Presentación de la VIRGEN MARÍA

21 de Noviembre

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1ª LECTURA: 1 Samuel 3, 1-10

"... El niño Samuel oficiaba ante el Señor con Elí... Un día Elí estaba acostado en su habitación. Sus ojos empezaban a apagarse, y no podía ver... El Señor llamó a Samuel, y él respondió: Aquí estoy... Aquí estoy; vengo porque me has llamado... Elí comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y dijo a Samuel: Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: "Habla, Señor, que tu siervo te escucha". Samuel fue y se acostó en su sitio. El Señor se presentó y le llamó como antes: ¡Samuel, Samuel! Él respondió: Habla, Señor, que tu siervo te escucha..."

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CLAVES para la LECTURA

- Samuel había sido entregado al Señor para el servicio del templo. En éste había permanecido durante años en silencio, conocido sólo por Dios. Ahora le llama el Señor. ¿Para qué le llama el Señor? En la vocación de Samuel podemos intuir de inmediato el estilo de la llamada de Dios. Llama a cada uno por su nombre: "¡Samuel, Samuel!". Esto significa que su llamada es siempre una llamada personal y no anónima; que es una llamada original dirigida a cada uno; que quien nos llama nos conoce por medio de un verdadero conocimiento de amor. Sin embargo, Samuel no está en condiciones de conocer de inmediato la voz de Dios. Si bien, por una parte, afloran objetivamente dificultades para reconocer la voz de Dios (su trascendencia y su carácter imprevisible), meditando el pasaje podemos descubrir en él, no obstante, la paciente pedagogía de Dios encaminada a insertarse en el corazón del hombre. Dios se adapta; llama de manera gradual; le da tiempo al hombre; le renueva su llamada.

- Samuel recibe la llamada por primera, por segunda, por tercera vez... En este punto intervienen los intermediarios que pueden servir para ayudar a la voz del Dios que llama; en el caso de Samuel, es el anciano sacerdote Elí, que con su sensatez le sugiere al joven Samuel cómo debe comportarse (v. 9).

- Esto nos hace ver que en la llamada interviene, casi estructuralmente, la presencia de mediaciones humanas; a menudo resulta indispensable la ayuda de alguien para salir de la duda, de la inseguridad. Pero eso no es todo: hemos de subrayar la absoluta disponibilidad de Samuel: "Habla, Señor, que tu siervo escucha" (vv. 9ss). Sólo una atenta vigilancia y disponibilidad para "no dejar escapar vacía ni una sola de sus palabras" puede llevar al llamado, antes o después, a reconocer la voz de Dios, a acogerla y a dejarse guiar por ella.

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CLAVES para la VIDA

- ¡Hermosa página de llamada y respuesta! Dios que llama y el hombre que responde. Y siempre de cara a una misión específica y, siempre también, a favor de la humanidad. Éste es el proyecto de Dios: quiere y busca el bien de su pueblo y de la humanidad. Este relato es una muestra más de esa historia de salvación y de vida. Nada ni nadie podrá evitar ese actuar de Dios que lleva adelante su proyecto con medios pobres.

- Porque Samuel no es más que un niño, pero Dios se fija en él; Elí no es más que un anciano y su mediación es importante porque abre los ojos y el corazón de joven Samuel y le prepara a la disponibilidad plena al servicio de los planes de Dios. Las mediaciones humanas son queridas y buscadas por Dios como camino válido para llevar a cabo su proyecto.

- "Habla, Señor, que tu siervo escucha": es la gran propuesta del texto bíblico, hoy, para mí, para nosotros. Aceptar su llamada y vivirla; pero, al mismo tiempo, ser mediación humana para que otras personas también puedan percibir, escuchar y acoger esa llamada... una DOBLE TAREA para nuestro caminar de creyentes y evangelizadores. ¡Casi nada...! Pero Dios así escribe la historia personal de cada uno. Eso sí: siempre en favor de la humanidad, de los hermanos. ¿Vale?

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EVANGELIO: Lucas 1, 26-38

"... El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una Virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la Virgen se llamaba María... Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres... No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús... El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del altísimo de cubrirá con su sombra; por eso el santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios... Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra..."

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CLAVES para la LECTURA

- La narración de la anunciación del ángel Gabriel a la virgen María constituye la aurora del mayor acontecimiento que la historia humana haya visto jamás: la encarnación del Hijo de Dios. El texto bíblico es rico en reminiscencias veterotestamentarias y de gran valor doctrinal: se trata nada menos que del cumplimiento de las promesas hechas por Dios a los patriarcas y renovadas a David (2 Sm 7, 14. 16; 1 Cr 17, 12-14; Is 7, 10-14) y contiene una profunda teología del misterio de Cristo. De hecho Jesús aparece como rey e hijo de David ("El Señor Dios le dará el trono de David su padre y reinará sobre la casa de Jacob para siempre": vv. 32-33) y a la vez como santo e hijo de Dios ("Será grande, se llamará Hijo del Altísimo": v. 32).

- Las palabras del ángel a María, además de ser un anuncio de gozo por la venida del Mesías a la tierra, constituyen el testimonio de la amorosa predilección de Dios con la humilde joven de Nazaret que como esclava del Señor, ha merecido ser Madre de Dios por su fe incondicional.

- La confirmación de la intervención celeste, por obra del Espíritu Santo, en su condición virginal, abre el corazón de María a la voluntad de Dios y a adherirse plenamente al proyecto universal de salvación con las sencillas palabras que han cambiado la historia humana: "Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra" (v. 38). El sí de María franquea el camino de nuestra salvación y es una invitación a leer en los acontecimientos de nuestra vida la presencia del que es nuestro Salvador.

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CLAVES para la VIDA

- En esta escena descubrimos, en toda su fuerza, por un lado el "sí" salvador de Dios y por otro la humanidad, representada por María, que responde con su "sí" de acogida: "hágase en mí según tu palabra". Del encuentro de estos dos síes, brota, por obra del Espíritu, el Salvador Jesús, el verdadero "Dios-con-nosotros". Entra en escena el nuevo Adán, cabeza de esa nueva humanidad. Y a su lado aparece, con un "sí" en los labios, en contraste con la primera, la nueva Eva. Así lo ha leído y vivido la tradición cristiana.

- María una humilde muchacha de Nazaret, es la elegida por Dios para ser la madre del Esperado. Ella es la "llena de gracia", "la bendita entre las mujeres"; y empieza a dibujarse así, en las páginas del evangelio, el mejor retrato de esta mujer, cuya actitud de disponibilidad para con Dios ("hágase en mí"), no será sólo de este momento, sino de toda la vida, incluida su presencia dramática al pie de la Cruz.

- María aparece ya desde ahora como la mejor muestra de vida cristiana. El más acabado modelo de todos lo que a lo largo de los siglos habían dicho "sí" a Dios ya en el Antiguo Testamento y, sobre todo, de los que han creído en Cristo Jesús y le han seguido. Contemplarla y seguir su estilo y actitudes es la invitación que recibimos toda la Familia Pasionista en esta fiesta de la Presentación de María.

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