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Taller de los Salmos:


Tus comentarios: Salmo 077 (76)
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Salmo 77

Al reflexionar sobre este Salmo-plegaria, descubro que algo serio ha ocurrido. Posiblemente una catástrofe nacional o algo similar. Por eso, veo que el Salmista-orante tiene ante sí muchas preguntas, pero sin respuesta, y es que el dato es que hay un claro contraste entre la situación pasada y el momento que ahora mismo está viviendo el pueblo elegido. Éste siento que es el “cuadro” con el que se encuentra el Salmista y ahí… pregunta y vuelve a preguntar.

¿Qué es lo que ha ocurrido? Que no entiende el comportamiento de Dios. Algo así como que Dios ya no se conmueve ante las desgracias de su COMPAÑERO de Alianza, que le pueblo de Israel. Por lo tanto, la pregunta latente es así de clara: “¿Habrá cambiado la diestra del Altísimo” (v. 11), como reza el salmo.

Pero el Salmista orante vuelve la vista al pasado y ahí descubre el Éxodo, aquel acontecimiento, aquella EXPERIENCIA ÚNICA y que, incluso en esta situación actual, es capaz de RECREAR la esperanza. Y aquí vuelven a unirse la Liberación y la Alianza y ahí se vuelve a sentir un poco de luz que ilumina el momento que se está viviendo.

Me impresiona el descubrir esta serie de sentimientos profundamente contradictorios e hirientes que el Salmista expresa ante lo que está ocurriendo a su pueblo y que él no termina de entender, al menos a primera vista. Sólo aquella EXPERIENCIA VITAL del pasado en el Éxodo y su recuerdo y la Alianza con su Dios Liberador, es capaz de encender un poco de luz y de esperanza. Por lo tanto, la situación es muy complicada de explicarse. Así, pues, Dios es -en estos momentos- como una añoranza del pasado, pero que aún hoy ayuda a hacer posible la esperanza y dar un sentido al caminar de su pueblo.

Ahí me resuenan algunas de las frases que se recogen en esta plegaria-oración: “Oh Dios, tus caminos son santos…” (v. 14); “Tú eres el Dios que hace maravillas…” (v. 15); “Guiaste a tu pueblo como a un rebaño…” (v. 21); “Por la noche extiendo mis manos sin descanso…” (v. 3); “Medito todas tus obras y considero tus hazañas…” (v. 13); “¿Va a rechazarnos el Señor para siempre…?” (v. 8); o… “Se ha terminado para siempre su misericordia?” (v. 9b), etc. Ahí están “mezclados” esos sentimientos y plegarias y que muestran el desasosiego que vive el Salmista-orante al descubrir y la realidad de su pueblo amado.

Una vez más, llego a la conclusión de que también este Salmo (me atrevo a decir que todos ellos) es necesario “verlo” y “rezarlo” desde la óptica de Jesús de Nazaret, porque ahí se da la manifestación plena de ese Dios Alianza y de ese Dios Liberador, y que se manifiesta precisamente en su HIJO AMADO, Jesús. Y ese Hijo se me presenta siempre en favor de la VIDA, de ese Dios PADRE y MADRE, cuyas entrañas están cargadas de misericordia y de amor y que SIEMPRE quiere y busca LO MEJOR para todos sus hijos e hijas, aunque la cruda realidad nos “hable” de otras cosas.

Y para concluir esta reflexión, tomar nota que Él, Jesús, habla de sí mismo como del BUEN PASTOR, que conduce a su pueblo de la esclavitad a la libertad, de la muerte a la vida, porque éste es el DESEO y el PROYECTO de Dios-Padre para con nosotros. ¡Casi nada!

Reforzar las experiencias vitales, profundizar en las acciones de Dios y “mirar” a Jesús y descubrir en Él esa presencia VIVA del Padre y su amor para con nosotros… ¡he aquí el DESAFÍO para mi vida de cada día! ¿Te animas, hermana-hermano?

Esteban

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