Mártires de Daimiel

24 de Julio

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1ª LECTURA: (Jeremías 20, 10-13)

"... Mis amigos acechaban mi traspié: A ver si se deja seducir y lo violaremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él. Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo... Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos..."

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CLAVES para la LECTURA

- La acción profética de Jeremías ya no puede consistir en llamar al pueblo a la conversión. A lo largo de muchos años no se ha escuchado su voz. Ahora, por mandato de Dios, debe anunciar que el juicio divino es irrevocable. El castigo está a punto de caer sobre Israel: Jerusalén será entregada en manos del rey de Babilonia.

- En esta circunstancia, la más penosa de su dolorosa experiencia de profeta, derrama su última "confesión" (vv. 7-18), fragmento sumamente autobiográfico, aunque paradigmático del destino de todo verdadero creyente. En unos pocos y conmovedores versículos, se evoca el momento de la vocación (vv. 7-9). No se omiten los momentos desoladores y de rebelión: persecuciones, calumnias, traiciones, constituyen el tejido de su vida (v. 10). Pero, como Job, también Jeremías sale victorioso de la prueba: tras el desahogo, brota un acto puro de fe en Dios (vv. 11-13). Es significativa la solemne declaración inicial: "El Señor está conmigo como un héroe poderoso". Nos remite directamente a las palabras que Dios mismo dirigió al profeta en el momento de su vocación: "Yo estoy contigo para salvarte" (Jr 1, 19).

- A lo largo de su arduo camino, aquellas palabras fueron lámparas para sus pasos. En adelante el profeta no experimentará más resistencias ni rebeliones. Su vida estará erizada de dificultades, pero se entrega totalmente al Señor, con la seguridad de que es él quien salva al pobre perseguido.

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CLAVES para la VIDA

- Hoy, la liturgia nos ofrece a Jeremías, como una estampa en la que poder mirarse y descubrir en él un anuncio y figura de Cristo Jesús en su camino de la Cruz. Jeremías, a quien le tocó anunciar desgracias y catástrofes a su pueblo si no se convertían de corazón a su Dios, no fue bien recibido, y menos aún su mensaje, e incluso tramaron su muerte, y él era consciente de ello. En la página de hoy, a pesar del drama personal que vive (y que en otras páginas adquiere tintes de rebelión contra Dios), triunfa en él la oración confiada en Dios y así sigue adelante en su camino.

- En esta fiesta de los Mártires de Daimiel, se nos vuelve a invitar a mirar, a través de la figura del profeta, a Jesús que vive y nos propone confiar plenamente en el Dios que no falla. Jesús (como también Jeremías) experimenta el "Yo estoy contigo": he ahí el secreto de toda esa vida, de ese caminar. Experimentado ese momento, todo adquiere una nueva luz, tanto en Jesús como en el profeta. ¡Sugerente invitación!

- Y ahí nos encontramos; sólo vale la "experiencia", hecha vida y constantemente renovada, de forma que vivamos el seguimiento de Jesús con el mismo talante de los grandes testigos, como el profeta, o nuestros hermanos, los Mártires de Daimiel. Este día de fiesta y este recuerdo nos pueden ayudar en esta labor.

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EVANGELIO: (Juan 15, 18-21)

"... Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia. Recordad lo que os dije: No es el siervo más que su amo..."

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CLAVES para la LECTURA

- La perícopa contiene una advertencia de Jesús dirigida a sus discípulos sobre el odio y el rechazo del mundo que tendrán enfrente. Si la nota distintiva de la comunidad cristiana es el amor, ahora el Maestro presenta a los suyos lo que caracteriza al mundo que les rechaza: el odio (v. 18). El Señor advierte y explica ese odio del mundo y emite un juicio sobre el mismo.

- El odio del mundo hacia la comunidad cristiana es consecuencia lógica de una opción de vida: los seguidores del Evangelio no pertenecen al mundo, y éste no puede aceptar a quien se opone a sus principios y opciones. Los creyentes, en virtud de su opción de vida a favor de Cristo, son considerados como extraños y enemigos. Su vida es una continua acusación contra las obras perversas del mundo y un reproche elocuente contra los malvados. Por eso es odiado y rechazado el hombre de fe.

- Pero ¿cómo se manifiesta el odio del mundo contra los discípulos? Mediante las persecuciones que han de padecer los creyentes por el nombre de Cristo. No son en verdad estas pruebas las que deben desanimar a los discípulos ni en su camino de fe ni en su misión de evangelización. También su Señor experimentó la incomprensión y el rechazo hasta la muerte (v. 20). Es más, la persecución y el sufrimiento son una de las condiciones de la gloria que toda la comunidad cristiana debe compartir con su Salvador. La suerte de los discípulos es idéntica a la de Cristo: si éste ha sido perseguido, también lo serán sus discípulos; si éste fue escuchado, también lo serán los suyos (vv. 20s).

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CLAVES para la VIDA

- Dentro de este contexto de comunicación vital de Jesús con los suyos, donde predomina el amor, ahora se nos introduce otra palabra: el "odio"; y Jesús así les advierte a los suyos, como parte de la historia y de contraste que van a vivir. El origen de este odio es que no comparten ese "ser del mundo" y por lo tanto, ese mundo les va a rechazar, porque no son de los suyos. Y es que las fuerzas que se oponen al Reino están en marcha.

- Pero todo esto no es ninguna novedad respecto a los seguidores, porque ésa misma es la condición que le ha tocado vivir al Maestro: Él ha sido rechazado frontalmente por esa realidad del "mundo"; y él mismo nos ha "elegido y sacado del mundo" (v. 19) para poder vivir con la dinámica que él ha vivido. Ésta es la nueva condición y situación del discípulo: ha sido "rescatado" por el mismo Señor de las fuerzas del mundo.

- Y aquí nos encontramos nosotros, invitados a participar de esa VIDA que él nos ofrece y que la quiero compartir, y con todas las consecuencias. Eso sí: sólo si estoy "unido" a él (como el sarmiento a la vid) tendré vida y me llegará la savia portadora de esa vida. ¡Es la conclusión a la que nos llevó el camino Pascual! Es necesario, pues, seguir caminando.

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