#
#

Taller de los Salmos:


Ayudas: Salmo 054 (53)
#
#

1. TIPO DE SALMO

Se trata de un salmo de súplica individual. Una persona está atravesando graves dificultades y clama a Dios. Hay cuatro peticiones: «sálvame», «hazme justicia», «escucha», «presta oído» (3-4), lo que indica que esta persona necesita urgentemente que alguien le preste auxilio y le haga justicia.


2. CÓMO ESTÁ ORGANIZADO

Tiene cuatro partes: 3-4; 5; 6-7; 8-9. La primera (3-4) es la introducción y está caracterizada por la súplica. El salmista se siente presionado y clama. Las cuatro peticiones que encontramos aquí ponen de manifiesto que necesita que le salven de una situación peligrosa, que necesita que le hagan justicia y quiere que su oración sea escuchada. Todavía no sabemos qué es lo que está pasando, pero podemos escuchar ya una urgente invocación de la justicia. Detrás del término «poder» (3) se oculta la imagen del Dios guerrero; y tras la súplica «hazme justicia», la imagen del Dios juez.

La segunda parte (5) nos muestra por qué clama esta persona. El motivo es la presencia de los soberbios (esto es, la presencia de los que no temen a Dios). Quien compuso este salmo asegura padecer persecución. Su vida corre peligro.

En la tercera (6-7) el salmista se dirige a Dios, proclamando su confianza. Dios es su auxilio, quien sostiene su vida (6). Apela a la fidelidad del Señor, para que la situación cambie completamente: que caiga el mal sobre quienes lo espían. Encontramos aquí una petición más: la destrucción total de los perseguidores (7).

La cuarta parte (8-9) es la conclusión. Esta persona ya ha sido liberada de las angustias y ha podido ver la derrota de sus enemigos (9). Esto nos permite considerar dos hipótesis. La primera supone que, entre las tres primeras partes y la cuarta, discurre un lapso de tiempo, de modo y manera que el Señor habría escuchado el clamor de esta persona, y ésta se dispondría ahora a ofrecer un sacrificio en el templo de Jerusalén. La segunda, sin tener en cuenta ese espacio de tiempo, supone que este desahogo del salmista constituye ya una especie de anuncio de la liberación que vendría a continuación. Esta persona tiene tanta confianza, que supone que la liberación ya ha tenido lugar, anticipándola en sus palabras.


3. ¿POR QUÉ SURGIÓ ESTE SALMO?

Este salmo revela un conflicto entre el salmista y la gente de un grupo, a los que inicialmente se llama «soberbios». Pero la soberbia de estas personas tiene consecuencias: se levantan contra el justo, son gente violenta que lo persigue para matarlo (5). No temen a Dios, que había dicho: «¡No matarás!». Por eso no tienen escrúpulos a la hora de eliminar la vida de alguien, especialmente la de quienes les resultan molestos.

Además, este salmo asegura que estas personas soberbias y violentas espían y vigilan al justo (7a), con toda seguridad, para sorprenderlo en un atentado y acabar con él. El salmista se siente angustiado (aquí significa que está en un grave aprieto), como si fuera un animal acosado a punto de morir.

No se dice por qué el justo y los soberbios habían llegado a tal enemistad (9b), pero podemos imaginarlo. Los soberbios simplemente «no tienen presente a Dios» (5b), es decir, se dejan guiar por otros principios y criterios. En el fondo, se ponen ellos mismos en el lugar de Dios. Pero, a diferencia de Dios, ellos sólo son causa de muerte. El salmista le pide a Dios que lo salve y le haga justicia. Probablemente, los soberbios hayan arrastrado al justo hasta un tribunal amañado, pretendiendo eliminarlo mediante acusaciones falsas. En cualquier caso, este salmo insiste en la idea de que la vida de esta persona corre constantemente el peligro de desaparecer.

Si, de hecho, ha transcurrido un tiempo entre las tres primeras partes y la cuarta, el salmista habría sido escuchado, salvado y liberado de las garras de quienes lo espiaban para matarlo. Después, habría ido al templo para ofrecer un sacrificio voluntario (8a), dando gracias por la bondad del nombre del Señor, el libertador.


4. EL ROSTRO DE DIOS

En este salmo aparece con dos nombres: Dios (3. 4. 5. 6) y Señor (6. 7). Además, al inicio y al final se habla de «tu nombre» (3a y 8b), insistiendo en que es bueno (8b). Este nombre es Yavé, «el Señor» (Ex 3, 14), y está fuertemente vinculado al proceso de liberación de la esclavitud en Egipto. Se trata, por tanto, del Dios del éxodo, del Dios de la Alianza, que escucha, desciende, hace justicia y libera al que clama. Si Dios no fuera así, este salmo sería sólo poesía, pura retórica. La bondad de su nombre consiste, precisamente, en que libera.

Asociadas a todo esto están las dos imágenes que se esconden detrás de las expresiones «poder» y «hazme justicia» del versículo 3b. «Poder» nos recuerda al Dios guerrero, que lucha con brazo fuerte para liberar a su aliado; «hazme justicia» nos recuerda al Dios juez, aquel que no pacta con la injusticia, que toma partido y que salva.

En ocasiones, nos pueden chocar expresiones como ésta: «¡Caiga el mal sobre los que me espían! ¡Destrúyelos, Señor, por tu fidelidad!» (7), o «he visto la derrota de mis enemigos» (9b). No obstante, no podemos ignorar su lado positivo, es decir, que Dios no abandona a su aliado y, en el conflicto entre la justicia y la injusticia, se pone claramente del lado de los justos y contra los injustos. En esto consiste su fidelidad. La fidelidad es una de las características del Señor de la Alianza. Este salmo le pide a Dios que no descanse hasta que la injusticia haya sido destruida totalmente.

También es importante tener presente que Dios es auxilio (6a). Este término es muy importante en todo el Antiguo Testamento. Hay veces en que, al individuo (o al pueblo), no le queda nadie a quien recurrir. Si Dios no interviene, haciendo justicia y salvando, el justo desaparece entre las garras del malvado, y Dios queda ridiculizado por haberse mostrado impotente ante la arrogancia de los soberbios e injustos.

A propósito de otros salmos de súplica individual, hemos visto cómo Jesús atiende a cuantos le suplican, salvándolos (milagros) y haciéndoles justicia (liberando). También garantizó que el Padre no deja huérfanos a sus hijos (Jn 14, 18), sino que les da todo lo que necesitan (Mt 7, 7-11).

Jesús mismo suplicó al Padre en varias ocasiones (por ejemplo, Mt 26, 42; Jn 11, 41b) y también tuvo que hacer frente a falsas acusaciones durante su vida (Mc 3, 22) y ante el sanedrín, el tribunal supremo de los judíos (Mt 26, 60-61). El Padre escuchó su clamor y lo liberó de la muerte (cf. Heb 5, 7-9).


5. REZAR EL SALMO 54

Es un salmo de súplica individual, en el que se pide salvación y justicia, pues la vida del salmista corre peligro, él mismo padece violencia, sufre atentados, es objeto de acusaciones falsas, no encuentra jueces que lo defiendan... Estas realidades pueden ayudarnos a rezar con provecho el salmo 54. Aunque no estemos pasando por situaciones semejantes, hay mucha gente que vive estas realidades y que necesita nuestra solidaridad. También conviene rezar este salmo cuando confiamos en el Señor, nuestro auxilio, y cuando descubrirnos que su nombre es bueno. Otras sugerencias: podemos rezarlo cuando vemos que hay gente que «no tiene presente a Dios» y, así, ocupando el lugar de Dios, cometen las mayores arbitrariedades; cuando soñamos con un mundo sin injusticias; cuando sentimos que Dios nos ha librado de todas nuestras angustias...

Otros salmos de súplica individual: 5; 6; 7; 10; 13; 17; 22; 25; 26; 28; 31; 35; 36; 38; 39; 42; 43; 51; 55; 56; 57; 59; 61; 63; 64; 69; 70; 71; 86; 88; 102; 109; 120; 130; 140; 141; 142; 143.


(Comentarios tomados del libro de BORTOLINI, J., Conocer y rezar los salmos, San Pablo, Madrid, 2011, págs. 266-270). Los subrayados son nuestros.


# # #





bidean@bidean.net
castellano euskera batua euskera bizkaiera orue