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Taller de los Salmos:


Ayudas: Salmo 042 (41)
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1. TIPO DE SALMO

En su origen, este salmo formaba unidad con el siguiente, el salmo 43, que es, claramente, un salmo de súplica individual. Tomado de forma aislada, el salmo 42 puede clasificarse como de confianza individual. Nosotros lo consideraremos un salmo de súplica individual.


2. CÓMO ESTÁ ORGANIZADO

Tiene dos estrofas (2-5 y 7-11) y un estribillo (6 y 12). La tercera estrofa es el salmo 43 (vv. 1-4), que concluye con el mismo estribillo (43,5) del salmo 42.

Los motivos que predominan en la primera estrofa (2-5) son la cierva, el agua, la sed, las lágrimas, el pan y la nostalgia del templo de Jerusalén y sus celebraciones festivas. Ausencia de agua y nostalgia son elementos que se tocan y se funden entre sí. Encontramos una imagen enérgica, la de la cierva que brama de sed en busca de corrientes de agua. La persona que compuso este salmo siente una feroz sed de Dios. A esto viene a añadirse la pregunta maliciosa: «¿Dónde está tu Dios?». El estribillo (6. 12) se pregunta por el motivo de la aflicción del salmista e invita a la esperanza de volver a encontrarse con Dios en el templo.

La segunda estrofa (7-11) desarrolla la cuestión planteada en el estribillo: «¿Por qué te afliges, alma mía, gimiendo en mi interior». Los elementos más importantes son las montañas, las aguas violentas, los huesos quebrantados a causa de la pregunta malintencionada de los opresores: «¿Dónde está tu Dios?». El salmista se dirige a Dios con la invocación «roca mía».


3. ¿POR QUÉ SURGIÓ ESTE SALMO?

La persona que compuso este salmo estaba vinculada al templo de Jerusalén, sus ritos y sus celebraciones litúrgicas. Esto es lo que podemos ver en el versículo 5: «Empiezo a recordar y mi alma se desahoga en mi interior: cómo marchaba al frente del grupo, hacia la casa de Dios, entre gritos de júbilo y alabanza, en el bullicio de la fiesta». También el estribillo (6. 12) va en este mismo sentido.

¿Qué es lo que había sucedido con esta persona? Había sido exiliada, probablemente en la alta Galilea, cerca del macizo del Hermón. Es un lugar árido, con poca agua. El deshielo de las nieves del Hermón da lugar al comienzo del Jordán que, más abajo, forma cascadas (7-8). El salmo habla del enemigo que oprime (10) y de los opresores que insultan al salmista preguntando: «¿Dónde está tu Dios?» (4, 11). El salmista lo ha perdido todo: su vinculación a la tierra de Israel, en la que se encuentra su Dios; ha perdido la libertad, la alegría de estar en el templo participando de sus celebraciones, y, a cambio, ha recibido una profunda nostalgia de Dios. Dios se hace presente en su vida en forma de ausencia sentida, de añoranza. La nostalgia es un dolor maldito y bendito al mismo tiempo. Es maldito porque acusa una ausencia; es bendito porque la persona amada está presente, aunque en forma de morriña...

La nostalgia es muy grande. Para hablar de la ausencia de Dios, se sirve de la imagen de la cierva que brama de sed (2). El alma del salmista (es decir, su garganta) está seca a causa de la sed (3). Es un modo de decir que todo su ser, sin la presencia de Dios, además de perder líquido (las lágrimas del versículo 4), se seca y muere. Más duro resulta aún tener que escuchar el regocijo de los opresores que, irónicamente, le preguntan si su Dios no ha tomado ninguna precaución (4). El recuerdo de lo que hacía en el templo le inunda de nostalgia y de tristeza (5). Todo esto hace que su alma se aflija y gima, que se encuentre postrada del mismo modo que se postraba ante Dios en el templo (6). Ésta es la nostalgia maldita.

La segunda estrofa (7-11) hace referencia al lugar en el que probablemente se encuentra exiliada esta persona (7); recuerda los rápidos y cascadas que dan origen al río Jordán, pero el salmista entiende todo esto como un torrente de desgracias que se abaten sobre él (8). Los montes del Hermón son imponentes, pero él prefiere esa «humilde montaña» que es el monte Sión, sobre la que se alza el templo de Jerusalén (versículo 7) y se dirige a Dios diciéndole «roca mía» (10). Tiene confianza, pregunta, reza, no se hace a la idea de tener que vivir lejos de Dios. Dios está presente en forma de nostalgia. En esta ocasión, la nostalgia se convierte en bendición, como signo de una presencia.


4. EL ROSTRO DE DIOS

El de este salmo es el Dios presente en la nostalgia vivida. Un Dios vital, sin el cual el ser humano desaparece. «¿Dónde está Dios?». En el templo, en la Tierra, en las celebraciones litúrgicas, en la nostalgia y, también, insinuado en la naturaleza. Todo en la vida de esta persona habla de Dios. Es el Dios que nunca abandona al ser humano, porque está en su interior. Es el «Dios vivo» y «Dios mío», el amigo fiel, el Dios de la Alianza. En este salmo se menciona a Dios catorce veces (dos veces siete, el número perfecto), unas con su nombre propio ­«el Señor», Yavé en el texto hebreo-, otras con el genérico. Y esto en la vida de un exiliado abrumado por la nostalgia.

En la cruz, Jesús dijo: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27, 46). Puso de manifiesto que Dios está presente en cada persona (Jn 14, 23). Se dio a conocer como el amigo íntimo y aliado de toda la humanidad (3, 16-17), que sacia la sed más profunda del ser humano (4, 15). Nunca dejó de escuchar las súplicas de todos los que sufren.


5. REZAR EL SALMO 42

Por tratarse de una súplica individual, se presta a tal objeto. A veces nos da la impresión de que Dios está ausente de nuestra vida y nuestros sufrimientos. Conviene rezar este salmo cuando nos sentimos oprimidos; cuando sentimos nostalgia de su presencia; cuando tenemos hambre y sed de él; cuando se aflige nuestra alma y gemimos...

Otros salmos de súplica individual: 5; 6; 7; 10; 13; 17; 22; 25; 26; 28; 31; 35; 36; 38; 39; 43; 51; 54; 55; 56; 57; 59; 61; 63; 64; 69; 70; 71; 86; 88; 102; 109; 120; 130; 140; 141; 142; 143.


(Comentarios tomados del libro de BORTOLINI, J., Conocer y rezar los salmos, San Pablo, Madrid, 2011, págs. 211-215). Los subrayados son nuestros.


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