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Taller de los Salmos:


Tus comentarios: Salmo 075 (74)
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Salmo 75

Este Salmo-plegaria, -una vez más-, me plantea y me pone delante de los ojos, la situación que vivía Israel en aquellos tiempos, y, también, la realidad que sigue dándose hoy, en nuestra cultura. Esto es, entonces y hoy, hay voces proféticas que se levantan clamando la JUSTICIA, especialmente a favor de los más débiles, pero -al mismo tiempo- los “arrogantes” y los “malvados” se mofan de este deseo y de ese grito: ellos se sienten los dueños de la situación y se ríen de los que proclaman que ese Dios hará justicia.

Esta convicción me resulta familiar en los Salmos-plegarias y a través de los tiempos: es una situación conflictiva entre los que quieren que Dios actúe en favor de los débiles, y los “arrogantes” y “malvados” que sienten que todo eso es un “cuento”. Y aquí surge en mí un SENTIMIENTO profundo y doloroso, porque descubro que, hoy y aquí, en medio de mi vida y en nuestra cultura, pasa algo de esto mismo: Dios cuenta cada vez menos y el poder de esas fuerzas del mal van agrandándose y poniendo, en tela de juicio, tantas realidades que han estado en la base y en las raíces de mi (¿nuestra?) vida y que ahora mismo provoca una actitud amplia de indiferencia e, incluso, de desprecio.

Pero el orante y profeta que denuncia esta realidad, quiere volver a alzar su voz y proclamar a Dios, que es justo juez, de ahí que, antes o después, responderá la súplica de sus fieles y hará JUSTICIA y así se pondrá en claro que, los que negaban, que ese Dios justo existía, sentirán el bochorno de su propia insensatez, porque verán con sus propios ojos que Dios juzga con rectitud y, por eso mismo, ensalzará a los que ponen su confianza en su bondad.

Detrás de estas afirmaciones del Salmista-orante, siento que está la CONVICCIÓN de que Dios es el Señor de la historia y del universo. Y porque es “Señor”, está vitalmente comprometido con la JUSTICIA y en contra de la impunidad. Por lo tanto, el orante-profeta concluye: Dios es el Aliado fiel en la lucha por la construcción de una sociedad justa y una vida digna para cuantas personas se dirigen a Él con esa súplica sencilla y confiada.

Así, frases como “te damos gracias… invocando tu nombre y contando tus maravillas” (v. 2); o… “pero ya proclamaré siempre su grandeza y tocaré para el Dios de Jacob…” (v. 10), son hermosas expresiones de fe y de confianza que nacen en el corazón creyente de entonces y, también, de ahora.

Y después de reflexionar en esas experiencias vividas por el Salmista-orante, me animo a MIRAR a esa “otra” presencia, NUEVA y SINGULAR, de Jesús de Nazaret, y vuelvo a descubrir cómo Él mismo vivió intensamente ese conflicto entre los “arrogantes” (ya fueran de tipo religioso, social o político) y el PROYECTO del que se siente portador en nombre del mismo Dios y no precisamente como puro capricho, sino convencido de que el deseo de Dios-Padre es la VIDA para todas las criaturas. Quienes tienen el poder y la autoridad, entran en conflicto abierto con Él, hasta el punto de condenarlo y ajusticiarlo. Pero su entrega, produce NUEVA VIDA y NUEVOS FRUTOS, a pesar de que a primera vista pueda parecer que han podido con Él. Y aquí descubro que es precisamente el Padre el que VENCE plenamente resucitándole de la muerte. ¡Todo ha cambiado y todo se hace nuevo!

Me produce profunda PAZ ir descubriendo estas CLAVES ORANTES y que han ayudado a tantas personas a través de la historia. Estoy convencido de que también hoy lo hacen. Si bien, es necesario no quedar en la “superficie” sino ADENTRARSE en las oraciones-plegarias y… ¡hacerlas mías, nuestras, en nuestro caminar!

Esteban

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