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Taller de los Salmos:


Ayudas: Salmo 101 (100)
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1. TIPO DE SALMO

Se trata de un salmo real, aunque no se mencione expresamente la persona del rey. La expresión «mi ministro» - «mi servidor» en otras traducciones- (6b) permite suponer que esta oración haya sido compuesta por la máxima autoridad política del pueblo de Dios, el rey.


2. CÓMO ESTÁ ORGANIZADO

No tiene una estructura clara. Se puede distinguir una especie de introducción (1b), seguida de un cuerpo (2-8) en el que se describen las acciones justas del rey. Se trata de un «programa de gobierno» para la autoridad política, indicando con quién se alía y contra quién toma postura.

En la introducción (1b), el rey expresa su deseo de cantar al Señor acompañado por instrumentos musicales, proclamando dos características de Dios: el amor y la justicia. En cierto modo, todo lo que sigue a continuación desarrolla el tema: «Qué es ser un rey justo, conforme a la justicia del Señor».

El cuerpo (2-8) muestra lo que la autoridad política hace o pretende hacer de modo que sea expresión de la justicia del Señor. La primera característica es la integridad. Se trata de la ética personal del rey: «Caminaré en la integridad... Andaré con un corazón íntegro dentro de mi casa» (2). La segunda se refiere al modo en que el rey se comporta en relación con Dios, manteniéndose fiel a él y evitando cualquier tipo de idolatría, indicada en el salmo con la expresión «nada infame»: «No pondré nada infame delante de mis ojos» (3a). Detrás de lo cual, vienen las acciones concretas de la autoridad política, enemiga de los que practican el mal (3b-5. 7) y aliada de los rectos (6). El resultado de todo ello es una sociedad sin ningún rastro de injusticia y una ciudad que camina en perfecto acuerdo con los proyectos del Señor: «Cada mañana haré callar a todos los malvados de la tierra, para extirpar de la ciudad del Señor a todos los malhechores» (8).


3. ¿POR QUÉ SURGIÓ ESTE SALMO?

Este salmo es el espejo en que se refleja la autoridad política y, al mismo tiempo, su mejor programa de gobierno. Además de la ética personal del rey, que se alía con una total ausencia de idolatría, se le muestra obrando en medio de una sociedad conflictiva, con la intención de acabar completamente con las injusticias. En definitiva, el rey tiene, básicamente, dos funciones que cumplir: aliarse con los que promueven la justicia, sosteniéndoles en su lucha, y tomar postura contra los malvados, hasta que desaparezca hasta el menor indicio de injusticia. Vamos a ver todo esto más de cerca. El rey se une a los «fieles de la tierra», para que vivan con él, y escoge como compañero de gobierno (ministro) a alguien que «anda por el camino de los íntegros» (6). El término «ministro» nos hace pensar en la autoridad que viene inmediatamente después del rey, el que ocupa el segundo puesto en cuanto al poder. Se trata, por tanto, de un poder aliado con la causa de la justicia.

Es un poder que combate las injusticias. El salmo juega con los temas «juntarse con» -aliarse- y «apartar», «ignorar». El rey detesta al que practica el mal y nunca se juntará con esas personas (3b), apartando e ignorando a los perversos (4). Mediante su acción hace callar al que difama (5a), al que dice mentiras y a los malvados de la tierra (8a). No soporta miradas altivas y corazones arrogantes y nunca da refugio al que comete fraudes (7a), pues en la casa del rey, la integridad es ley (2b. 7a).

En la descripción de las acciones del rey, encontramos esta espiral de injusticias: miradas altivas, corazón extraviado y arrogante (4a. 5b), difamación del prójimo en secreto (5a), por medio de mentiras (7b) y con fraudes (7a). Se trata de los malhechores (8b) que practican el mal (3b) y cometen maldades en la tierra (8a). ¿Contra quién? El salmo no lo deja muy claro, pero lo más prudente parece creer que sea contra los humildes y sencillos, llamados aquí «fieles de la tierra» e «íntegros» (6).

Se nota que la autoridad política ha superado la tentación de la ambición, que se manifiesta en la mirada, en la expresión «delante de mis ojos» (3a.7b; véase, ahora en positivo, la expresión «mis ojos están en los fieles de la tierra», 6a); ha superado la tentación de la corrupción, expresada en el rechazo de la difamación (5a), de la mentira (7b) y del fraude (7a), alcanzando la integridad, expresada en el tema del «andar/caminar» (2a. 2b. 6b).

Finalmente, conviene fijarse dónde escoge el rey a su principal colaborador en la implantación de la justicia. No es entre los mentirosos, ladrones (7), difamadores (5a), malvados o malhechores (8), sino entre los íntegros y los fieles de la tierra (6).


4. EL ROSTRO DE DIOS

Este salmo prácticamente no habla de Dios. En una ocasión se le menciona expresamente (1b) y en otra se nos dice que tiene una ciudad (8b). ¿Está ausente Dios? Claro que no. Está presente en las acciones del rey relacionadas con la justicia. Según una idea muy extendida en el Antiguo Testamento, el rey era el representante de Dios o, si se prefiere, el principal responsable de la construcción de una sociedad de justicia y fraternidad. El Señor tiene una ciudad (8b), pero para que esta sea expresión de la justicia, es preciso que la autoridad política haga callar cada mañana a todos los malvados de la tierra y extirpe a todos los malhechores (8). Ésta es, sin lugar a dudas, la mejor manera de cantar el amor y la justicia del Señor (1b).

Así pues, nos encontramos, una vez más, ante el Dios de la Alianza, aunque su principal aliado sea, en este salmo, el rey del pueblo de Dios.

En la actividad de JESÚS encontramos importantes resonancias de este salmo. Basta fijarse en aquéllos con los que se alió, confiándoles el Reino: los pobres de espíritu y los perseguidos por causa de la justicia (Mt 5, 3. 10; Lc 6, 20-23). En las parábolas de Mt 21-22 se ve con toda claridad que las autoridades (políticas, económicas y religiosas) de tiempos de Jesús estaban profundamente comprometidas con la maldad y con la injusticia, convirtiendo la «ciudad del Señor» en una sociedad injusta y llena de violencia.


5. REZAR EL SALMO 101

Podemos rezar este salmo cuando queremos profundizar en la cuestión de la «conciencia ciudadana» con su concreción en las diversas formas de participación política; cuando queremos llevar a nuestra oración el papel de quienes ejercen el poder; cuando soñamos con una ciudad/sociedad justa y sin ningún tipo de males; cuando sentimos la tentación de hacer a Dios responsable de los errores y las desgracias que se producen; cuando queremos cantar el amor y la justicia del Señor, presentes en las luchas de individuos o grupos en favor de una sociedad fundada en la justicia...

Otros salmos reales son: 2; 18; 20; 21; 45; 72; 89; 110; 132; 144.


(Comentarios tomados del libro de BORTOLINI, J., Conocer y rezar los salmos, San Pablo, Madrid, 2011, págs. 490-494). Los subrayados son nuestros.


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