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Salmos Nuevos: "LLAMADA - SEGUIMIENTO"


Salmo desde el gozo de lo gratuito #
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Yo quiero ser creyente;
hombre de fe en ti.
Quiero hacer norma de mi vida
la verdad de tu Evangelio.
Tú eres radical, en ti no hay medias tintas;
la ambigüedad no tiene cabida en tu seguimiento.

Lo quieres todo,
porque tú te has entregado sin medida,
eres “lo gratuito” de Dios al hombre,
su “gran regalo”.
Ante ti no es posible tomar partida por el juego sucio;
ante la fe que exiges no tienen entrada las componendas.
Eres claro y pones al hombre en situación de desafío:
Tú o el Dinero; los dos, contigo, son un imposible.

Éste es tu reto; ésta es tu osadía ante una sociedad materialista.
Ésta es tu alternativa ante una sociedad montada en el dinero.
Ésta es la oferta que haces para que el hombre sea libre.
Éste es el camino que sólo se anda ligero de equipaje.
Ésta es la llamada que haces desde el primer momento:
dejar todo, vender todo, quedarse sin nada;
ésta es la llamada fascinante que tú haces ante un mundo
levantado sobre el tener, el poder, la compra-venta.

Señor Jesús,
quiero decir sí a las exigencias que me haces;
decir sí cuando mi corazón tiende
a lo más fácil, a lo que no cuesta.
Quiero abrirme camino
quedándome sólo con lo imprescindible,
aunque el consumismo me golpee por todos los lados.

No quiero caer en el juego sucio para triunfar “como el mejor”.
No quiero ocupar un puesto que lucre a base de influencias.
No quiero aplastar al más débil para seguir subiendo como la espuma.
No quiero mentir, robar, hacer trampas para tener imagen.

Dame, Señor Jesús,
un corazón limpio en medio de esta ciénaga;
un corazón limpio que se abra camino desde la honestidad;
un corazón limpio capaz de estar por encima de las cosas;
un corazón limpio capaz de poner las cartas boca arriba.

Señor Jesús,
yo sé que “las cosas por las cosas” no llenan el corazón;
yo sé que el afán por el dinero es una esclavitud bochornosa;
yo sé que “jugar y jugar para tener” es pura dependencia;
yo sé que el corazón se vuelve frío y ciego cuando le faltas tú.

No quiero, Señor Jesús, venderme al parecer bien, a la foto fácil;
no quiero la primera página para que todos me miren;
no quiero lucir al aire de lo más caro y banal;
no quiero almacenar como si tuviera miedo al mañana.

Señor Jesús,
dame el pan de cada día y que aún pueda compartirlo;
enséñame a confiar en ti como un pobre que te extiende la mano;
alegra mi corazón con el don de tu alegría y tu paz;
fortalece mi vida con la firmeza y la energía;
hazme libre sembrando a mi paso bondad y luz.

Que viva tus dones derramados sobre mí a manos llenas;
que aprenda a vivir sólo con lo que es esencial;
que para mí la riqueza seas tú y el amor a los hermanos;
que mi felicidad sea el sentirme querido por ti.

Señor de lo puro y limpio:
dame unos ojos que te vean.

Señor del amor desinteresado:
dame unas manos que compartan.

Señor libre en tu pobreza:
dame un corazón más allá de las cosas.

Señor del hombre:
dame el saber valorar a las personas por lo que son.

Señor de la Vida eterna:
dame un corazón abierto a los valores definitivos.

Señor de lo esencial:
dame un corazón capaz de dar con gozo,
de DAR SIEMPRE.

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