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Meditaciones:

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Artesanos de la paz

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ARTESANOS DE LA PAZ




“Bienaventurados los artesanos de la paz, porque serán llamados Hijos de Dios” [1].


Hombres y mujeres de todos los tiempos, a lo largo de la historia y a lo ancho del mundo caminan pidiendo “paz”. Y hasta desde lo hondo de tu ser brota, como un clamor, el deseo de vivir en paz.

Pero no por ello puedes dejar de constatar que vives en una sociedad desgarrada por el miedo, las opresiones, amenazas y divisiones... [2]; dentro y fuera de ti, los intereses personales o de grupo van sembrando por todas partes el odio entre los hombres y los pueblos, mientras las guerras levantan muros opacos que impiden que lleguen hasta tu corazón los gritos del silencio [3].

Hay violencia en las calles de las ciudades, y violencia en los corazones de los hombres. Hay violencia en los robos, secuestros y atentados, pero también la hay en los despidos laborales arbitrarios, en la desmesurada acumulación de la riqueza o en la destrucción de los alimentos por razones de mercado mientras miles de personas mueren de hambre. Violencia es el asesinato, y violencia la pena de muerte que lo castiga. Violencia es la guerra, y violencia es la paz que garantiza la “tranquilidad del orden establecido”, porque lejos de ser tan sólo ausencia de guerra, la paz es plenitud [4].

La paz... ¿es quizás tan solo una paz interior? ¿Es tal vez una paz inmediata, un acuerdo social a promover entre los hombres? ¿Se trata acaso de una utopía con la cual podemos soñar pero que nunca podremos alcanzar en este mundo? [5]

Todos hablan de paz, pero la paz sólo puede florecer allí donde brilla la justicia [6]. Y la lucha para lograr la paz es un largo camino que, a veces, dura toda la vida.

Empieza por ti mismo: atrévete a afrontar de manera permanente tus propias contradicciones; mira tu pasado y tu presente, pero no te dejes inundar por la tristeza, ni permitas que los remordimientos te atormenten; aprende a perdonar tus propios errores, ya que si eres demasiado duro contigo mismo ¿para quién serás bueno?

Pero no te encierres, sal de ti mismo, camina hacia los otros. El amor por la paz te llevará lejos, muy lejos, tal vez más lejos de lo que tú querrías, y ésta será tu recompensa: ser llamado “hijo de Dios”.

Esta es tu ineludible tarea: acoger el don que te ofrece el Dios de la Vida y comprometerte en pro de la justicia que irá sembrando la paz sobre la tierra [7]. Pero que el hambre y la sed de justicia, que han encendido en ti el fuego del amor combativo, no te conviertan en un hombre que lucha sin amor.

¿Quieres, aquí y ahora, acercarte con sencillez a las bienaventuranzas para traducirlas en gestos concretos capaces de hacer realidad la paz sobre la tierra de los hombres?

¿Te comprometerás a luchar por un mundo cada vez más justo, que te acerque cada día a una paz más verdadera, sabiendo que la paz, como don de Dios, crece en consonancia con la frágil libertad del hombre? [8]

¿Te arriesgarás a luchar por la verdad que nos conduce a la libertad, y por la justicia que nos trae la paz, aún a riesgo de ser perseguido por la justicia de los hombres?

¿De dónde sacarás las fuerzas necesarias para renunciar a toda violencia y hacer realidad, día tras día, la “Civilización del Amor” [9]?

Mikel Pereira



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[1] Mateo 5, 9.

[2] “Esperábamos paz y no hubo bien alguno; el tiempo de la cura, y se presenta el miedo” (Jeremías 14, 19).

[3] “Curan superficialmente la llaga de mi pueblo diciendo: ¡Paz! ¡Paz! Y sin embargo no hay paz” (Jeremías 6, 14).

[4] “El fruto de la justicia será la paz, la justicia traerá calma y seguridad perpetua” (Isaías 32, 17).

[5] La paz no es sólo un pacto que permite una vida tranquila, ni el “tiempo de paz” por oposición al “tiempo de guerra” (cfr. Eclesiastés 3, 8). La paz es el estado del hombre que vive en armonía con la naturaleza, consigo mismo y con Dios.

[6] La paz es fruto de la justicia, es la realización del bienestar y la felicidad del pobre, es la satisfacción del justo: sembremos salud, libertad y justicia entre los pobres y oprimidos (cfr. Lucas 4, 16-21).

[7] “El fruto de la justicia con paz lo van sembrando los que trabajan por la paz” (Santiago 3, 18).

[8] El hecho de que no exista guerra no es garantía de que existe paz; es el bienestar que disfruta el ser humano lo que viene a ser garantía de paz; un bienestar manifestado en la práctica de la justicia, en el derecho a la tierra, a la vivienda, al trabajo, a los alimentos, a la salud, a la seguridad personal y de la comunidad (Cfr. Levítico 26, 3-13).

[9]
- “La Civilización del Amor está fundada sobre valores universales de paz, solidaridad, justicia y libertad” (Juan Pablo II, Carta Apostólica Tertio Millenio Adveniente, 52).
- “De nosotros depende que triunfe la Civilización del Amor o la civilización, que mejor debería llamarse in-civilización, del individualismo, el utilitarismo, los intereses opuestos, los egoísmos elevados al rango de sistema…” (Juan Pablo II, Angelus, 13 de febrero de 1994).
- “La Civilización del Amor es: entrega y servicio; criterio inspirador y realización en el tiempo; lucha para que las normas del derecho, las leyes que estructuran la convivencia, la acción política, las relaciones laborales y sociales, los proyectos de cada país, las culturas, los modos de ser, las nuevas sensibilidades… vayan reflejando cada vez más su escala de valores” (CATE, página 148).

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