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Taller de los Salmos:


Tus comentarios: Salmo 042 (41)
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Salmo 42

¡Cuánto me recuerda este Salmo a la situación de algunas personas que has conocido en tu vida y que sentían esa “nostalgia” de Dios! Aún sin “explicarse” el motivo, descubren que el Dios cercano y compañero de camino… parece que ya no está junto a ellos/ellas. Y… ¡claman al cielo! Han sucedido tantas “cosas”, “situaciones”, “circunstancias” en su vida… que ya no sienten al Dios amigo. Sin duda, tiene que ser una experiencia dura y dolorosa. Y ahí he intentado estar junto a esas personas.

Así le descubro, también, al orante-Salmista: algo profundo ha cambiado en su vida y ahora mismo le siente a Dios, pero más como mera NOSTALGIA que otra cosa. Dios se ha vuelto una profunda añoranza. Y todo esto lo expresa con imágenes muy vivas, como la cierva que brama por la falta de agua fresca, algo tan vital como necesaria para su vida. Y si a esto se le añaden los cometarios y la mofas de sus opresores… ¡ya tenemos el cuadro completo de su vida!

Y, con todo, en medio de este “cuadro”, desde dentro y con fuerza, le sale aquella súplica, angustiosa pero potente: “Roca mía…”, “Espera en Dios… salud de mi rostro y Dios mío”: está claro que la experiencia, vivida y disfrutada en otros momentos, surge con esa enorme fuerza y se convierte en plegaria que lo invade todo e, incluso, lo ilumina. Es su experiencia del Dios de la Alianza, del amigo fiel… que permanece, aunque sea en medio de oscuridades y en forma de nostalgia.

Esta oración-plegaria del Salmista, creo que “recibe” una LUZ impresionante cuando nos acercamos (o me acerco) al Maestro de Nazaret. Tengo el convencimiento de que Jesús de Nazaret vivió intensamente este contraste de sentimientos. Por un lado, con una confianza TOTAL y HASTA EL LÍMITE en su Dios y Padre y, por otra, esa “nostalgia” y añoranza profunda de su cercanía en determinados momentos. Ahora bien, no tengo ninguna duda que en Jesús tuvo mucha más fuerza la INTIMIDAD y la PRESENCIA que otros sentimientos. Esto lo descubro claramente en sus enseñanzas y en sus convicciones. Me impresiona, de forma extraordinaria, esta actitud de Jesús y cómo los expresa, hasta en el momento más difícil y cruel de la cruz en el Calvario.

¡Qué bien se “recogen” en esta actitud de Jesús, los gritos y las lágrimas de tantas personas, a lo largo y ancho del mundo y de la historia, pero que culminan su camino poniendo su esperanza en el Dios amigo y fiel!

Todo un modelo a seguir para mi vida de creyente en el Dios de la Vida y de seguidor de ese Jesús que SIEMPRE me ofrece su experiencia del Dios que es “mi roca”, para afrontar hasta las situaciones más complicadas. ¡Una inmensa “lección” que necesito aprender en mi vida, cada día y en cada circunstancia!

Esteban

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