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Taller de los Salmos:


Ayudas: Salmo 096 (95)
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1. TIPO DE SALMO

Este salmo pertenece a la familia de los himnos: tiene muchas semejanzas con los himnos de alabanza, pero se considera un salmo de la realeza del Señor por incluir la expresión «¡El Señor es Rey!» (10a). Ésta constituye el eje de todo el salmo. Por eso tiene tantas invitaciones a la alabanza.


2. CÓMO ESTÁ ORGANIZADO

Tiene tres partes: 1-6; 7-10; 11-13.

La primera (1-6) presenta una serie de invitaciones a cantar, bendecir, proclamar y anunciar. Se dirigen a la «tierra entera» (1b), pero esta expresión se refiere, sin duda, a la tierra de Israel. El destinatario de todas estas invitaciones es, pues, el pueblo de Dios. Este salmo invita a cantar al Señor un cántico nuevo (1a). En qué ha de consistir esta “novedad” se nos indica en la segunda parte: se trata de la realeza universal de Dios.

Después de las invitaciones a cantar, bendecir, proclamar y anunciar a todos los pueblos (1-3), se presenta el primero de los motivos, introducido por un «porque...» (4-5). El Señor está por encima de todos los dioses. Se hace una crítica devastadora de las divinidades de las naciones: son pura apariencia, mientras que el Señor ha creado el cielo (5), y podrá celebrarlo (11). Aparece una especie de procesión simbólica en honor del Señor: precediéndolo, marchan Majestad y Esplendor (6a) y, en el templo de Jerusalén, Fuerza y Belleza están ya montando guardia (6b). En la tercera parte se dice que el Señor viene para gobernar la tierra (13). El salmo se limita a mostrar el inicio de esta solemne procesión de venida...

La segunda parte (7-10) también presenta diversas invitaciones: a aclamar, a entrar en los atrios del templo llevando ofrendas para adorar (7-9a). La tierra, a la que en la primera parte se invita a cantar (1b), debe ahora temblar en la presencia del Señor (9b). Estos imperativos se dirigen a las familias de los pueblos (7a), esto es, se trata de una invitación internacional que tiene por objeto que las naciones proclamen en todas partes la gran novedad del salmo (el «porque...» de la segunda parte): «¡El Señor es Rey!» (10a). Se indican las consecuencias del gobierno del Señor: el mundo no vacilará nunca; el salmo señala también la principal característica del gobierno de Dios: la rectitud con que rige a todos los pueblos (10b).

En la tercera parte (11-13) aparecen nuevamente las invitaciones o deseos de que suceda algo. Ahora se invita a hacer fiesta, con alegría, al cielo, a la tierra, al mar (dimensión vertical), a los campos y los árboles del bosque (dimensión horizontal) con todo lo que contienen. Toda la creación está llamada a aclamar y celebrar: el cielo (cf v. 5b) tiene que alegrarse (11a); la tierra, que ya ha sido invitada a cantar (1b) ya temblar (9b), ahora tiene que exultar; el mar tiene que retumbar (11b), pero no con amenazas ni infundiendo terror, sino como expresión de la fiesta, junto con todas sus criaturas; los campos, con todo lo que en ellos existe, están llamados a aclamar (12a), y los bosques frondosos gritarán de alegría ante el Señor (12b). A continuación, viene el «porque...» de la tercera parte: el Señor viene para gobernar la tierra y el mundo. Se indican dos nuevas características del gobierno del Señor: la justicia y la fidelidad (13).


3. ¿POR QUÉ SURGIÓ ESTE SALMO?

Este salmo expresa la superación de un conflicto religioso entre las naciones. El Señor se ha convertido en el Dios de los pueblos, en rey universal, creador de todas las cosas, es aquel que gobierna a los pueblos con rectitud (10b), con justicia y fidelidad (13b). La superación del conflicto se describe de este modo: «¡Porque el Señor es grande y digno de alabanza, más terrible que todos los dioses! Pues los dioses de los pueblos son apariencia, mientras que el Señor ha hecho el cielo» (4-5).

El salmo no oculta la alegría que causa la realeza universal de Dios. Basta fijarse en el ambiente de fiesta y en los destinatarios de cada una de sus partes: Israel (1-6), las familias de los pueblos (7-10), toda la creación (11-13). Todo está orientado hacia el centro: la declaración de que el Señor es Rey de todo y de todos (10b). Israel proclama, las naciones traen ofrendas, la naturaleza exulta. En el texto hebreo, la palabra «todos» aparece siete veces. Es un detalle más que viene a confirmar lo que estamos diciendo. El ambiente de este salmo es de pura alegría, fiesta, danza, canto. La razón es la siguiente: el Señor Rey viene para gobernar la tierra con rectitud, con justicia y con fidelidad. El mundo entero está invitado a celebrar este acontecimiento maravilloso.

El tema de la realeza universal del Señor es propio del período posexílico (a partir del 538 a. C.), cuando ya no había reyes que gobernaran al pueblo de Dios. Podemos, pues, percibir aquí una ligera crítica al sistema de los reyes, causante de la desgracia del pueblo (exilio en Babilonia).


4. EL ROSTRO DE DIOS

El salmo insiste en el nombre del Señor, que merece un cántico nuevo. ¿Por qué? Porque es el creador (5b), el liberador (las «maravillas» del v. 3b recuerdan la salida de Egipto) y, sobre todo, porque es el Rey universal. En tres ocasiones se habla de su gobierno (10b. 13), y tres son las características de su administración universal: la rectitud (10b), la justicia y la fidelidad (13b). Podemos afirmar que se trata del Dios aliado de la humanidad, soberano del universo y de la historia. Esto es lo que debe proclamar Israel, poniendo al descubierto a cuantos pretendan ocupar el lugar de Dios (4); se invita a las naciones a adorarlo y dar testimonio de él (9-10); la creación entera está invitada a celebrar una gran fiesta (11-12).

Como ya hemos visto a propósito de otros salmos de este mismo tipo, el tema de la realeza de JESÚS está presente en todos los evangelios. Mateo nos muestra cómo Jesús practica una nueva justicia para todos; esta nueva justicia inaugura el reinado de Dios en la historia. Los contactos de Jesús con los no judíos ponen de manifiesto que su Reino no tiene fronteras y que su proyecto consiste en un mundo lleno de justicia y de vida para todos (Jn 10, 10).


5. REZAR EL SALMO 96

Este salmo se presta para los momentos en los que queremos alabar a Dios por el progreso de los pueblos, por la paz entre las naciones: cuando sentimos el deseo de pedir que «venga a nosotros su Reino»; conviene rezarlo en una sintonía cósmica, sintiéndonos hermanos o hermanas de todos los pueblos, razas y cosas creadas...

Otros salmos que celebran la realeza del Señor: 47; 93; 97; 98; 99.


(Comentarios tomados del libro de BORTOLINI, J., Conocer y rezar los salmos, San Pablo, Madrid, 2011, págs. 468-472). Los subrayados son nuestros.


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