Beato ISIDORO DE LOOR

6 de Octubre

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1ª LECTURA: (1 Jn 4, 7-16)

"... Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados... Si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie le ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud..."

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CLAVES para la LECTURA

- Esta pequeña joya del "discípulo amado" es una reflexión posterior sobre el tema del amor fraterno, del que el autor ha hablado ya en la carta desde el punto de vista negativo (3, 11-15). Ahora el acento está puesto sobre el mandamiento del amor, pero en clave positiva: el amor es necesario porque "el amor procede de Dios" (v. 7) y porque "Dios es amor" (v. 8). Y precisamente porque la identidad de Dios es amor, él ama, perdona y se nos entrega. Todo auténtico amor humano encuentra su fundamento en el amor de Dios. El que ama ha nacido de Dios y "conoce a Dios" (v. 7).

- Si ésta es la esencia de Dios, para llegar al amor auténtico hay un solo camino: amar. Sin embargo, no como pensaban los gnósticos o los enemigos de la Comunidad, que creían amar a Dios porque sentían la curiosidad de conocerlo. La naturaleza del amor, para Juan, se fundamenta sobre el hecho de que Dios nos ha amado "primero", por gratuita iniciativa suya. Este amor se ha manifestado en la Encarnación del Hijo de Dios, sin el cual los hombres no hubieran podido conocer el verdadero amor ni poseer la vida (vv. 9-10). Jesús nos ha demostrado un amor concreto, desinteresado, de dedicación y de total liberación, hasta entregar la vida. El amor del hombre por Dios, por tanto, es siempre una respuesta al amor procedente del Padre.

- Después de habernos dicho que Dios es amor, Juan ilumina a la comunidad de fe acerca de las consecuencias prácticas de esta afirmación para la vida cristiana. Primero, para poseer a Dios la vía maestra es el amor mutuo; este medio es la condición para que el amor de Dios habite en los creyentes como presencia experiencial y sea "perfecto" a imitación del amor vivido por Cristo (v. 12). Segundo, la posesión del Espíritu (v. 13). Tercero, la fe en Jesús Salvador del mundo: "Si alguno confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios" (v. 15).

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CLAVES para la VIDA

- El "discípulo amado", aquel que ha tenido esa experiencia singular y única de Jesús y de su mensaje, sigue ahondando en lo nuclear de su fe y de su experiencia. Y el núcleo está definido y claro: el amor siempre procede de Dios y es gratuito. Nada de componendas ni historias raras. Aquí nace la espiritualidad de la GRATUIDAD. La razón es muy sencilla: la iniciativa siempre es de Dios y nuestro amor es una respuesta a ese amor descubierto y actuando en nosotros. La expresión máxima de ese amor de Dios es Jesús mismo y su Encarnación.

- El "discípulo amado" se hace reiterativo, y más, en su intento de hacer llegar a sus comunidades lo nuclear de la fe cristiana: todo parte del amor gratuito del mismo que se nos da en Cristo Jesús; el resto es consecuencia de este principio; mejor, de esta experiencia que a Juan le parece el origen de toda la nueva condición. Aquí nace también la experiencia del amor que supera y elimina el temor y el miedo como comportamiento de vida. Ya que el que se ha encontrado con "Cristo Jesús y permanece en Él", ése posee un estilo propio, del mismo talante que Jesús y ahí el miedo no tiene valor alguno sino que ha sido destruido. ¡Cuántas "espiritualidades" basadas en el temor y el miedo tiemblan ante esta experiencia del apóstol!

- De aquí nace el NUEVO CREYENTE: sin esa experiencia, sentida y asumida, del amor gratuito de Dios, ni es posible ser creyente y mucho menos seguirle con el gozo y la alegría del que ha descubierto el auténtico tesoro de su vida. La fe, pues, es fundamentalmente y originariamente una EXPERIENCIA GRATUITA del amor de Dios manifestada en Jesús. Todo el resto es consecuencia. Vivir desde la confianza, como hijos amados: es la propuesta que nos hace el apóstol. Ésta es la nueva realidad a la que se nos llama continuamente y ésa es la acción del Espíritu en nosotros. Desde donde podemos CRECER. La fe en Jesús es una Buena Noticia cuando la asumo desde esta experiencia. ¡Cuántos hermanos/as que ni lo han "olido" ni disfrutado!

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EVANGELIO: (Jn 15, 1-8)

"... Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto, lo arranca; y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto... Permaneced en mí y yo en vosotros..."

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CLAVES para la LECTURA

- La frecuente repetición, en pocos versículos, del verbo "permanecer" hace comprender de inmediato que es la palabra clave del fragmento. Si en el capítulo 14, comienzo del "discurso de despedida", se pone el acento en la partida de Jesús y en la inquietud de los apóstoles, ahora aparece en la comunión profunda, real, indestructible que hay entre él y aquellos que creen en él.

- Aunque va a enfrentarse con la muerte, Jesús sigue siendo para los suyos la fuente de la vida y de la santidad "producir fruto": 15, 6. Más aún, precisamente yendo al Padre pone la condición para poder "permanecer" para siempre en los suyos. Jesús, sirviéndose de una comparación, habla de sí mismo como de la vid verdadera: una imagen que ya habían usado a menudo los profetas para describir a Israel, la vid infecunda, esquiva a los amorosos cuidados de Yahvé (Is 5). Jesús se presenta como el verdadero pueblo elegido que corresponde plenamente a las atenciones de Dios. Por otra parte, se identifica con la Sabiduría, de la que se había escrito que como vid ha producido brotes, flores y frutos (Eclo 24, 17).

- Con esa imagen quiere explicar, por consiguiente, cómo es la extraordinaria realidad de la comunión vital con él que ofrece a los creyentes, qué compromiso incluye ésta y cuáles son las expectativas de Dios. Jesús es el primogénito de una humanidad nueva en virtud del sacrificio redentor en la cruz. Él es la cepa santa de la que corre a los sarmientos su misma linfa vital. Quien permanece unido a él puede dar al Padre el fruto del amor y dar gloria a su nombre (vv. 5. 8). A continuación, para que este fruto sea copioso, el Padre-viñador realiza todos los cuidados, corta los sarmientos no fecundos y poda los fecundos. Esta obra de purificación se va realizando cuando la Palabra de Jesús es acogida en un corazón bueno (v. 3): entonces esta Palabra guía las acciones del hombre y lo hace amigo de Dios, cooperador en su designio de salvación, colaborador de su gloria (v. 7).

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CLAVES para la VIDA

- ¡Hermosa de veras la comparación con la que hoy se describe la unión de Jesús con sus discípulos! ¡Qué vivacidad tiene el símil que utiliza! Él, Jesús, es la cepa; sus seguidores, son los sarmientos. De la vid pasa la savia, o sea la vida, a los sarmientos, si "permanecen" unidos a la vid. Si no, quedan secos, no dan frutos y se mueren. La fuerza del símil está expresada por la palabra "PERMANECER", repetida 15 veces en este capítulo. Además, Dios Padre es el viñador, el que quiere que los sarmientos no pierdan esta unión con Cristo. Ésta es la alegría mayor del Padre: "que deis fruto abundante" (v. 8).

- De entre las varias comparaciones que tienen como clave la vid y la viña, -el pueblo de Israel como una viña plantada por Dios, que se queja amargamente de que la viña en la que había puesto su ilusión no le da frutos; los viñadores malos que no pagan al dueño-, ésta de la cepa y los sarmientos es la que más íntimamente describe la unión vital de Cristo con sus seguidores.

- La conclusiones de este texto-reflexión no son complicadas: Cristo ha querido que exista una unión íntima y vital entre nosotros y él. De hecho, ese "trasvase" íntimo de vida desde la cepa a los sarmientos, tiene consecuencias importantes para nuestra vida de seguidores de este Jesús. Si no recibo (recibimos) vida y savia de él, estamos abocados a secarnos y ser pasto de las llamas (en el mejor de los casos). Esta unión es vital. ¿Qué tal me siento?

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