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Taller de los Salmos:


Ayudas: Salmo 086 (85)
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1. TIPO DE SALMO

Es un salmo de súplica individual. Un individuo se enfrenta con un conflicto mortal y por eso clama a Dios. Al mismo tiempo, anticipa ya una breve acción de gracias (12-13).


2. CÓMO ESTÁ ORGANIZADO

El modo en que está estructurado no es del todo claro, pero podemos distinguir tres partes: 1b-7; 8-13; 14-17. En 1b-7 tenemos el primer momento de súplica. El salmista multiplica sus peticiones: «inclina», «respóndeme» (1b), «protégeme», «salva a tu siervo» (2), «ten piedad» (3), «alegra» (4); «escucha» y «considera» (6). Estas súplicas vienen acompañadas de una motivación, introducida por las conjunciones «porque» o «pues». El salmista se confiesa «pobre e indigente» (1b), «fiel» (2), «siervo» de Dios (4), etc. Está provocando a Dios para que intervenga.

En la segunda parte (8-13) se mezclan el himno de alabanza (8-10), la súplica (11) y la acción de gracias (12-13). Se afirma que Dios es único entre los dioses porque sólo él es capaz de hacer maravillas, es decir, sólo él tiene poder para liberar a individuos y grupos, como hizo en el pasado, cuando sacó a los israelitas de Egipto. El salmo, entonces, sueña con el día en el que todas las naciones reconocerán al único Dios capaz de liberar. Este tema es propio de la época posterior al exilio de Babilonia, cuando se consolida la fe en un único Dios. También en esta parte, el salmista eleva su súplica (11) pidiendo poder conocer el camino del Señor y seguirlo con un corazón íntegro. A continuación viene una breve acción de gracias (12-13), como si la persona ya hubiera sido liberada o, movida por su profunda confianza en Dios, se sintiera de antemano liberada del conflicto que la afligía.

En la tercera parte (14-17), vuelve con insistencia la súplica, detallando más la situación de conflicto con la que se enfrenta el creador de este salmo (14). La súplica se caracteriza por estas peticiones: «vuélvete», «ten piedad», «da fuerza», «salva» (16) y «dame» una señal (17a), de manera que se supere el conflicto y los enemigos conozcan la derrota (17b).


3. ¿POR QUÉ SURGIÓ ESTE SALMO?

Este salmo revela, desde que empieza hasta que acaba, un conflicto entre un individuo y un grupo. Este individuo, entre otras cosas, se considera «fiel» y «siervo» de Dios (2). Ve a sus adversarios como gente que no le hace caso a Dios (14b) ni presta atención a sus proyectos. Se trata, pues, de un conflicto entre el fiel y los infieles, entre el justo y los injustos.

Una breve panorámica de la situación en que viven estos rivales puede ayudarnos a entender mejor las cosas. El justo expone cuál es su condición social: es «pobre e indigente» (1b) y atraviesa momentos de angustia (7a), lo que indica que está pasando aprietos. Afirma estar siendo perseguido (14) y haber sido sacado «de las profundidades de la muerte» (13b). ¿Quién ha hecho que se encuentre en esta situación? A sus adversarios se les llama «soberbios», se dice que son «una banda de violentos» (14a), «enemigos» (17b) que no temen a Dios (14b). Esta misma situación la hemos encontrado ya en otros salmos. Los injustos y malvados se creen superiores a Dios, lo ignoran, no hacen caso de sus proyectos y su justicia. La consecuencia de todo ello es la violencia (14a) con que intervienen en la sociedad, buscando la muerte (13b) de quien piensa de manera distinta y se resiste a sus proyectos. El justo de este salmo es esa persona que no ha querido callarse y ahora padece las consecuencias de su atrevimiento. Tiene que enfrentarse a solas con una banda de violentos que lo persigue (14a). La situación cobra mayor dramatismo al tener en cuenta que el justo que se opone a los malvados es, además, «pobre e indigente» (1b). Se trata de un pobre molesto. Por eso, los soberbios deciden eliminarlo, amparados por la impunidad, pues no le temen a Dios. El que queda en una situación muy delicada es el Señor. ¿Qué dirán los soberbios si no interviene?


4. EL ROSTRO DE DIOS

En este salmo, aparece con los nombres de «el Señor» y «Dios»; se le invoca con gran insistencia. Además, en tres ocasiones se habla de su «nombre» (9. 11b. 12b). Este nombre es Yahvé, el Señor, y está vinculado al éxodo, a la liberación de Egipto, a la Alianza. El salmo afirma insistentemente que Dios es amor, fidelidad, piedad, compasión, gracia y salvación. Estos términos lo asocian al acontecimiento central de la historia del pueblo de Dios, la liberación de la esclavitud en Egipto. En el fondo, el salmista le está pidiendo a Dios que lleve a cabo, en la persona de su siervo fiel, un nuevo éxodo de libertad y de vida. Y da gracias por anticipado, con el convencimiento de que Dios va a intervenir (12-13).

En la segunda parte hay un himno de alabanza (8-10) que profesa la fe en un solo Dios. Aquí se reconoce que sólo él es capaz de hacer maravillas (10). Ahora bien, la gran e insuperable maravilla de Dios en el Antiguo Testamento es la liberación de la opresión egipcia y el haber conducido a los israelitas a la tierra de la libertad y de la vida. La fe de este salmista hunde sus raíces en este Dios aliado y liberador.

La actividad de Jesús estuvo orientada hacia los pobres e indigentes de su tiempo, a los que confía el Reino (Mt 5, 3; Lc 12, 32), atendiendo a sus clamores, liberándolos y mostrándose con ellos rico en amor y fidelidad (Jn 1, 17). Afirmó que no rechazaba a ninguno de los que el Padre le había confiado, ni alejaba a los que se acercaban a él (Jn 6, 37). Cuando ya no había esperanza, sacó a algunos de las profundidades de la muerte y les devolvió la vida Jn 11; Lc 7, 11-17; Mc 5, 35-43).


5. REZAR EL SALMO 86

Podemos rezar este salmo en los momentos de angustia, de persecución, de muerte y de falta de esperanza; en solidaridad con los perseguidos y condenados a muerte; también, cuando queremos fortalecer nuestra fe en el Dios que auxilia y consuela a los que viven en medio de la angustia y la persecución; cuando queremos reforzar nuestra opción por la justicia...

Otros salmos de súplica individual: 5; 6; 7; 10; 13; 17; 22; 25; 26; 28; 31; 35; 36; 38; 39; 42; 43; 51; 54; 55; 56; 57; 59; 61; 63; 64; 69; 70; 71; 88; 102; 109; 120; 130; 140; 141; 142; 143.


(Comentarios tomados del libro de BORTOLINI, J., Conocer y rezar los salmos, San Pablo, Madrid, 2011, págs. 421-425). Los subrayados son nuestros.


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