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Taller de los Salmos:


Ayudas: Salmo 006
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1. TIPO DE SALMO

Se trata de una súplica individual. Una persona está afrontando una situación muy difícil y por eso clama pidiéndole a Dios que «no lo trate» con tanta dureza (2), sino con misericordia, que lo cure (3), que se vuelva y lo salve (5).


2. CÓMO ESTÁ ORGANIZADO

La situación de quien compuso este salmo es tan dramática que no es capaz de exponer con serenidad lo que está pidiendo. El salmista mezcla la súplica con la exposición de su caso sin un orden lógico. Por eso la organización del texto resulta problemática. No obstante, podemos descubrir en él tres partes (2; 3-8; 9-11). En la primera, la persona le pide a Dios una corrección menos severa. En la segunda, salpicada de súplicas, tenemos la descripción de lo que le está sucediendo al creador de esta oración. En la tercera, aparecen los enemigos, lo que viene a demostrar que no se trata simplemente de un conflicto personal. Por el contrario, lo que le sucede a esta persona tiene repercusiones más amplias.


3. ¿POR QUÉ SURGIÓ ESTE SALMO?

Este salmo describe la situación de un enfermo (3-8). Nos damos cuenta de ello leyendo la petición del versículo 3: «Cúrame, Señor». La enfermedad es grave y su vida corre peligro. De hecho habla de la muerte y del abismo como posibilidades reales (6). Además, encontramos otros datos que indican que se trata de una enfermedad: los huesos dislocados (3), el ser que se estremece (4) y los ojos que se consumen de dolor (8). Se trata de una enfermedad que causa fuertes dolores físicos. La mención de los huesos dislocados nos lleva a pensar así, pues para el pueblo de Dios el dolor se concentra en los huesos. El mismo salmista confiesa estar agotado de tanto gemir (7).

Al margen del dolor físico, también resulta preocupante el estado de ánimo de esta persona, es decir, sus dolores anímicos. Vive deprimida y su depresión se manifiesta en el llanto nocturno, con el que riega su cama de lágrimas (7).

Para algunos grupos de los tiempos bíblicos, la enfermedad era un castigo de Dios a causa de los propios pecados. Parece que el salmista piensa de esta manera, pues le pide a Dios que no lo reprenda con ira, que no lo corrija con cólera (2). Podemos ver aquí la petición de una corrección más blanda, de modo que Dios no se convierta para esta persona en un amo cruel y despiadado... Además del dolor físico, esta persona carga sobre sí con un pesado fardo teológico: el del Dios que castiga en el cuerpo el pecado cometido por la persona, el dolor de una teología opresora...

En la tercera parte (9-11), aparecen los enemigos del enfermo. Éste los llama «malhechores» y los expulsa de su presencia cubiertos de vergüenza. ¿Por qué tenía enemigos esta persona enferma? ¿Qué le habrán dicho o hecho estos «malhechores»? No es algo fácil de descubrir. Tenemos que proceder por medio de hipótesis considerando otros textos, como el Libro de Job o el salmo 30. Los enemigos de este enfermo podrían ser personas que, lejos de manifestar solidaridad, le imponían, por el contrario, un fardo más pesado al sospechar que, si esta persona padece una enfermedad mortal es porque su falta ha tenido que ser muy grave. Sí, porque, de acuerdo con la teología de la retribución, Dios pagaba con la misma medida el pecado cometido... Los enemigos del enfermo estarían entre los defensores de esta teología. Y si la falta ha sido tan grave, ¿por qué ahora iba a tener Dios que escuchar las súplicas de este pecador?

Otra posibilidad es ésta: los enemigos son personas que no creen en Dios y que afirman que no existe o, en el caso de que exista, poco le importa el ser humano. Viendo sufrir y suplicar al enfermo, dicen: «Dios no se fija en el sufrimiento de las personas. No escucha los ruegos de los enfermos». Si Dios no escucha las súplicas de los enfermos, entonces los enemigos pueden celebrar la muerte de Dios o su inexistencia. La situación del enfermo, por tanto, es grave: todo su cuerpo está invadido por el dolor, pero no menos fuerte es el dolor de su alma (está «desanimado»); además, se ve rodeado por enemigos que querrían verlo muerto. La pregunta: «Y tú, Señor, ¿hasta cuándo?» (4) es muy seria.


4. EL ROSTRO DE DIOS

En principio, parece que el enfermo ve a Dios con los ojos de la teología de la retribución: a tal pecado, tal castigo. Pero, desde su sufrimiento, vive una nueva experiencia, la del Dios misericordioso que cura, que se vuelve hacia el enfermo y lo libera, que escucha sus gemidos y sus sollozos, y que acoge la oración del que está sufriendo (9-10). En otras palabras, ha descubierto el verdadero rostro del Dios de Israel: el defensor de la vida, que no se alegra con el sufrimiento de sus criaturas, ni se complace en la muerte de las personas (6). Ha superado la visión del Dios que castiga y ha descubierto el rostro del Dios que se vuelve hacia quien suplica, que libera y salva por amor (5). Se trata, una vez más, del Dios de la Alianza que escucha el clamor y que libera, como hiciera en la época en que su pueblo era esclavo en Egipto.

Para ver cómo resuena este salmo en la práctica de Jesús, podemos seguir diversos caminos. Aquí señalamos simplemente tres. En primer lugar, podemos tratar de ver cómo atendió Jesús las súplicas de los enfermos, curándolos. Y, según el evangelio de Marcos, al obrar así iba acercando cada vez más el Reino de Dios. En segundo lugar, Jesús asegura que las enfermedades no son castigo de Dios (Jn 9, 2). En tercer lugar, es importante constatar cómo Jesús le devuelve al cuerpo humano toda su dignidad y santidad. Según Jn 1, 14, el cuerpo de Jesús es la tienda del encuentro entre Dios y la humanidad; y el cuerpo de cada uno es la morada del Padre y del Hijo (14, 23; 1Cor 6, 19).


5. REZAR EL SALMO 5

Por tratarse de un salmo de súplica individual, bien puede rezarse en esos momentos en los que sentimos necesidad de pedir por nosotros o por los demás. Es un salmo para cuando estamos enfermos o queremos rezar por algún enfermo; para cuando nos sentimos deprimidos a causa de nuestras debilidades o para cuando nuestra fe se ha convertido en objeto de burla para los demás. Conviene rezar este salmo teniendo presentes a cuantos padecen enfermedades incurables, pensando en los enfermos terminales, en los que carecen de medios para cuidar de su salud y de su cuerpo. Podemos rezarlo cuando no estamos de acuerdo con que Dios sea un amo cruel que castiga; cuando queremos experimentar a Dios a partir de los sufrimientos, de las limitaciones y de las miserias humanas...

Otros salmos de súplica individual: 5; 7; 10; 13; 17; 22; 25; 26; 28; 31; 35; 36; 38; 39; 42; 43; 51; 54; 55; 56; 57; 59; 61; 63; 64; 69; 70; 71; 86; 88; 102; 109; 120; 130; 140; 141; 142; 143.


(Comentarios tomados del libro de BORTOLINI, J., "Conocer y rezar los salmos", San Pablo, Madrid 2011, págs. 45-49. Los subrayados son nuestros.)


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