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Taller de los Salmos:


Ayudas: Salmo 041 (40)
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1. TIPO DE SALMO

Según algunos especialistas, estamos ante un salmo de súplica individual; según otros, se trataría más bien de una acción de gracias individual. Alguien gravemente enfermo elevó a Dios su clamor; el Señor lo curó, y ahora esta persona cuenta en el templo de Jerusalén la experiencia que ha vivido.


2. CÓMO ESTÁ ORGANIZADO

Tiene dos partes (2-4; 5-13) y una conclusión (14). La primera parte (2-4) comienza con una declaración de felicidad: «Dichoso el que cuida del débil y del pobre», porque el Señor lo salva en el día de la desgracia, manteniéndolo en vida, defendiéndolo de sus enemigos, sosteniéndolo en la enfermedad y aliviándole sus dolores.

La segunda parte expone la experiencia del salmista a lo largo de su enfermedad (5-12), hasta llegar al momento de la curación, indicada con la expresión «me conservas íntegro» (13). El enfermo ha ido pasando por diversas experiencias: primero suplica, pensando que la enfermedad es un castigo por sus pecados (5); sus enemigos están deseando que muera sin descendencia (6); las visitas (tal vez de personas con poder sobre espíritus malignos) son fingidas, pues van sólo para comprobar que el enfermo está efectivamente desahuciado y, cuando salen de su casa, se dedican a difundir nuevos pronósticos (7); los que odian al enfermo comentan la peste infernal que le ha caído encima (8); y el peor de todos los males: el amigo íntimo del enfermo lo traiciona, y esto le duele tanto como una grave enfermedad (10); ante todo esto, el enfermo clama al Señor: quiere que le cure para devolvérsela a sus enemigos (11-12); el Señor lo cura devolviéndole la salud. Esto es lo que podemos ver por detrás del versículo 13.

La conclusión (14) consiste en una bendición al Señor, Dios de Israel. Sirve para cerrar el primero de los libritos en que podemos dividir el conjunto de los salmos. De hecho, el Libro de los Salmos está organizado en cinco libros menores. El primero incluye los salmos 1 al 41. Es interesante señalar que, tanto el primer salmo, como el último de este primer librito, comienzan con una breve bienaventuranza: «Dichoso...».


3. ¿POR QUÉ SURGIÓ ESTE SALMO?

Aceptando la sugerencia de que se trata de un salmo de acción de gracias individual, tendríamos el siguiente cuadro: una persona ha sido curada de una grave enfermedad y ha ido al templo para dar gracias. ¿Cómo era la vida de esta persona? Todo invita a creer que cuidaba de los débiles y de los pobres, que era un amigo y protector de los indigentes (2). Uno de los sacerdotes de servicio proclama la bienaventuranza de los que son solidarios con los marginados, pues se beneficiarán a lo largo de su vida de la solidaridad de Dios (2-4). Para esta persona, “solidaridad” vino a significar la recuperación de la salud.

A continuación, la persona curada cuenta su experiencia de dolor y soledad, de clamor y sanación (5-13). Creía que su enfermedad era un castigo de Dios a causa de sus pecados (5). Cuando cayó enfermo, nadie se le mostró compasivo: los enemigos esperaban con ansia la muerte de esta persona, una muerte ignominiosa, pues «acabarse el nombre de uno» significa morir sin haber engendrado hijos (6). Esta persona (hombre o mujer) experimentó la más profunda de las soledades y el mayor de los abandonos. Las visitas (7) y los amigos que la odian (8) hacían previsiones trágicas, no con tristeza, sino con satisfacción. Estas personas ya “han matado” al enfermo en sus palabras y sentimientos. En parte, se entiende, pues la medicina de aquel tiempo no podía hacer nada ante las graves enfermedades. Las visitas y los enemigos estaban contentos porque, en el caso que nos ocupa, la esperanza había muerto antes que el enfermo.

Al margen de la enfermedad, lo que más le dolía a esta persona era la traición de los amigos, la traición de los que compartían su pan (10). ¿Estaría refiriéndose aquí a esas personas pobres y débiles de las que cuidaba cuando gozaba de salud? Puede ser, pues cuidar de ellas significaba compartir el alimento, el pan. Así pues, una ingratitud suprema. De los enemigos, es natural esperar el odio o la indiferencia, pero ser traicionado por los amigos íntimos es una enfermedad que mata. El compartir el pan tendría que prolongarse en el hecho de compartir el dolor.

Al salmista no le queda más que Dios, al que clama con todas sus fuerzas (11-12). Le pide que le devuelva la salud para poder darles su merecido a los enemigos. Y el Señor lo escuchó, conservándolo íntegro, esto es, devolviéndole la salud. Pero, ¿Dios lo curó para que se tomara la revancha de sus enemigos? El comienzo del salmo nos asegura que no es así: en el día de la desgracia (la enfermedad), el Señor salva al que ha sido solidario con el pobre y con el débil (2). El salmista ha obrado con solidaridad y ha experimentado la solidaridad de Dios en los momentos difíciles.


4. EL ROSTRO DE DIOS

El de este salmo, es el Dios que escucha el clamor, que salva, preserva y sostiene la vida de su aliado. Él es el amigo fiel. Aunque toda la gente deje de mostrarse compasivo y solidario, no es este el caso del Señor. Dios aparece seis veces con su nombre propio, Yavé -«el Señor»-, y una con el genérico, «Dios». En total, siete veces (número perfecto). Y esto en un salmo que habla de un total abandono, incluso por parte de amigos y confidentes. Pero el Señor es presencia fiel.

El evangelio de Juan (13, 18) aplica a Judas Iscariote lo que se dice en el versículo 10 de este salmo. La Carta de Tito afirma que Jesús es la «epifanía» (manifestación) de la gracia de Dios para la salvación de toda la humanidad (Tit 2, 11). Dicho de otro modo, Jesús es el amor fiel del Señor (Jn 1, 17). Todas sus acciones (milagros) son una respuesta al clamor de la humanidad. El pueblo reconoce en Jesús esa presencia fiel de Dios (Lc 7, 17).


5. REZAR EL SALMO 41

Podemos rezarlo como súplica en momentos difíciles (enfermedades graves), bien por nosotros, bien en solidaridad con los demás. Siguiendo las reflexiones que hemos desarrollado, es un salmo para situaciones de acción de gracias (recuperación de la salud); cuando sentimos que el Señor nos sostiene en el lecho del dolor...

Otros salmos de acción de gracias individual: 9; 30; 32; 34; 40; 92; 107; 116; 138.


(Comentarios tomados del libro de BORTOLINI, J., Conocer y rezar los salmos, San Pablo, Madrid, 2011, págs. 207-211). Los subrayados son nuestros.


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