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Meditaciones:

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¡No tengas miedo!

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¡NO TENGAS MIEDO!






¡Es Navidad! [1] Vuelve a lo esencial, vuelve a las fuentes, vuelve a las raíces de la fe. En los textos que preceden al acontecimiento de la Navidad, tu Dios, una y otra vez te pide que no tengas miedo:

- Al anunciar el nacimiento de Juan el Bautista, el ángel del Señor le dijo: “No temas, Zacarías, tu petición ha sido escuchada" [2].
- A María, la madre de Jesús, el ángel le dijo: "No temas, María, pues Dios te ha concedido su favor” [3].
- A José, el esposo de María, el ángel del Señor le dijo: "No temas llevarte a María contigo” [4].
- A los pastores que, en los campos, velan por la noche para vigilar sus rebaños, el ángel les dijo: "No temáis, pues os anuncio una gran alegría” [5].


Pero tú, como todo ser humano, a veces tienes miedo: miedo de vivir o de envejecer; le tienes miedo a la enfermedad, a la soledad y al sufrimiento; a ser separado de los que amas; a perder el control de las situaciones; tienes miedo a comprometerte, a equivocarte, a ser rechazado; le tienes miedo a perder tu trabajo… incluso tienes miedo del éxito y sus consecuencias; le temes al presente y casi a cualquier incierto futuro ya que, a veces, como Job, reconoces que “si tengo miedo de una cosa, me sucede, y lo que temo me sobreviene” [6]… pero sobre todo tienes miedo de morir… porque, aunque vives en un mundo hiperconectado, has perdido el sabor de la fraternidad, y demasiadas veces has visto cómo tus sueños se rompían en pedazos.

Si tuvieras un poco de fe, si confiaras de verdad en Él, no tendrías miedo. Recuerda lo que Jesús dijo a sus discípulos: “¿Por qué tenéis miedo, gente de poca fe?” [7]. Esto es lo que el Señor te dice también en ciertos momentos de tu vida: "¿Por qué tienes miedo?". Y no te olvides de lo que los discípulos le pidieron a Jesús: "Aumenta nuestra fe” [8]; ni de lo que el padre de un niño enfermo le dijo: “¡Creo! ¡Pero ayúdame a tener más fe!” [9].

Por Navidad, tu Dios, quiere hablarte al corazón susurrándote: "¿Dónde estás?” [10]. Pero, si te sientes perdido y no sabes muy bien ni quién eres, ni lo que quieres para hoy, o lo que anhelas para mañana, acaso te atrevas a contestarle como Adán: “Escuché tu voz y tuve miedo” [11].

Seas quien seas, por mucho miedo que paralice tu corazón, para perseverar en medio de las dificultades necesitas tener confianza y ser humilde. Pon en Dios tu confianza; confía en Aquel que te dice: "No tengas miedo, no temas”… Aquel que quiere para ti lo mejor y te ama sin condiciones [12]… Aquel que puede ofrecerte, fidelidad, sentido, futuro y una vida plena… Aquel que camina a tu lado y te reconforta repitiéndote una y otra vez: “No temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, pues yo soy tu Dios; yo te fortalezco, te auxilio y te sostengo" [13]. Tú nunca olvides que, a pesar de los fracasos, eres invitado con insistencia a asumir la responsabilidad de la historia, a luchar por transformar el mundo con coraje y confianza, a caminar hacia un futuro lleno de esperanza.

En Navidad, el Señor te lanza una llamada personal, y espera una respuesta individual; nadie puede responder por ti: “Mira que estoy llamando a la puerta. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa” [14]. Sí, día tras día en esta Navidad eterna, tu Dios, te sigue llamando… invitándote a abrir tu corazón a Aquel que puede transformar tu existencia… y conduciéndote, por el camino del Reino, al encuentro de tus hermanos más abandonados, los que son considerados los últimos…

Ponte siempre al lado del que está caído en el camino [15], sin que importe si es de aquí o es de allá… y verás cómo el amor rompe las cadenas que aíslan y separan, para construir en su lugar puentes que saben de compasión y dignidad…

Traspasa los prejuicios, supera las barreras históricas y culturales y hasta los intereses más mezquinos para, con una actitud solidaria y atenta, cuidar de la fragilidad [16] de cada niño y de cada anciana, de cada hombre y de cada niña, de cada mujer y de cada anciano que tengas cerca o que esté en el otro extremo del mundo…

Lucha contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, de tierra y de vivienda… ¡Siembra solidaridad! [17].

Y frente a todos aquellos que prefieren utilizar palabras que humillan, entristecen o desprecian, apuesta por usar palabras de aliento que reconfortan, fortalecen y consuelan…

Sal del círculo de tu seguridad… Pon en acción tu fuerza y tu ternura… Haz que tu lucha sea fecunda… Tiende puentes, rompe muros, construye con otros un mundo más justo y fraterno, más solidario y lleno de esperanza…

Mikel Pereira
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[1] La Navidad es:

- Es una celebración de alegría. Y el ángel lo subraya: "Os traigo una buena noticia. una gran alegría, que lo será para todo el pueblo" (Lc 2, 10). Porque la alegría solo puede ser real si todos pueden experimentarla. Por eso, en Navidad, agudiza tu mirada y tu escucha para que no haya gente que se quede sola, aislada, olvidada.

- Es un regalo de Dios a la humanidad; celebra el nacimiento de un niño -símbolo de fragilidad y vulnerabilidad- en un establo, entre una mula y un buey, signos de pobreza y comunión con la naturaleza. Guiados por la estrella, los magos de Oriente le traen regalos: oro para celebrar su realeza, incienso para afirmar su divinidad, mirra para enfatizar su humanidad.

- Es una invitación a reconciliarte con la Tierra, a dar un paso más hacia la realización de la gran fraternidad de las criaturas tan bien cantada por San Francisco. Participa de la mansedumbre deseada por Dios desde el principio (Gn 1, 29-30) y para la eternidad (Is 1, 9) dejándote, como Jesús, calentar por la mula y el buey y convirtiéndote en la mula o el buey que vela por los más débiles.


[2] Lucas 1, 13.

[3] Lucas 1, 30.

[4] Mateo 1, 20.

[5] Lucas 2, 10.

[6] Job 3, 25.

[7] Mateo 8, 26.

[8] Lucas 7, 5.

[9] Marcos 9, 24.

[10] Génesis 3, 9.

[11] Génesis 3, 10.

[12] “El Señor, un Dios clemente y compasivo, lleno de amor y fiel” (Éxodo 34, 6).

[13] Isaías 41, 10.

[14] Apocalipsis 3, 20.

[15] Releer la parábola del buen samaritano (Lucas 10, 25-37).

[16] Acércate, atiende y cuida de los más frágiles:

- “Os doy un mandamiento nuevo: Amaos los unos a los otros” (Juan 13, 34).

- “Sed compasivos, fraternales, misericordiosos y humildes” (1 Pedro 3, 8).

- “La solidaridad se expresa concretamente en el servicio, que puede asumir formas muy diversas de hacerse cargo de los demás. El servicio es «en gran parte, cuidar la fragilidad. Servir significa cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo». En esta tarea cada uno es capaz de «dejar de lado sus búsquedas, afanes, deseos de omnipotencia ante la mirada concreta de los más frágiles. […] El servicio siempre mira el rostro del hermano, toca su carne, siente su projimidad y hasta en algunos casos la “padece” y busca la promoción del hermano»” (Francisco, Fratelli tutti, 115).


[17] Sólo dos citas acerca de la solidaridad:

- “La solidaridad… no es un sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas. Al contrario, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos.

Esta determinación se funda en la firme convicción de que lo que frena el pleno desarrollo es el afán de ganancia y la sed de poder… Tales “actitudes y estructuras de pecado” solamente se vencen mediante una actitud diametralmente opuesta: la entrega por el bien del prójimo, que está dispuesto a “perderse” por el otro en lugar de explotarlo, y a “servirlo” en lugar de oprimirlo para el propio provecho (cf. Mt 10, 40-42; 20, 25; Mc 10, 42-45; Lc 22, 25-27). (Juan Pablo II, Sollicitudo Rei Socialis)

- «Los últimos en general «practican esa solidaridad tan especial que existe entre los que sufren, entre los pobres, y que nuestra civilización parece haber olvidado, o al menos tiene muchas ganas de olvidar. Solidaridad es una palabra que no cae bien siempre, yo diría que algunas veces la hemos transformado en una mala palabra, haciendo que no se pueda decir; pero es una palabra que expresa mucho más que algunos actos de generosidad esporádicos. Es pensar y actuar en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos. También es luchar contra las causas estructurales de la pobreza... Es enfrentar los destructores efectos del Imperio del dinero» (Francisco, Fratelli tutti, 116).

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