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Taller de los Salmos:


Ayudas: Salmo 61 (60)
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1. TIPO DE SALMO

Se trata de un salmo de súplica individual. Alguien está atravesando una situación difícil. Pide por sí mismo: «escucha», «atiende» (2), «elévame», «condúceme» (3), y también pide por el rey: que tenga larga vida (7), que reine siempre (8a), protegido por el amor y por la fidelidad de Dios (8b).


2. CÓMO ESTÁ ORGANIZADO

En este salmo distinguimos tres partes (2-4; 5-6; 7-9). Las dos primeras están estrechamente vinculadas entre sí; la última, a simple vista, parece no tener que ver con las anteriores, pues introduce el tema del rey.

La primera (2-4) se inicia con una invocación a Dios en la que el salmista pide que le escuche, que le atienda (2), que lo eleve sobre la roca y lo conduzca (3b). Esta persona hace sus peticiones desde «los confines de la tierra», donde se encuentra, experimentando angustia en su corazón (3a). Se compara a Dios con una fortaleza, un alcázar o baluarte contra el enemigo (4). Se le compara también con un águila de alas protectoras (cf Sal 57, 2), signo del rostro materno de Dios. La primera parte, por tanto, habla de la situación en que se encuentra el fiel, de su súplica y de su confianza en Dios.

La segunda (5-6) mira hacia el futuro, esto es, el salmista expone su deseo de volver a hospedarse en la tienda del Señor, buscando refugio a la sombra de sus alas (5). Se trata de una referencia al templo de Jerusalén, de donde es posible que esta persona haya tenido que salir por la fuerza. Está convencida de que Dios escuchará sus peticiones y le dará la herencia de los que temen el nombre del Señor (6). Esta persona quiere volver a habitar por siempre en el templo, al servicio de Dios (cf los votos). La segunda parte contrasta con la primera en cuanto a la duración. La situación descrita en la primera es pasajera, mientras que la de la segunda pretende ser definitiva.

La tercera parte (7-9) introduce el tema del rey. Es una petición en favor del jefe del Estado. El salmista pide tres cosas: que el monarca disfrute de una vida larga (7), que reine por siempre (8a) y que nunca le falten el amor y la fidelidad de Dios para protegerlo (8b; cf Sal 72, 5). El salmo concluye con una promesa: el fiel alabará a Dios sin cesar con instrumentos musicales, cumpliendo sus promesas y sus obligaciones en el templo (9).


3. ¿POR QUÉ SURGIÓ ESTE SALMO?

Este salmo habla de habitar en la tienda de Dios, de cumplir votos y de recibir la herencia destinada a los que temen su nombre (5-6). Se trata de referencias al templo de Jerusalén, a las funciones que desempeña el personal que vive en él (sacerdotes y levitas) y a la herencia que les corresponde a estas personas. En este sentido, es bueno recordar lo que dicen Dt 18, 2 y Jos 13, 14 a propósito de los descendientes de Leví (los levitas): éstos no recibirán una porción de la Tierra Prometida, pues su herencia es el Señor, y sobreviven con parte de las ofrendas que el pueblo hace a Dios. Podemos, entonces, suponer que este salmo nació motivado por los conflictos existenciales de un levita.

El texto también afirma que el salmista se encuentra en «los confines de la tierra» (3). ¿A qué puede referirse esta expresión? Probablemente al exilio. De hecho, se habla del «enemigo» (4) y del «corazón abatido» (3), elementos que vienen a reforzar la hipótesis de que se trata del exilio. Además de todo ello, los deseos de volver a la tienda de Dios y de refugiarse al amparo de sus alas (5) llevan a la conclusión de que este salmo nació de la situación vivida por un levita en el exilio. En la primera parte tenemos la sensación de que las cosas son pasajeras, mientras que en la segunda y la tercera predominan las expresiones «por siempre» (5. 8), «sin cesar» y «día a día» (9). El exilio va a concluir gracias a la intervención de Dios.

Lo que este levita quiere es ser liberado cuanto antes, con objeto de volver al templo y a sus celebraciones. ¿Quién realizará todo esto? El mismo Dios. Si nos fijamos en las peticiones del salmista -«escucha», «atiende» (2), «elévame», «condúceme» (3)- notamos enseguida una progresión evidente: desde el escuchar al conducir. Escuchar el clamor significa sacar del exilio y conducir a la libertad.

La petición por el rey resulta extraña a primera vista. Pero no tenemos que olvidar que, para Israel, el rey es responsable de la justicia tanto dentro como fuera del país. Tener un rey que hace justicia era sinónimo de vida, seguridad y libertad. Algunos grupos creían que si Dios mantenía su amor y fidelidad para con el soberano, en cierto modo estaría manteniendo la alianza con el pueblo, del que el rey era representante.


4. EL ROSTRO DE DIOS

Escuchar, atender, elevar y conducir fue lo que hizo el Señor con los israelitas en tiempos, de la esclavitud en Egipto. El pueblo clamó, Dios atendió a su clamor, lo sacó de allí y lo condujo a una tierra de libertad y de vida. Y obró así porque es el compañero fiel, el aliado que no falla. Ahora bien, en este salmo tenemos el mismo esquema de clamor, escucha, liberación e introducción en la tierra de la libertad. Este levita, por tanto, suplica porque tiene el mismo convencimiento: el Dios que no falló a su pueblo en tiempos de la esclavitud en Egipto, atenderá igualmente sus peticiones, liberándolo y conduciéndolo de nuevo a la tienda de Dios, el templo.

Este salmo menciona a Dios en tres ocasiones, una en cada una de las partes. La imagen del bastión, aplicada a Dios, es de gran interés: el Señor es una ciudad fortificada contra el enemigo. Éste no podrá nada contra Dios. La imagen del águila con sus alas protectoras (5; cf Sal 57, 2) habla del cariño que Dios siente por quien se acoge a él. Finalmente, la expresión «amor y fidelidad» (8b) ponen de manifiesto que, cuando sella una alianza con su pueblo, nunca traiciona las expectativas de su aliado. Dios es cariñosamente fiel.

El capítulo 2 de Mateo da a entender que Jesús inaugura un nuevo éxodo para el pueblo: el éxodo desde la esclavitud a la vida que no termina. El evangelio de Lucas presenta el viaje de Jesús a Jerusalén como un largo éxodo (Lc 9, 51-19, 27) que concluye en el Padre, con la ascensión. Jesús escuchó el clamor de la gente y la liberó. Él es encarnación del amor fiel del Padre (Jn 1, 17). Es el rey por excelencia, y su reinado no tendrá fin (Lc 1, 33).


5. REZAR EL SALMO 61

Como los demás salmos de este tipo, se presta para los momentos de súplica. Cuando nos sentimos «exiliados» u oprimidos; cuando tenemos nostalgia de Dios; cuando necesitamos de sus «alas protectoras»...

Otros salmos de súplica individual: 5; 6; 7; 10; 13; 17; 22; 25; 26; 28; 31; 35; 36; 38; 39; 42; 43; 51; 54; 55; 56; 57; 59; 63; 64; 69; 70; 71; 86; 88; 102; 109; 120; 130; 140; 141; 142; 143.


(Comentarios tomados del libro de BORTOLINI, J., Conocer y rezar los salmos, San Pablo, Madrid, 2011, págs. 299-303). Los subrayados son nuestros.


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