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Plegarias: "CONVERSIÓN, PERDÓN"


La mirada del evangelio #
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Ayúdanos a cambiar, Señor,
nuestra mirada mundana, egoísta,
poco comprometida,
temerosa, acomodada.
Ayúdanos a cambiar
para mirar las cosas,
el mundo, la vida
con tu mirada y desde tus ojos.

Quítanos las anteojeras
que vamos construyendo a lo largo de los años,
que nos aíslan del dolor y del sufrimiento
de los que caminan al lado.

Sacude nuestro corazón,
para aprender a ver
con los ojos llenos del Evangelio
y la Esperanza del Reino.

Corre ya el velo de nuestros ojos,
para que viendo
podamos conmovernos por los otros,
y movernos desde lo profundo de cada uno
para acudir a dar una mano
(y la otra, y la vida toda...)
a los que están caídos al costado del camino,
los que esta sociedad ciega ha tirado a un costado
porque no cuentan
o no interesan a las leyes del mercado.

Convierte nuestra mirada
para hacer posible y cotidiano
el milagro del buen samaritano,
ver al otro y acercarse,
no pasar a su lado,
compartir, ser generoso,
darlo todo por el hermano.

¡Cuántas cosas son posibles, mi buen Dios,
si cambiamos la mirada,
si no volvemos la cara,
si no vivimos encerrados!

Abre nuestros ojos,
ten compasión de nosotros,
como pedía el ciego del evangelio,
que no veamos borroso,
no sea que confundamos el camino
y creamos encontrarte
donde tú no te has quedado.
Descúbrenos, Señor,
tu presencia viva entre los pobres.
Que te reconozcamos
en el desnudo,
en el hambriento,
en el que está solo,
en el preso,
en el enfermo,
y en tantos otros, Señor,
en quienes nos sales al encuentro cada día,
sin que a veces lo advirtamos,
por tener el corazón endurecido
y los ojos cegados.

¡Conviértenos Señor!
Devuélvenos la mirada confiada de los niños,
la transparencia que habla
de lo que abunda en el alma.
No permitas que cerremos los ojos
y creamos hallarte dentro de nosotros mismos,
sin buscarte y encontrarte
por donde andas a diario.

Que la ambición, el conformismo,
la comodidad y las falsas seguridades
no nublen nuestra mirada.
Desata ya un vendaval
para que se lleve las nubes
de nuestras explicaciones fáciles,

Será tan difícil, Señor,
que nos demos cuenta que no estás
en el crucifijo de madera tallada que adoramos,
sino ahí, tirado entre los que ni siquiera miramos.
Ayúdanos, Señor,
a ver y a cambiar...,
a verte y a optar...,
a utilizar esos lentes maravillosos
que nos dejaste
para mirar el mundo, la realidad, la vida:
LA MIRADA DEL EVANGELIO,
para ver la realidad y la vida
con tus ojos de Dios, compasivo y misericordioso.

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