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Taller de los Salmos:


Tus comentarios: Salmo 054 (53)
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Salmo 54

Descubro, en este Salmo-plegaria, que hay situaciones concretas de vida que hacen aflorar los deseos y sentimientos, tan profundos como dolorosos, de tantos corazones de hombres y mujeres que sienten -en su propio caminar- la necesidad de RECURRIR a ese Dios de Vida, al Dios de la Alianza, y es que no encuentran otro recurso válido que les ayude.

El Salmista-orante me parece que es todo un SÍMBOLO de una humanidad, de tantos hombres y mujeres, que experimentan la NECESIDAD de ese Dios que les ayude y les acompañe en esas situaciones y realidades que parecen “ahogarles”, literalmente hablando. “Sálvame”, “escucha mi oración”, “presta oído a las palabras de mi boca”… pueden reflejar experiencias tan vivas como dolorosas.

Pero también, en el Salmo-plegaria, se expresa -en medio del dolor y de la confusión- esa actitud profunda, esa EXPERIENCIA que anida en lo más profundo del ser de las personas y que, en esta ocasión, se expresa en esas hermosas palabras: “El Señor es quien sostiene mi vida”. ¡Cuánto contenido, sano y profundo, se recogen en esas palabras y, estoy seguro, que así lo han vivido (y viven) tantos hombre y mujeres, a través de los tiempos, ayer y hoy, y, seguramente, también mañana, en cualquier rincón de este mundo! Esto me lleva a SENTIR una profunda COMUNIÓN con esas “voces” que claman al Dios de la Vida.

Y, cómo no, hago mías las palabras del orante y me uno a él o a ella para proclamar, con paz y serenidad, un “daré gracias a tu nombre, porque es bueno…”. ¡Qué experiencia sostienen estas palabras y tantas parecidas y que se me ofrecen en tantas ocasiones y en tantos Salmos. Estoy convencido de que debe ser ALGO TAN SINGULAR que no es posible olvidarlo nunca.

Y es aquí donde vuelvo a DESCUBRIR y ENCONTRARME con Jesús de Nazaret, no sólo orando Él mismo con estas mismas palabras (aunque, también), sino además siendo esa PRESENCIA SALVADORA de Dios, especialmente con sus gestos de vida, ofreciendo de forma particular el DON del que es portador a aquellas gentes que se acercan a Él con actitud humilde y abierta. Lo que el Salmista-orante nos ofrecía, Jesús lo HACE REALIDAD, una realidad vida, una realidad que transforma a las personas en todo su ser, de forma que puedan EXPERIMENTAR cuál es el PROYECTO de Dios y cómo Jesús lo lleva a cabo.

Descubro que Jesús mismo necesitó elevar su clamor al Padre: todo un símbolo para cuantos queremos seguir sus huellas y revivir la espiritualidad más sana y profunda. ¡Está claro que me queda camino por recorrer! ¿Cómo te sientes tú, hermano/a?

Esteban

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