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Meditaciones:

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Los humildes heredarán la tierra

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LOS HUMILDES
HEREDARÁN LA TIERRA








“Bienaventurados los humildes de corazón, porque ellos heredarán la tierra” [1].

Cuando te sientes atraído por el poder, la riqueza o la fama [2]...; cuando surge el orgullo que te hace pensar que vales más que los demás [3]... Cristo, sin jamás herirte, te recuerda: “Bienaventurados los humildes...”.

No tengas miedo. Para empezar nunca es demasiado tarde. En la paciencia de Dios nada se pierde. Déjate conducir, deja que Otro sea el que modele el barro de tu humanidad, y te sentirás incomparablemente libre.

Pon tu confianza en Aquel que por amor a ti se hizo hombre y por acompañarte hasta el fin dio su vida: en Él se afianzará tu añoranza infinita; en Él se fortalecerá tu fragilidad y tu abismal pobreza; en Él el Dios verdadero te llenará de indecible alegría, saciará tu infinita nostalgia, asumirá tu fragilidad, enriquecerá tu pobreza, divinizará tu pequeñez e inmortalizará tu vida [4].

A ti te toca, con tu humildad, hacer realidad el Reino de Dios en este mundo violento donde el amor no cuenta [5]. A ti te toca renovar el corazón del hombre y transformar la faz de la tierra, con toda la fuerza de la humildad desarmante y desarmada.

No te dejes dominar por la ira o la impaciencia;… no desprecies ni maltrates a nadie con los pensamientos, las palabras, las acciones o los gestos de tu día a día. Busca siempre la forma de hacer realidad en tu vida la paciencia activa, para que siembre en tu corazón la calma, la serenidad, la flexibilidad, y la capacidad de adaptación, de comprensión, de perdón y de ternura. Que tu humildad te haga disponible ante Dios y los hombres… y te será concedida la tranquilidad, la prosperidad, la paz y la vida…

Tu no eres el dueño de tu vida, pero si sabes reconocer que todo lo que eres y todo cuanto posees lo has recibido de Dios [6], también sabrás percibir al Dios que dirige, sostiene y salva a los humildes de corazón [7], concediéndoles en herencia la paz de “su tierra”, la tierra que él comparte con los hombres; la tierra que no conoce la muerte; la tierra donde el mal no tiene derecho de ciudadanía; la tierra que nunca ha labrado el sembrador de la cizaña; la tierra donde resuenan las fuentes del reposo y corre el agua de la Vida [8].

Mikel Pereira



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[1] Mateo 5, 5.

[2] El poder, la riqueza o la fama:

- “No acumuléis tesoros en esta tierra… Porque donde está tu tesoro, allí está también tu corazón” (Mateo 6, 19. 21).
- “Ningún criado puede servir a dos amos… No podéis servir a Dios y al dinero” (Lucas 16, 13).


[3] “Hijo mío, ama a tus hermanos, y no te creas más que los hijos e hijas de tu pueblo” (Tobías 4, 13).

[4] “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Juan 3, 16).

[5] “Sabéis que los jefes de las naciones las gobiernan tiránicamente y que los magnates las oprimen. No ha de ser así entre vosotros. El que quiera ser importante, sea vuestro servidor, y el que quiera ser el primero, sea vuestro esclavo” (Mateo 20, 25-27).

[6] “¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si de hecho lo has recibido, ¿a qué tanto orgullo, como si nadie te lo hubiera dado?” (I Corintios 4, 7).

[7] “Habito en un lugar alto y sagrado, pero también estoy con los de ánimo humilde y quebrantado, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar los corazones quebrantados” (Isaías 57, 15).

[8] “Si alguno tiene sed, venga y beba de balde, si quiere, del agua de la vida” (Apocalipsis 22, 17).

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