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Salmos Nuevos: "ENCUENTRO - VOCACIÓN"


Tu Reino, Señor, nos desconcierta #
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Tu Reino, Señor, nos desconcierta
porque en los nuestros
son muy otros los valores.
En el tuyo, Señor,
la paz acampa en las plazas anchas de los pueblos
y la justicia protege la dignidad y los derechos de los pobres.

No existen en el tuyo las manos pedigüeñas,
ni los novios forzados a retrasar la boda,
porque el pan sabroso
alegra las mesas compartidas
y en el suelo florecen los pisos protegidos.

Los límites y fronteras respetan a los pueblos,
pero ignoran del todo los odios fratricidas
y nadie se permite imponer su ley sobre los otros.
El trono de los jueces lo ocupan los esclavos
y está al frente de todo
el que se muestra inferior,
porque el mando es servicio y la ley es amparo.

En el tuyo las armas
no son ingenios poderosos,
ni cargas explosivas, ni cegadores humos.
Las del tuyo, Señor, son manos de acogida,
caricias en los niños, enfermos visitados,
trabajo para todos,
canto y baile en las horas festivas,
apoyo y compañía en los días de duelo.

En el tuyo, Señor, no existen explotados
y las cuentas corrientes no indican que uno es más.
Consignas mentirosas no ensordecen las calles,
ni los televisores maquillan las verdades
ni las narran a medias.

¿Cómo entender tu Reino y cómo edificarlo
cuando los nuestros son todo lo contrario?
Nos decimos cristianos-as y acudimos al templo
pero poco sabemos
de verte en el drogadicto,
de acogerte en el pobre,
de escucharte en el débil,
de librarte en el preso…

Poco o nada sabemos del difícil trabajo
que Tú nos encomiendas
de construir la paz de cada día
sobre la base firme del amor certero,
de la justicia clara,
de la verdad entera,
libres en este empeño de toda violencia.

Vuélvete, Señor, hacia nosotros
que tus hijos somos,
y reitera ante el pueblo el pregón de ese Reino
que llamó “felices” a los pobres y limpios de corazón;
a los que sed padecen y buscan una justicia mayor;
a los de entrañas vivas y palabra sincera;
a los que de Ti se fían y en tu amor esperan.

Vuélvete al mundo, Señor del Evangelio,
Mesías y profeta y misionero del Reino,
y dinos otra vez, aunque no te entendamos,
que tu causa es hermosa;
porque libera al ser humano
de las viejas cadenas del poder y la fuerza,
del dinero orgulloso y del arma que mata;
para hacer posible, uniendo nuestras manos,
la libertad y la justicia,
y entonar, todos juntos, mil canciones de paz.

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