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Taller de los Salmos:


Ayudas: Salmo 060 (59)
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1. TIPO DE SALMO

Es un salmo de súplica colectiva. Un individuo clama a Dios (7. 13), en nombre de todo el pueblo, en medio de una situación de catástrofe nacional. La súplica nace de la confianza (14).


2. CÓMO ESTÁ ORGANIZADO

El salmo tiene tres partes (3-7; 8-10; 11-14). Las dos últimas se repiten en el Sal 108, 8-14. En la primera (3-7), una persona habla a Dios en nombre del pueblo. Se trata de una queja (3-6) que expresa un deseo (7) Los verbos están en pasado, lo que indica que el pueblo está soportando el sufrimiento causado por una gran catástrofe nacional. Hay aquí una imagen importante que nos ayuda a entender la situación. Es como si un terremoto hubiera sacudido y agrietado la tierra, causando destrucción (4). Otra imagen importante nos presenta al pueblo como si estuviera aturdido, como si Dios lo hubiera embriagado con un vino de los que se suben a la cabeza (5). Es una queja respetuosa, pero que no deja de culpar a Dios por lo sucedido (3). La primera parte se cierra con una petición de liberación (7).

En la segunda parte (8-10), otra persona habla en nombre de Dios, en lo que suele conocerse con el nombre de «oráculo». A través de este individuo, Dios se manifiesta como Señor victorioso sobre los pueblos, pero su victoria depende de la colaboración del pueblo (Efraín y Judá representan a todo el pueblo). Dios habla en su santuario (8a), lo que nos lleva a pensar en el templo, donde la gente se habría congregado en una asamblea nacional en la que se implora la liberación. En esta parte se citan seis lugares que pertenecen al pueblo de Dios (Siquén, el valle de Sucot, Galaad, Manasés, Efraín y Judá) y tres pueblos (o países) tradicionalmente enemigos del pueblo de Israel (Moab, Edón, Filistea). Todos, sin distinción, son propiedad de Dios, Señor de los pueblos, que se presenta con la imagen de un jefe guerrero recostado sobre la Tierra Prometida y del que los distintos lugares o naciones no son sino objetos de uso personal: Efraín es el yelmo de su cabeza; Judá es su cetro de mando; Moab es la jofaina en que se lava los pies. Sobre Edón echa su sandalia. Este último gesto viene a indicar que Edón es de su propiedad. El Dios guerrero es Señor de la Tierra Prometida, y nadie puede arrebatársela de las manos. Conviene que nos fijemos en el arrogante Moab, reducido a simple palangana en que lavarse los pies, en el orgulloso Edón, aplastado por la suela del calzado, y en la invencible Filistea, que escucha los cánticos de victoria del Señor, el Dios guerrero (10).

En la tercera parte (11-14) vuelve a hablar el personaje que había aparecido al principio (3-7). Plantea una pregunta. Su deseo es ser conducido a la capital de Edón (tal vez para conquistarla). ¿Cómo va á ser esto posible, si Dios no preside ya las tropas de Israel? (11-12). Viene, entonces, la petición de auxilio en la situación de opresión que atraviesa el pueblo, pues la ayuda humana resulta imposible (13). El salmo termina lleno de confianza: «¡Con Dios haremos proezas! ¡Él pisoteará a nuestros opresores!» (14).


3. ¿POR QUÉ SURGIÓ ESTE SALMO?

El pueblo de Dios estaba viviendo un terrible conflicto, una catástrofe nacional arrolladora, semejante a un terremoto (4). Está desconcertado, sin rumbo (5) y ha sido dispersado (3). ¿Qué es lo que ha pasado? Una derrota militar ha desestructurado la vida nacional, el pueblo se ha convertido en esclavo (7) y ha sido oprimido (13. 14) por el enemigo. Entonces se convoca una asamblea, tal vez en Jerusalén, en el templo (8), con la intención de pedir socorro, pues «el auxilio del hombre es inútil» (13b). La derrota militar se atribuye a Dios, que había ordenado la retirada de las tropas en medio de la batalla (6), dispersando al pueblo (3a), permitiendo que fuera sometido a la esclavitud (7a). Dios, por tanto, no comanda ya los ejércitos de Israel (11-12), lo que representa el fracaso total de los proyectos del pueblo de Dios. Isaías dice: «Si el Señor Dios me ayuda, ¿quién puede condenarme?» (Is 50, 9). Este salmo, sin embargo, pregunta: «Si Dios ya no camina al frente de nuestras tropas para defendernos, ¿quién nos salvará?». Todo parece destruido, menos el clamor y la esperanza que aún resiste.

En nombre de Dios (8), una persona vinculada al templo responde al pueblo que clama. La respuesta (8-10) muestra a Dios como un guerrero victorioso sobre los pueblos, entre los que ciertamente se encuentra la nación que había derrotado a Israel. Las nueve naciones o lugares citados recuerdan más o menos las fronteras del imperio de David, tal como se describen en 2 Sam 8. Son la concreción de las promesas hechas a los antepasados. ¿Ha defraudado Dios las expectativas del pueblo, incumpliendo las promesas?


4. EL ROSTRO DE DIOS

La parte central de este salmo (8-10) muestra a Dios como Señor de los pueblos y fiel a las promesas de la Alianza. La derrota del pueblo no representa el fin de la Alianza. Dios no ha rechazado a su pueblo. Las promesas y la Alianza se mantienen en pie, y el Dios guerrero cumplirá lo que había prometido con la ayuda de Efraín, el yelmo de su cabeza, y de Judá, su cetro de mando.

Este salmo está cargado de ideología imperialista. Para ver cómo se refleja en la actividad de JESÚS tenemos que cambiar la clave de lectura. Jesús estuvo en contra de los imperialismos; y fue muerto por el imperio romano. No obstante, nos quedan todavía algunos elementos importantes: su compasión ante quienes padecen la opresión y claman. Jesús, hecho hombre, demuestra que Dios no había rechazado a su pueblo; por el contrario, lo amó hasta el punto de entregar a su Hijo para que el mundo se salvara (Jn 3, 16-18).


5. REZAR EL SALMO 60

Conviene rezarlo a la luz de los dramas, conflictos y catástrofes que se abaten sobre el pueblo, el país, la humanidad. Tenemos que rezarlo pensando en las luchas de la gente, del pueblo por la libertad y por la vida, luchas que Dios aprueba y lidera; hay que rezarlo pensando en la libertad de los pueblos, en los actuales abusos de poder que matan y oprimen...

Otros salmos de súplica colectiva: 12; 44; 58; 74; 77; 79; 80; 82; 83; 85; 90; 94; (106); 108; 123; 126; 137.


(Comentarios tomados del libro de BORTOLINI, J., Conocer y rezar los salmos, San Pablo, Madrid, 2011, págs. 295-299). Los subrayados son nuestros.


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