Beato DOMINGO BARBERI

26 Agosto

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1ª LECTURA: 1 Corintios 1, 10-13. 17-18

"... Os ruego en nombre de nuestro Señor Jesucristo: poneos de acuerdo y no andéis divididos. Estad bien unidos con un mismo pensar y sentir... ¿Está dividido Cristo? ¿Ha muerto Pablo en la cruz por vosotros? ¿Habéis sido bautizados en nombre de Pablo?... No me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo...".

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CLAVES para la LECTURA

- Pablo exhorta a la unidad porque la ve amenazada (v. 10). Después pasa a exponer la situación, tal como la conoce por algunos empleados de la familia de Cloe: en la comunidad han surgido varios grupos religiosos que están minando la comunión (vv. 11ss). Y a continuación expone el pensamiento teológico dominante: Cristo es el único que congrega, en cuanto que sólo él ha dado la vida por los hombres (v. 13). El tono de Pablo es pesaroso («os ruego»: v. 10) porque la comunión está seriamente amenazada por una comunidad lacerada por cuatro grupos: el de Pablo, el de Apolo, el de Pedro y el de Cristo (v. 12). No es que estas personas hayan creado la división; se trata de la utilización instrumental de su nombre por parte de algunos cristianos de Corinto. Pablo apunta directamente a Cristo: de él procede totalmente la nueva realidad. En él convergen todos los hombres, porque con su muerte ha reunido a quienes estaban dispersos.

- Ahora bien, ¿cómo predicar a Jesús? Pablo no lo hace con discursos de elocuente y penetrante sabiduría. Es posible que Pablo escriba aquí bajo la impresión del reciente "fracaso" de su predicación en el areópago de Atenas. La experiencia ha reforzado su convicción: predicar significa anunciar a Cristo crucificado, el único que nos da la salvación. La Palabra de Dios, sobre todo «la Palabra de la cruz», es en sí misma viva y eficaz (Heb 4, 12), no tiene necesidad de apoyo humano; es más, la sabiduría humana corre el riesgo de oscurecerla, de amortiguar su fuerza cortante.

- Pablo, citando el Antiguo Testamento, insiste en lo que para él tiene una importancia decisiva. Cristo crucificado es «escándalo» para los judíos, por el hecho de que, por haber sido colgado del madero, era alguien sobre el que recaía la maldición de la Ley (Dt 21, 23), y «locura» para los paganos, en cuanto que a éstos les repugnaba una divinidad que se hubiera dejado crucificar. Ahora bien, precisamente a través de la cruz es como Dios manifiesta su poder. Los cristianos, procedentes tanto del judaísmo como del paganismo, en cuanto «llamados» por Dios a la fe, deben sintonizar con la lógica divina y vivir según la sabiduría de la cruz, y no tanto según la lógica humana.

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CLAVES para la VIDA

- El apóstol Pablo, enamorado de Jesús y del Evangelio, siente peligrar la unidad de la comunidad. Y ante eso, reacciona con vehemencia. Y es que para él todo está centrado en Cristo; la unidad no puede tener otro eje de unidad que el Señor Jesús. Por eso, es capaz de "rogar" y de "exhortar" a su comunidad a buscar siempre y por encima de todo esa unidad. Es necesario desearla y trabajarla.

- Pero no es un Jesús cualquiera el que nos ofrece, sino con un rostro y perfil concreto: CRISTO CRUCIFICADO. Pablo descubre que ahí es donde se manifiesta en plenitud todo el amor y el proyecto de Dios. Por lo tanto, presenta esa "sabiduría", aunque ello suponga rechazo por parte de su mismo pueblo, o suene a "locura" a los paganos, incapaces de figurarse a Dios con este estilo.

- Como siempre, el gran apóstol es muy sugerente para los creyentes de todos los tiempos, y también para quienes "mamamos" de la espiritualidad de la Pasión. Sintonizar siempre con esa "lógica" de Dios, la de la entrega de la propia vida, es la propuesta-invitación del Crucificado. Que una vez más, y en esta fiesta de un apóstol de la unidad y de la paz, descubramos toda la fuerza de Cristo Crucificado.

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EVANGELIO: Juan 17, 18-26

"... Padre Santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado... Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas...".

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CLAVES para la LECTURA

- En la tercera parte de su «Oración sacerdotal» dilata Jesús el horizonte. Antes había invocado al Padre por sí mismo y por la comunidad de los discípulos. Ahora su oración se extiende en favor de todos los futuros creyentes (vv. 20-26). Tras una invocación general (v. 20), siguen dos partes bien distintas: la oración por la unidad (vv. 21-23) y la oración por la salvación (vv. 24-26).

- Jesús, después de haber presentado a las personas por las que pretende orar, le pide al Padre el don de la unidad en la fe y en el amor para todos los creyentes. Esta unidad tiene su origen por la copresencia del Padre y del Hijo, por la vida de unión profunda entre ellos, fundamento y modelo de la comunidad de los creyentes. En este ambiente vital, todos se hacen «uno» en la medida en que acogen a Jesús y creen en su Palabra. Este alto ideal, inspirado en la vida de unión entre las personas divinas, encierra para la comunidad cristiana una vigorosa llamada a la fe y es signo luminoso de la misma misión de Jesús.

- A continuación, Jesús manifiesta los últimos deseos en los que asocia a los discípulos con los creyentes de todas las épocas de la historia, y para los cuales pide el cumplimiento de la promesa ya hecha a los discípulos (v. 24). En la petición final, Jesús recupera el tema de la misión, es decir, el tema de hacer conocer al Padre (vv. 25s), y concluye pidiendo que todos sean admitidos en la intimidad del misterio, donde existe desde siempre la comunión de vida en el amor entre el Padre y el Hijo. La unidad con el Padre, fuente del amor, tiene lugar, no obstante, en el creyente por medio de la presencia interior del Espíritu de Jesús.

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CLAVES para la VIDA

- La Oración Sacerdotal de Jesús nos alcanza, hoy, a todos nosotros, porque se expande a través de los tiempos y lugares. Y es que su misión no se cierra en las estrechas fronteras del judaísmo, ni en su entorno más inmediato. Sale fuera, llega a todos los rincones. Puesto que el secreto de todo está en la UNIDAD que esos seguidores vivan con el mismo Jesús: "que los que me confiaste estén conmigo, donde yo estoy" (v. 24). Es así como podremos captar la gloria del Padre que reside en el mismo Jesús.

- De nuevo, Jesús insiste en que "les he dado a conocer quién eras..." (v. 26): ésta es la Misión que marca su vida, a la que dedica todas sus energías y su entrega. En la medida en que sus discípulos entiendan el secreto de esta unión entre el Padre y Jesús, estarán en disposición de anunciar al mundo el regalo del amor de Dios, como lo ha hecho el mismo Jesús. Es su tarea.

- Y es nuestra TAREA porque participamos de su misma misión. Trabajar y construir la unidad es el deseo y la plegaria que dirige al Padre a favor nuestro. Y ésta es la encomienda que nos deja para que... "el mundo crea". ¡Nos queda campo de trabajo! Todos los empeños serán pocos, pero todos serán necesarios.

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