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Taller de los Salmos:


Tus comentarios: Salmo 067 (66)
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Salmo 67

Nuevamente siento que en este Salmo-plegaria hay unas experiencias profundas y vitales y que recorren la historia de Israel a través de los tiempos. En cada momento lo expresará mejor o peor, pero ahí, -en lo más profundo-, permanece intacta la EXPERIENCIA ORIGINAL, aquella que recorre el caminar de la historia. En este caso, a mi parecer, el Salmista lo expresa de forma maravillosa.

En la raíz de este experiencia sigue estando muy presente la convicción de que el Dios de Israel es el DIOS de la ALIANZA y que, -a pesar de los pesares-, se mantiene muy viva dicha convicción. De ahí que Dios es el Señor de la vida y de la tierra. Así lo confiesa el Salmista con esta plegaria, hasta el punto de invitar a TODOS los PUEBLOS a acoger a ese Dios que no es exclusivo de Israel, sino de toda la humanidad. Ese estribillo repetido en el Salmo-plegaria (“Oh Dios que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben”) es una expresión clara de la conciencia que este pueblo ha vivido a lo largo de la historia, si bien ese “carácter universal” de Dios para todos, haya tenido que realizar un camino, sin lugar a dudas.

Por lo tanto, este Salmo-plegaria me ofrece la convicción de que Dios es el Señor del mundo, de la historia y de los pueblos. Por eso, el Salmista sigue invitando a TODOS a ser conscientes de esta “nueva dimensión”: el Señor no es sólo el Dios de Israel, sino el Dios de toda la humanidad. Sin duda alguna, un paso decisivo y muy importante: Él es el Dios de todos los pueblos. Me alegra de forma profunda esta afirmación y que siento de tanto valor para todos los tiempos.

La nota característica de este Dios es la JUSTICIA y la RECTITUD, juntamente con la fecundidad de la tierra y que es para todos los pueblos reunidos en torno a ese Dios de la Vida. Un hermoso mensaje en este caso, aunque en otras ocasiones no aparezca tan claramente esta dimensión UNIVERSAL. Es un paso más en el descubrimiento de la presencia del Dios Salvador de todos y de todas.

Un vez más, cuando me fijo en Jesús de Nazaret, es fácil descubrir cómo se relacionó con los que no pertenecían al Pueblo elegido y cómo estas personas le acogieron y creyeron en su Buena Nueva. En ocasiones, Jesús los pone como MODELO de apertura y de acogida de su persona y de su mensaje. Por lo tanto, Jesús con su actitud y con su estilo de acogida, me plantea la necesidad de esta apertura necesaria como elemento esencial de la BUENA NUEVA del Evangelio. Una lección muy a tener en cuenta, también hoy en día, en nuestra Iglesia y en tantas realidades de nuestra humanidad.

Termino con esta afirmación hermosa del Salmista: “La tierra ha dado su fruto: es el Señor, nuestro Dios, quien nos bendice”. ¡Ojalá lo sienta y lo sintamos así y ojalá esa convicción se expanda a través de en los diversos rincones y culturas de nuestro mundo! ¡Buen ánimo a todos y todas!

Esteban

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