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Taller de los Salmos:


Tus comentarios: Salmo 095 (94)
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Salmo 95

Una vez más, este Salmo lo siento como expresión de la vida, la vida de aquel pueblo y de su relación con el Dios de la Alianza. De ahí que nace espontáneamente la ALABANZA de aquel grupo reunido. Lo expresa en unas palabras muy hermosas y que muestran el sentir del pueblo: “Porque él es nuestro Dios y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía” (v. 7).

Pero, también enseguida, surge la otra cara de la moneda y es que el Salmista-profeta recuerda la rebeldía vivida por el pueblo en la época del caminar por el desierto. Allí, -según el Salmista-profeta-, se mostró este pueblo como una generación de corazón inconstante e infiel, incapaz de reconocer los CAMINOS de Dios y arrastrado por la rebeldía.

Así, pues, el Salmista siento que descubre motivos de alegría y de fiesta, porque siente a Dios como la ROCA y como un PASTOR que guía al pueblo, pero también está presente la actitud rebelde del pueblo de la Alianza que hace caso omiso de la fidelidad de Dios y olvida la historia del pasado, y esto le ha llevado a este pueblo a una situación límite de olvido de los cuidados de Dios a lo largo de los tiempos

Quiero destacar especialmente el versículo que he recogido más arriba y que siento que expresa MUCHO y algo MUY ESPECIAL: “Porque él es nuestro Dios y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía” (7). Y es que ahí siento la profundidad de la espiritualidad de Israel. Por un lado, ese vínculo profundo e intenso que une a Dios con Israel; aquí descubro el significado de la ALIANZA y que, sin duda alguna, “marca” desde muy dentro el sentir y vivir de este pueblo. Algo que luego el Maestro de Nazaret lo reforzará de una manera especial y extraordinaria.

Y, por otro lado, ese Dios que es percibido como el PASTOR que cuida de este rebaño que es el pueblo elegido. Y es verdad que ahí están los “otros dioses”, pero la “Roca que nos salva” (v. 1b) es el Dios de la Alianza y que esas imágenes de “Roca” y de “Pastor” lo reflejan de forma muy profunda. Y eso… a pesar de las infidelidades del pueblo y es que entre Dios y ese pueblo descubro un fuerte compromiso de pertenencia mutua: él es el Dios de los israelitas, y el pueblo es el pueblo de Dios.

Y queriendo llegar hasta las profundidades de esta relación, levanto la vista a Jesús de Nazaret y aquí descubro -¡y con qué fuerza-, las CLAVES de esa espiritualidad. Él, Jesús, se me presenta como el BUEN PASTOR que da la vida por sus ovejas, con todo lo que ello conlleva: conoce a las ovejas, las llama por su nombre y, por eso, le siguen, las lleva a pastos donde alimentarse; las defiende de los posibles peligros, etc.

Pero Jesús, -como el Salmista-profeta-, también denuncia las infidelidades de su pueblo y, especialmente, de sus dirigentes, que caen en una religión formalista y de apariencias y que provoca profundas injusticias y que él, Jesús, las denunciará de forma tajante. ¡Me sugiere tantas sensaciones este proceder de Jesús…! La más profunda: que él ha mamado y vive esa espiritualidad sana y que nos la ofrece, de modo que redescubramos a ese Dios-Padre que nos presenta y que, precisamente, quiere LO MEJOR para nosotros, para todos sus hijos e hijas.

Me quedo con este profundo sentimiento y me resuenan las notas de dos cantos muy conocidos y que las tarareo en el fondo de mi ser: “El Señor es mi fuerza, mi roca y salvación”; y el otro: “El Señor es mi pastor, nada me puede faltar”. Aquí me quedo disfrutando y cantando en el silencio del corazón.

“¡GRACIAS- ESKERRIK ASKO, Señor Jesús, por este regalo que me (nos) haces, ayudando a redescubrir en profundidad a ese Dios de la Vida, que es nuestro Padre, nuestra Roca de salvación y el Pastor que cuida de cada uno y de cada una!”.

Esteban

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