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Taller de los Salmos:


Tus comentarios: Salmo 61 (60)
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Salmo 61

Una vez más, encontrarme con este Salmo-plegaria y profundizar en él, me lleva de la mano a esa EXPERIENCIA tan profunda como vital y que en tantos Salmos se repite: el Salmista-orante -a pesar de los pesares- rememora lo vivido a través de la historia y toma conciencia de que el Dios de la Alianza NO FALLA, sino que mantiene firme su palabra y sus promesas. Desde aquí vuelve a surgir su súplica confiada.

Que sea un levita (hombre del Templo) y, además, desterrado, añade un “toque” especial, pero su experiencia ofrece un testimonio de fe en el Dios de la Alianza. Tanto es así que describe a este Dios como una “fortaleza” y un “refugio” donde cobijarse y disfrutar de sus dones y promesas, puesto que Él nunca falla; ni siquiera en los momentos más difíciles y complicados. De ahí que está convencido de que Dios volverá a escuchar sus peticiones.

Todo ello queda expresado (una vez más) en palabras de un contenido profundo e intenso. Ahí están: “escucha”, “atiende”, “elévame”, “condúceme”: toda una experiencia personal, por lo que está seguro que su situación de exilio y de lejanía del Templo terminará con una nueva manifestación del amor de este Dios de la Alianza en favor de su siervo y de su pueblo, como ya lo ha demostrado en diversas ocasiones, comenzando en los mismos orígenes como pueblo, especialmente en tiempos de la esclavitud de Egipto y en el camino de la liberación. “AMOR y FIDELIDAD” son las “notas” que definen a este Dios.

Reconozco que al descubrir esta confianza plena y total en su Dios por parte del Salmista-orante, me interroga profundamente de cara a mi vida y a mi espiritualidad y, más si cabe, en medio de este “estilo” y de estos “valores” que proclama y propone nuestra cultura y en nuestros días. Me pregunto con plena crudeza: ¿Es ésta la actitud que vivo en mi caminar diario y cuando pretendo ser y definirme como seguidor de Jesús de Nazaret? Porque también en Él, en Jesús, descubro que lo que el Salmista-orante proclama y manifiesta, lo vive intensamente. ¡Casi nada!

En mi MIRADA al Maestro de Nazaret, no me resulta nada complicado DESCUBRIR cómo Él vivió lo que sugería el Salmista-orante y, además, de una forma extrema y convencida. Su forma de vida, su cercanía para escuchar el clamor de la gente, sus “signos” de liberación en diversas ocasiones… están manifestándome que la fidelidad de Dios es REAL y tiene unas RAÍCES que no fallan. Esto me lleva a orar este Salmo desde las mismas CLAVES que lo haría Jesús y entonces… ¡todo adquiere una nueva luz y una perspectiva más profunda!

El Salmista-orante me ayuda en la vivencia; Jesús me propone ese ESTILO, vivido con una profundidad singular y única. Si quiero vivir como su seguidor, no me queda más opción que vivirlo como Él mismo lo vivió. Por lo tanto… ¡está claro que me queda tarea! Pero con la seguridad de que Él camino conmigo. Suerte a todos y todas, y… ¡feliz caminar tras las huellas del Maestro!

Esteban

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