntarnos
por tu proyecto sobre nuestro mundo,
sin preocuparnos por los hermanos
con quienes compartimos la misma tierra.

Hemos apagado tu luz
al entrar en las corrientes del consumismo,
al hacernos esclavos del tener,
al considerar el dinero,
el bienestar o la seguridad,
como lo más importante de la vida.

Hemos apagado tu luz
al no reunirnos en torno a ella,
en los grupos o en la comunidad;
al no tener tiempo para escucharte,
al no cuidar nuestra convivencia.

Apagamos tu luz
cuando no transmitimos la fe a los que nos rodean
porque pensamos que otras cosas
son más importantes;
cuando en el fondo creemos que la felicidad
está en otros sitios fuera de ti;
apagamos tu luz por no hablar con verdad,
por no vivir con autenticidad.

Hemos apagado tu luz
al olvidarnos de palabras
como “justicia” y “libertad”;
al creer que nada podemos hacer
frente a las estructuras de nuestro mundo;
al renunciar a poner un granito de arena;
al no querer arriesgar nada nuestro.

Hemos apagado la luz
al separar la vida y la fe,
al dejar que nuestra vida se rompa en trozos,
al ser de una manera en cada lugar.
A veces vivimos
como si no supiéramos quiénes somos,
para qué vivimos, o por qué luchamos.

Apagamos tu luz
cuando nos faltan razones para vivir,
razones profundas para la esperanza y la alegría.
Y cuando nos encerramos
en nuestro vacío interior,
sordos a los gritos del hambre y del dolor,
preocupados de no perder nuestro bienestar.

Apagamos tu luz
cuando nos evadimos del compromiso
y cuando creemos que el Evangelio
no tiene nada que decirnos.

Apagamos la luz recibida de ti, Señor,
cuando no somos misioneros,
ni buenos samaritanos,
ni discípulos, ni apóstoles,
ni orantes, ni servidores;
cuando no vivimos el espíritu de las Bienaventuranzas,
ni rezamos, de verdad, el Padrenuestro.

Señor, una vez más,
necesitamos tu luz y tu perdón.

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