CONMEMORACIÓN DE LOS RELIGIOSOS Y RELIGIOSAS DIFUNTOS DE LA FAMILIA PASIONISTA

5 de Noviembre

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1ª LECTURA: (Romanos 14, 7-9. 10c-12)

"... Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos... Cada uno dará cuenta a Dios de sí mismo..."

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CLAVES para la LECTURA

- "Así pues, tanto si vivimos como si morimos, somos del Señor" (v. 8): la vida nueva del cristiano brota de un sentido de pertenencia (también, 1 Cor 3, 23), de la decisión de estar de parte de Cristo, acogido como Señor de nuestros propios días. En los pasajes de Is 45, 23 y 49, 18 leemos el reconocimiento del señorío de Dios, que se extiende a todo el universo: un señorío de misericordia y escucha, al que el pueblo de Israel gozaba con volver.

- La necesidad de dar cuentas ante el "tribunal de Dios" se convierte así en una invitación a mirar con ojos profundos nuestra propia existencia, reorientándola en virtud de una pasión ("vivir para el Señor", "morir para el Señor": v. 8), que es lo único que le puede dar sentido. La calidad de una vida que se desarrolla enteramente ante el Señor induce, por consiguiente, a superar el prejuicio mediante la acogida de la diversidad y de la debilidad. La modalidad más profunda de hospitalidad (Rom 12, 13) es la acogida del otro (14, 1; 15, 7). El prójimo es hermano.

- De la pertenencia a Cristo Señor, de la conciencia de que con su muerte y resurrección ha rescatado nuestra vida del absurdo, a la pertenencia cultivada en la vida de un modo cada vez más totalizador: ninguna vida puede encerrarse y replegarse en sí misma, sino que -en un clima de respeto a los caminos personales- cada uno de nosotros está llamado a abrirse a unas relaciones de caridad de las que Cristo mismo es fuente en última instancia.

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CLAVES para la VIDA

fricciones debido a las distintas maneras de pensar entre los miembros de la misma. Aquí viene la lección del apóstol: tolerancia en las cosas sin mayor trascendencia y, sobre todo, tener clara la referencia en lo que sí es importante: "si vivimos, vivimos para el Señor, en la vida y en la muerte, somos del Señor" (v. 8). Ésta es la clave acertada para la convivencia.

- Y es que en el seguidor de Jesús se crea un nuevo sentido de PERTENENCIA: estar de parte de Cristo, acogiéndole como el Señor de nuestra existencia, conlleva a un nuevo estilo de ser y de vivir, donde todo se percibe y se valora desde la "referencia", que es el mismo Señor Jesús. Desde aquí es posible superar cualquier tentación de erigirse en "juez" del hermano, que tantas veces dificulta y complica la convivencia.

- Este gran testigo de Jesús, que es Pablo, una vez más, me propone distinguir entre lo accidental y lo substancial. Y me llama a vivir desde lo esencial, desde la nueva vida que se me da desde mi pertenencia a Cristo Jesús, una pertenencia cultivada, trabajada día a día, dejándome iluminar y forjarme en el contacto personal con él, con sus proyectos, con su Palabra. ¡Ahí es nada...! ¡Toda una invitación!

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EVANGELIO: (Juan 6, 37-40)

"... Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y el que venga a mí, no lo echaré fuera; porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado... Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día..."

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CLAVES para la LECTURA

- La muchedumbre ha visto y escuchado la Palabra de Jesús en el fragmento precedente, pero no ha reconocido en él al Hijo de Dios bajado del cielo, como el maná del desierto. Entonces denuncia Jesús, con amargura, esta difundida incredulidad de los judíos (v. 36), a pesar de que la iniciativa amorosa del Padre se sirva de la obra del Hijo para darles la salvación y la vida (Jn 3, 14s; 4, 14. 50; 5, 21. 25s).

- La Iglesia primitiva era consciente de este conflicto con la Sinagoga y, a través del evangelista, expresa su profundo vínculo con el Maestro, subrayando que el designio de Dios se realiza mediante la acogida que todo creyente reserva a Jesús. Él ha tomado carne humana no para hacer su propia voluntad, sino la de aquel que le ha enviado. El plan de Dios es un plan de salvación, y el Padre, confiándolo al Hijo, proclama que los hombres se salvan en Jesús, sin que se pierda ninguno.

- Más aún, aquellos que han sido confiados por el Padre al Hijo, quiere que los "resucite en el último día" (v. 39). La expresión "último día" tiene un significado preciso en Juan: es el día en que termina la creación del hombre y tiene lugar la muerte de Jesús, es el día del triunfo final del Hijo sobre la muerte; en él, todos podrán probar "el agua del Espíritu" que será entregada a la humanidad. En ese día, Jesús dará cumplimiento a su misión mediante la resurrección y dará la vida definitiva. Esta última tiene su comienzo aquí en la fe, y su plena realización en la resurrección al final de los tiempos. Los que crean en Jesús, Hijo de Dios, no experimentarán la muerte, sino que disfrutarán de una vida inmortal.

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CLAVES para la VIDA

- Ésta es la historia de la humanidad a través de los tiempos: busca algo que le sacie su hambre. Aquí se nos ofrece este discurso-catequesis sobre el Pan de Vida, y que parte de la iniciativa amorosa del Padre y que se realiza en Jesús y en su obra. Aquí, el evangelista nos lanza hacia la acogida plena y confiada del Maestro, como él mismo ha asumido plena y totalmente la voluntad del Padre. Ahí radica el secreto de toda la vida de Jesús y, cómo no, de su propuesta.

- Y es que esta acogida conlleva la plenitud, la "vida eterna", la que el mismo Jesús la da a quienes le acogen en sus vidas; Él es el que sacia el hambre que anida en el corazón humano. Por lo tanto, a una humanidad hambrienta, Dios le envía a su Hijo como el verdadero Pan que le saciará.

- Abrirme cada día a aquel que puede saciar mi hambre de vida y de plenitud, acogerle con plena confianza y significarlo en el pan eucarístico, es el camino que nos está indicando el "discípulo amado" como el que va a producir en nosotros esos frutos deseados; así le entiende él a Jesús y todo eso está expresado en ese "pan de la Vida". Por lo tanto, es mucho más que comulgar o dejar de comulgar.

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