La ORACIÓN de Jesús EN EL HUERTO

(Martes anterior al Miércoles de Ceniza)

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1ª LECTURA: (Heb 5, 1-9)

"... Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna..."

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CLAVES para la LECTURA

- El pasaje cuya lectura se nos propone hoy está construido con un gran esmero. En primer lugar, señala las características del sumo sacerdote del Antiguo Testamento. De él sabemos que estaba llamado a intervenir a favor de los hombres en sus relaciones con Dios (v. 1); los comprende profundamente porque es uno de ellos (v. 2); debe recibir este encargo de parte de Dios.

- A continuación, empezando por la última y ascendiendo hasta la primera, aplica el autor estas características a Jesús, mostrando que él es verdaderamente el único y sumo sacerdote. En cuanto elegido por Dios, es también el Hijo, depositario de un sacerdocio que dura para siempre; es misericordioso con los hombres hasta el punto de ofrecer, aunque no tenía pecado, no sacrificios externos, sino a sí mismo, abriendo así el camino a todos los hombres a la salvación eterna.

- Nos encontramos en el punto central de la carta a los Hebreos, que nos muestra a Cristo en el momento en que ofrece al Padre su voluntad de compartir el sufrimiento humano hasta la muerte en la cruz. Cristo, con "con grandes gritos y lágrimas, oraciones y súplicas" (v. 7a), presentó su ofrenda y agradó al Padre por su respetuosa sumisión a su divina voluntad. Así alcanzó "la perfección" (v. 9) y pudo obtener la salvación para todos los que acogen su Palabra.

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CLAVES para la VIDA

- El autor de la carta a los Hebreos nos invita a fijar nuestra mirada y corazón en Jesús: Él es el sumo Sacerdote que, verdaderamente, puede sentir justa compasión por nosotros, dado que pagó "con grandes gritos y lágrimas" su solidaridad con nosotros y "aprendió a obedecer a través del sufrimiento". Ahora permanece en presencia del Padre como memorial santo y agradable. Así, se nos ha abierto, por fin, el camino para acceder al corazón del Padre, con la certeza de que seremos escuchados más allá de nuestro deseo.

- Pero no sólo eso; además de representarnos ante Dios, es también presencia viva de Dios en medio de los hombres, es el Esposo que nos hace sentir a cada uno de nosotros en el banquete de alegría y de fiesta, donde no está permitido ayunar, porque ahora está con nosotros para siempre, hasta el final de los días.

- Estamos, por tanto, ante una palabra que nos afecta profundamente y constituye un verdadero EVANGELIO, la Buena Noticia que esperábamos. Nuestra ignorancia, nuestro error y extravío han encontrado al final a alguien que está en condiciones de darle un nombre y cambiarlos, con la certeza de que nada de cuanto es nuestro carece de valor. Dios nos ama, Dios me ama: ésta es la gran revelación de Jesús; sus palabras y sus acciones, su forma de estar y mirar, su... todo hablan de esta nueva realidad. Es el SACERDOTE a favor de sus hermanos. ¡Nada menos!

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EVANGELIO: (Lc 22, 39-46)

"... Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya... En medio de la angustia, oraba con más insistencia..."

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CLAVES para la LECTURA

- Ha terminado el banquete en el cual se han cantado versos de júbilo. En el último salmo (en el 118) han pronunciado también estas frases: "me rodeaban cerrando el cerco... como abejas... empujaban para derribarme... la piedra que desecharon los arquitectos...". La oración que sigue y su ambiente es muy diverso.

- El lugar era habitualmente frecuentado por Jesús (v. 39s); Jesús no se oculta para evitar el prendimiento. Incluso invita a sus discípulos a renunciar a su proyecto mesiánico, a sus ideas ("la tentación", v. 40) y la petición a Dios con el fin de que les haga comprender su designio de salvación. Lucas recalca la oración de Jesús en los momentos decisivos de su vida: 3, 21; 5, 16; 6, 12; 9, 18.

- Como Jesús pone el designio del Padre por encima de cualquier designio propio (v. 42), también sus discípulos deberían de aceptar el destino del Hijo de Hombre, incluso renunciando a la idea del Mesías que se habían forjado. El "cáliz" está en conexión con la copa de la Eucaristía de la cena (Lc 22, 17s). Ésta es la copa que el Padre le ofrecía y que los Doce debían repartir entre ellos. Pero los suyos "duermen" (v. 45), es el abandono; se prepara la defección.

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CLAVES para la VIDA

- Llega el momento decisivo y Jesús no rehuye esa "su hora"; el momento definitivo de fidelidad al proyecto del Padre y de sus caminos para llevar a cabo su plan de salvación, por muy duros que resulten. Y es que además de las "exigencias" del Padre, en estos momentos, Jesús siente la enorme soledad y el abandono de los suyos, que "duermen"; esto es, su idea mesiánica no coincide con los planes de Dios y que Jesús sí los acepta; los discípulos, no.

- El dramatismo del momento lo refleja el evangelista con una crudeza especial, hasta el punto de "sudar gotas de sangre", como signo de la angustia, de la dureza de la lucha interior que Jesús vive en este momento decisivo. Y es que a pesar del "silencio" del Padre, a pesar del abandono de los suyos, Jesús se abre a los designios y planes de Dios. ¡Vale...!

- Toda una ESCUELA para el seguidor de este Jesús, porque aquí no se está "jugando al escondite", sino que se afronta el camino de la fidelidad y de la entrega. Como nos ha recordado la carta a los Hebreos: "aprendió, sufriendo, a obedecer": éste es el camino y no es nada fácil; lo descubrimos incluso en los que han compartido tantas cosas con el mismo Jesús: su grupo, sus discípulos. La "tentación" está siempre presente: cuesta aceptar los proyectos de Dios y renunciar a mis propios planes. ¡Es la ESCUELA!

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