#
#

Salmos Nuevos: "COMUNIDAD - MISIÓN"


No voy a decirte su nombre #
#
#

No voy a decirte su nombre
porque Tú, Señor, lo llevas escrito en la palma de tu mano.
No voy a hablarte de sus angustias,
porque Tú, Señor, escuchas al afligido que no tiene protector.
No voy a contarte su vida,
porque Tú sabes hasta el número de cabellos que tiene en su cabeza.
No voy a explicarte el acoso policial al que se ve sometido,
porque Tú sabes bien lo que es sentirse perseguido.

No voy a narrarte su tristeza,
porque Tú, Señor, te sentiste morir de angustia.
No voy a darte lecciones sobre su soledad,
porque solo fuiste a la cruz.
No voy a pedirte que mires su pequeñez,
porque Tú, Señor, tomaste la condición del último, del esclavo.
No voy a rogarte que veas su situación,
porque a Ti se te conmuevan las entrañas ante quien sufre.

Sólo quiero, Señor, hablarte de mí,
de mi comunidad, de mi Iglesia, de mi mundo.
De mí que soy tu hijo/a;
de mi comunidad que por Ti ha sido convocada;
de mi Iglesia que es el grupo de tus seguidores;
de mi mundo que es el tuyo.

Haz, Señor, que llevemos escritos
en las palmas de nuestras manos el nombre de todos los que sufren,
de los empobrecidos, de los que han tenido que dejar su tierra.
Que tengamos los oídos abiertos
para escuchar sus angustias, sus lamentos, sus gritos.

Ayúdanos a conocer sus vidas, sus sentimientos,
sus culturas, sus creencias.
A mirar con ternura sus retratos de familia y a contar, con ellos,
el dinero que mandan a su tierra
para mantener -de mala manera- a su seres más queridos.

No nos permitas huir, cuando son ellos los perseguidos;
huir de impotencia, de desesperanza, de cansancio.
No dejes que nos escapemos de su realidad.
Que nunca, Señor, nos encerremos en nuestra tristeza
porque la suya es mayor;
está escrita en sus ojos,
en sus manos, en todo su ser;
llena toda su existencia.

Nuestra soledad, Señor,
que es verdad que muchas veces nos duele,
es decidida por nosotros mismos,
y es respuesta y consecuencia de nuestros modos de vida
y nuestros estilos de vivir;
la suya es obligada, impuesta, al margen de su libertad.
Haz que sepamos acompañarla,
llenar un rato de tantas horas sin compañía.

Ayúdanos a que su pequeñez sea altavoz de tus Bienaventuranzas,
de tu Reino, de tus promesas;
que en ella veamos escrito todo tu Evangelio,
tu Buena Noticia que nos dice que tu reinado es de los últimos,
los ignorados, los perseguidos.

Y, por último, Señor, que no se endurezca nuestro corazón;
que no se acostumbren nuestras entrañas al dolor de tus hijos.
Tú que eres Padre-Madre,
haz que, en cada uno de ellos,
sintamos que se nos rompe el corazón,
porque ahí estás Tú sufriendo.
Y haz que sepamos encontrar, en medio de tanto dolor,
una oportunidad para construir la Nueva Humanidad,
que es tu único proyecto para todos los hombres y mujeres
de este nuestro mundo, que también es tuyo.

# # #





bidean@bidean.net
castellano euskera batua euskera bizkaiera orue