#
#

Taller de los Salmos:


Ayudas: Salmo 097 (96)
#
#

1. TIPO DE SALMO

La expresión «¡El Señor es Rey!», que abre este salmo, lo caracteriza como un salmo de la realeza del Señor. Todo lo que viene a continuación desarrolla y explica esta afirmación.


2. CÓMO ESTÁ ORGANIZADO

Este salmo tiene dos partes: 1-6 y 7-12.

En la primera (1-6) hay una especie de teofanía, es decir, una manifestación del Señor como Rey universal. Dios es presentado en su trono, rodeado de Tinieblas y de Nubes, con la Justicia y el Derecho como estrado de sus pies (2). Delante de él avanza un fuego devorador (3). Sus relámpagos lo iluminan todo (4). Los montes se derriten como la cera (5), mientras que el cielo anuncia su justicia y los pueblos contemplan su gloria (6). Se trata, pues, de una presentación maravillosa del Señor Rey, cuya misión principal es hacer justicia en todo el mundo. La creación en su totalidad reacciona. Nótese, por ejemplo, lo que hace la tierra ante el anuncio de que Dios es su Señor (5b): exulta (1b) y se estremece (4b). Se alegran las islas (1b). Los montes se derriten (4a). El cielo anuncia la justicia del Señor (6a). Participando de esta especie de reacción en cadena y coronándola, todos los pueblos contemplan su gloria (6b).

En esta parte, podemos descubrir algunas imágenes fuertes: la de una tempestad (tinieblas, nubes, fuego, relámpagos), la de un terremoto (la tierra se estremece) y, probablemente, la de un volcán (los montes se derriten). Es importante que nos demos cuenta de que participa toda la creación: la tierra, las islas, el fuego, los relámpagos, los montes, los cielos y los pueblos (un total de siete elementos). Cada elemento de la creación reacciona a su modo: la tierra exulta y se estremece, las islas se alegran, el fuego devora a los enemigos del Señor, los relámpagos deslumbran iluminándolo todo. Los montes se derriten, el cielo anuncia y los pueblos contemplan... La tarea que le corresponde al cielo es importante, a saber, la de anunciar el fundamento que sostiene la realeza del Señor. De hecho, en el versículo 2, se dice que este fundamento está compuesto por la Justicia y el Derecho, y es precisamente esta justicia lo que anuncia el cielo (6a), moviendo a los pueblos a la contemplación de la gloria del Señor Rey (6b).

La segunda parte (7-12) retoma este último motivo (el de los pueblos contemplando la gloria del Señor) y lo desarrolla. Hay una clara oposición entre la situación de vergüenza de los que adoran estatuas (7) y la alegría que reina en Judá y en sus ciudades a causa de las sentencias justas del Señor (8). Vuelve, de este modo, el tema de la alegría y el regocijo que había aparecido ya en la primera parte (1) y que se prolonga en la actividad de los justos (11-12) quienes, además de alegrarse, celebrarán la memoria santa del Señor Rey.

En la primera parte, la Justicia y el Derecho constituían el fundamento sobre el que se asentaba el trono del Señor Rey y era el cielo quien anunciaba la justicia. Ahora, la Justicia y el Derecho se concretan en la historia, pues el Señor Rey avergüenza y confunde a los idólatras (7), se eleva sobre los dioses (9) y, ante todo, establece una alianza con los justos, haciéndoles justicia (10). La justicia del Señor Rey se hace patente por medio de tres acciones: amar, proteger y liberar a los justos (10), que en cierta manera son, en la tierra y en la historia, los que imprimen sabor y colorido a la realeza del Dios y Señor.


3. ¿POR QUÉ SURGIÓ ESTE SALMO?

Este salmo surgió en un contexto muy parecido al del salmo 96. El pueblo de Dios ha llegado al convencimiento de que no hay más que un Dios para todos, el Señor. Tenemos la superación de un conflicto religioso, caracterizado por los ídolos y por sus adoradores. Los ídolos se postran y reconocen que hay un solo Dios (7b), y los que adoran estatuas e ídolos quedan cubiertos de vergüenza (7a). Tenemos también la superación de un conflicto político o militar, pues se dice que Sión (Jerusalén) se alegra y que las ciudades de Judá exultan por las sentencias justas del Señor (8). De este modo, se resalta la presencia del Señor que hace justicia en un ámbito internacional, es decir, que defiende al pueblo de las agresiones militares extranjeras.

Además, este salmo habla de los enemigos del Señor que son devorados por el fuego que camina delante de él (3) y de los malvados, de cuyas manos libra Dios a los justos. Tenemos aquí al Señor que hace justicia en el ámbito nacional o interno, aliándose con los justos y defendiéndolos.

El ambiente que se respira en este salmo es de pura alegría y gozo a causa de la realeza del Señor. No se menciona con toda claridad la celebración de una fiesta, pero podemos suponer que el pueblo está reunido para festejar al Señor Rey universal o, al menos, que se le convoca con vistas a ello (12). Este salmo sueña con la fraternidad universal entre todos los pueblos. Esta fraternidad es fruto de la realeza del Señor, que hace justicia en todo el universo.

Otro detalle importante es que participa toda la creación, reconociendo al Señor como único soberano. Y, más que limitarse a este reconocimiento, la creación colabora en la manifestación de su justicia. Basta considerar lo que hacen, en la primera parte, la tierra, las islas, el fuego, los relámpagos, los montes, el cielo y los pueblos; y, en la segunda, los que adoran estatuas, los que se enorgullecen de los ídolos, todos sus dioses, Sión, las ciudades de Judá y los justos.


4. EL ROSTRO DE DIOS

«¡El Señor es Rey!». El Antiguo Testamento resume la función del rey en una sola palabra: la justicia. Este salmo afirma que la justicia es el fundamento del trono (esto es, del gobierno) de Dios. El rey de Israel tenía que hacer justicia en dos ámbitos: el internacional y el nacional, el exterior y el interior. En el ámbito internacional, tenía que ir a la guerra para defender al pueblo de las agresiones externas. Este salmo nos muestra una aparición del Señor Rey, cuyo gobierno se asienta sobre la Justicia y el Derecho, y que tiene por delante un fuego que devora a los enemigos (2-3). La segunda parte nos muestra cómo se alegran Sión y las ciudades de Judá a causa de las sentencias del Señor Rey (8). También en el ámbito internacional, el Señor se convierte en Rey universal y, como tal, es reconocido por los mismos ídolos que se postran ante él (7b). En el ámbito nacional, este Dios Rey también se encarga de hacer justicia, tal como debían los reyes de Judá, aliándose con los justos, que aborrecen el mal, protegiéndolos y liberándolos de la mano de los malvados (10). De este modo, hace que se eleve la luz para los justos, a los que se invita a celebrar esa memoria santa (11-12).

En el Nuevo Testamento, JESÚS encarna este ideal de justicia que inaugura el reinado de Dios. Esta clave de lectura se hace visible especialmente en Mateo (véase lo que se ha dicho, al respecto, a propósito de otros salmos de la realeza del Señor).


5. REZAR EL SALMO 97

Podemos rezar este salmo cuando queramos profundizar en el tema del reinado de Dios («venga a nosotros tu Reino»); en sintonía con todo el universo, que está esperando la justicia de Dios; cuando vemos cómo surgen a cada paso nuevos ídolos y cómo muchos se postran ante ellos, cuando queremos celebrar la presencia de Dios en la historia como aliado en la lucha por la justicia...

Otros salmos que celebran la realeza del Señor: 47; 93; 96; 98; 99


(Comentarios tomados del libro de BORTOLINI, J., Conocer y rezar los salmos, San Pablo, Madrid, 2011, págs. 472-476). Los subrayados son nuestros.


# # #





bidean@bidean.net
castellano euskera batua euskera bizkaiera orue