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Taller de los Salmos:


Ayudas: Salmo 099 (98)
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1. TIPO DE SALMO

La expresión «el Señor es Rey» (1a) sitúa este salmo entre los de la realeza del Señor. Es el último de los de este tipo y, según algunos especialistas, corona la secuencia que comienza con el salmo 96.


2. CÓMO ESTÁ ORGANIZADO

Hay dos propuestas distintas. La primera consiste en tomar las expresiones: «¡El es santo!» (3b. 5b) y «¡El Señor, nuestro Dios, es Santo!» (9b) como estribillos que dividen el salmo en tres estrofas: 1-3a; 4-5a; 6-9a. La primera estrofa (1-3a) afirma que el Señor es Rey; la segunda (4-5a) asegura que la realeza de Dios, para ser efectiva, necesita de la colaboración del pueblo. La misión del pueblo consiste en corresponder a las exigencias de la justicia; la tercera (6-9a) explica que la justicia divina se llama misericordia y que esta se manifiesta sobre todo en el perdón sin, por ello, olvidar el castigo.

La segunda propuesta nace de la comparación de los versículos 5 y 9, que, de hecho, son muy parecidos. Así pues, funcionarían como estribillo que dividiría el salmo en dos estrofas: 1-4 y 6-8. La primera (1-4) presenta al Señor como Rey en Sión (Jerusalén), sobre los pueblos (2) y actuando en Jacob (4), nombre que este salmo da al pueblo de Dios. La realeza de Dios provoca una doble reacción: por un lado los pueblos tiemblan y por otro la tierra se estremece (1). El Señor es presentado como Rey sentado en un trono sostenido por querubines (1). Más adelante (5), se habla del estrado de este trono y, al final (9), da la impresión de que el monte Sión se confunde con el trono de este Dios Rey. Conviene notar que la santidad de Dios se menciona en tres ocasiones (3b. 5b. 9b). Esta santidad está vinculada al tema de la realeza y, por consiguiente, también al de la justicia.

La primera parte también describe algunas características del Señor: es Rey, está sentado (1), es grande y excelso (2), tiene un nombre grande, terrible y santo (3). Otras acciones importantes del Señor Rey son: reinar con poder, amar la justicia, establecer la rectitud, administrar la justicia y el derecho, actuar en Jacob (4). El estribillo (5), que se repite con ligeras variaciones al final (9), es una invitación dirigida al pueblo congregado para celebrar la realeza y la santidad del Señor, el Dios de la Alianza («Dios nuestro»), postrándose ante algo que representa tan sólo una pequeña parcela de su realeza y santidad: el estrado (tal vez, el Arca de la Alianza, v. 5) y el monte Sión (9), sobre el que se levantaba el templo de Jerusalén.

La segunda parte (6-8) profundiza en los contenidos de la primera y muestra cómo se concreta en la historia del pueblo de Dios la realeza del Señor. Hacen acto de presencia las mediaciones, los principales representantes de las instituciones de Israel: Moisés y la Ley, Aarón y el sacerdocio, Samuel y la profecía. La misión del pueblo de Dios se describe con estas palabras: invocar y clamar al Señor (6), guardando sus mandamientos y la ley (7b). La misión del Señor Rey es la siguiente: responder (6b. 8a), hablar (7a) y, dependiendo de cada caso, perdonar o castigar las trasgresiones del pueblo (8b). Todo esto tiene lugar a través de unos mediadores: Moisés, Aarón y Samuel. Este “diálogo” entre el Señor y su pueblo pone de manifiesto una de las características del salmo, a saber, a cada acción del Señor le corresponde una reacción por parte de alguien. Por ejemplo: el Señor es Rey (acción), los pueblos tiemblan (reacción); él está sentado sobre querubines (acción), la tierra se estremece (reacción).


3. ¿POR QUÉ SURGIÓ ESTE SALMO?

El pueblo de Dios se reúne para celebrar la realeza del Señor. Como ya hemos indicado a propósito de otros salmos de este mismo tipo, la realeza del Señor es reconocida y proclamada en un contexto de tensión con los dioses de otros pueblos. De hecho, en la primera parte, se menciona dos veces a los pueblos (1. 2). Además, el tema de la realeza del Señor siempre ha venido mezclado con el de la monarquía. Es interesante preguntarse por qué en este salmo no se menciona a los reyes de Judá. ¿Por qué no son recordados junto a los grandes mediadores, como Moisés, Aarón y Samuel? Tampoco podemos olvidar que la santidad de Dios tiene repercusiones en la sociedad y en la historia. El hecho de que él sea santo no significa que esté alejado de su pueblo, como pretendía el movimiento sacerdotal después del exilio en Babilonia. ¿No tendríamos, aquí, un nuevo foco de tensión?

En este sentido, vale la pena recordar lo que han afirmado algunos estudiosos a propósito de este salmo. Proclamado en el templo de Jerusalén, con gran afluencia del pueblo, habría influido decisivamente en la vocación profética de Isaías (cf Is 6, 1-10), cuyo tema central es precisamente la santidad de Dios. Tanto aquí, como allí, se celebra y proclama con insistencia la santidad del Señor. Y lo mismo, el convencimiento de que los templos o instituciones no pueden contenerlo. Si él es Rey universal (1-2), ¿cómo podría caber en un espacio físico tan reducido? El arca, el templo, el monte Sión ocultan más que revelan la realeza y la santidad del Señor.


4. EL ROSTRO DE DIOS

El tema de la realeza, presentado en los anteriores, también está presente en este salmo. El Señor, Rey universal, reina con poder, ama la justicia, establece la rectitud, administra la justicia y el derecho, actuando en Jacob. Además, este salmo mezcla la realeza, la justicia y la santidad, en un clima de Alianza y de amistad con Israel, sirviéndose de algunos mediadores. Éste es un dato importante: la realeza, la justicia y la santidad del Señor caen en saco roto si no hay un compromiso por parte del pueblo aliado que, por medio de gestos concretos, ha de traducir en la historia el ser y el obrar del Señor, Rey universal, justo y santo. El quicio de la realeza del Señor se llama justicia: él es presentado como el legislador que la crea (4a), como el ejecutor que la administra (4b) y como el juez que perdona o castiga las trasgresiones de su compañero de alianza (8).

Son numerosas las conexiones de este salmo con la actividad de JESÚS (véase lo que hemos dicho a propósito de los demás salmos de este tipo, sobre todo, lo que se refiere a los temas de la «justicia» y el «reinado»). Jesús vivió hasta las últimas consecuencias el perdón y la misericordia de Dios (véase, por ejemplo, Lc 15), manifestando con su vida que ser santo no significa huir del mundo y de la realidad que lo rodea (como pretendían algunos grupos religiosos de su tiempo); por el contrario, se mostró santo compartiendo su vida con pecadores y excluidos (Mt 9, 9-13) y tildando de hipócritas a los representantes y defensores de la «santidad oficial» (Mt 23, 13-36, sobre todo, el v. 23).


5. REZAR EL SALMO 99

Este salmo es la cúspide de los salmos de la realeza del Señor. Conviene, pues, rezarlo como síntesis de todas las situaciones que hemos mencionado a propósito de los salmos de este tipo. Además, se presta perfectamente para llevar a la oración el tema de la santidad: ¿huida del mundo o compromiso con él? Tenemos que rezarlo pensando en las mediaciones de la realeza, de la justicia y de la santidad divinas; cuando soñamos con una sociedad fraterna por encima de las confesiones religiosas, donde el principal vínculo de unión sea la práctica de la justicia que engendra vida para todos...

Otros salmos que celebran la realeza del Señor: 47; 93; 96; 97; 98.


(Comentarios tomados del libro de BORTOLINI, J., Conocer y rezar los salmos, San Pablo, Madrid, 2011, págs. 481-485). Los subrayados son nuestros.


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