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Taller de los Salmos:


Ayudas: Salmo 113 (112)
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1. TIPO DE SALMO

Es un himno de alabanza que pone el acento en el nombre del Señor, capaz de provocar cambios radicales en la vida de las personas. Los salmos 113 a 118 constituyen «la pequeña alabanza» (el «pequeño Hallel», por contraste con el «gran Hallel»: el salmo 136) que rezan los judíos en las fiestas importantes. Según Mt 26, 30, Jesús rezó estos salmos después de la Cena Pascual.


2. CÓMO ESTÁ ORGANIZADO

Este salmo tiene introducción (1-3) y cuerpo (4-9), pero no conclusión, pues la alabanza continuaba en el salmo 114. El cuerpo del salmo puede dividirse en dos partes: 4-6 y 7-9.

La introducción comienza con un grito: «¡Aleluya!» (expresión hebrea que significa «alabad al Señor»), invitando al pueblo, a los que se llama «siervos», a alabar el nombre del Señor (1). Se expresa el deseo de que este nombre sea bendecido por siempre (2) y que la alabanza dure todo el día (3). En la introducción se menciona a Dios como «Señor» (Yavé) cuatro veces y su nombre, tres. También el verbo alabar aparece tres veces.

El cuerpo del salmo tiene dos partes. Las dos explicitan por qué hay que alabar el nombre del Señor. En la primera (4-6) Dios es presentado como Señor de los pueblos y de todo el universo. Su trono se encuentra por encima de los cielos. En dos ocasiones aparece el verbo elevar. Con él se pretende afirmar que Dios está por encima de todo (los cielos) y de todos (los pueblos). Sin embargo, quien se eleva por encima de todo y de todos, también se abaja para mirar al cielo y a la tierra. ¿Con qué resultado?

Viene, entonces, la segunda parte (7-9). Se mencionan cuatro acciones del Señor. Al abajarse para mirar la tierra, el «elevado» provoca un cambio radical en la sociedad: levanta del polvo al débil y saca de la basura al indigente, sentándolo en el consejo del pueblo (7-8). Cuando el Señor se levanta de su trono, los indigentes que viven en la basura también son levantados de la miseria en que se encuentran y se les asigna un asiento entre los consejeros de la ciudad y del pueblo. Es la primera gran transformación social.

La segunda transformación (9) se refiere a la mujer estéril. Al levantarse de su trono, el Señor hace que se siente en casa, a la mesa, como una madre feliz de sus hijos. Aquí se está dando la vuelta a la tortilla no sólo en lo que respecta a la superación de la esterilidad. En aquel tiempo y en aquella cultura, la madre, durante las comidas, solía quedarse en pie para servir a los comensales. Aquí, en cambio, se sienta, rodeada por sus hijos.

Podemos ver, pues, cómo el cuerpo de este salmo se caracteriza por los siguientes contrastes: el elevarse y el abajarse del Señor, el levantarse del trono y el dar asiento, el abajarse y el levantar al pobre y sacar al indigente.


3. ¿POR QUÉ SURGIÓ ESTE SALMO?

Este salmo supone que nos encontramos en un lugar público y que la persona que lo compuso está rodeada de gente (1). La alabanza suele poner de manifiesto algunas acciones importantes de Dios. En este salmo, es su nombre lo que se convierte en motivo de alabanza. Ya se ha indicado en las dos partes del cuerpo (4-6 y 7-9) lo que representa este nombre y las consecuencias que tiene para la sociedad. Este salmo nos muestra cómo era la sociedad de aquel tiempo. De hecho, habla de pobres e indigentes que se arrastran por el polvo y viven en la basura (una imagen suficientemente conocida en los vertederos de las grandes ciudades). El salmo nada dice acerca de las causas que han dado lugar a la existencia de pobres e indigentes, pero sabemos cuáles son. Sólo se habla de dos situaciones extremas: por un lado, están los que viven en la basura; por el otro, los que viven entre lujos (los príncipes). Los príncipes eran, ciertamente, la élite dirigente de la sociedad, los «senadores y diputados». El Señor da muestras de una gran osadía e incluso parece un poco abusón: al indigente nacido en medio de la basura lo sienta en un escaño de senador. Le da la vuelta a la tortilla económica y social.

Otro detalle interesante se refiere al caso de la mujer estéril. En aquel tiempo y en aquella cultura, la esterilidad, además de relativamente frecuente, era sinónimo de castigo divino. Conviene, además, llamar la atención sobre el papel que jugaba la esposa-madre. Durante las comidas, tenía que estar de pie para servir a su marido y a sus hijos varones. También en esto, el Señor se muestra muy osado. Hace fecunda a la mujer y la pone en el mismo nivel que los hombres (es decir, sentada). La mujer de este salmo ha recuperado, en un instante, toda su dignidad. Y se puede comparar con las grandes matriarcas del pasado, que tuvieron que hacer frente a este mismo tipo de discriminación: Sara, Rebeca, Raquel y otras...


4. EL ROSTRO DE DIOS

Se menciona a Dios siete veces en total (seis como «Señor» y una de manera genérica como Dios). Esto sería suficiente para hablar del rostro que tiene Dios en este salmo. No obstante, podemos profundizar en esto un poco más. Este salmo muestra cómo el nombre del Señor provoca cambios radicales: el indigente se sienta con los príncipes, la estéril se sienta a la mesa rodeada por sus hijos. ¿Por qué tiene este salmo la valentía de afirmar estas cosas? Porque la primera y principal experiencia de Dios que tiene Israel consiste en el éxodo. El Señor está íntimamente vinculado a la liberación de la esclavitud en Egipto. Ahí tuvo lugar el principal de los cambios revolucionarios. Estableció su alianza con este pueblo sometido a esclavitud, volviéndolo fecundo y príncipe en la Tierra Prometida. La opción de Dios por el débil, por el indigente y por lo estéril es tan clara como el sol de mediodía.

Después del exilio en Babilonia (que concluyó el 538 a.C.), los sacerdotes judíos alejaron a Dios de la vida del pueblo, recluyéndolo aislado en un cielo distante, majestuoso y glorioso. Este salmo acepta esta concepción de un Dios elevado. Pero esto no le impide mirar hacia la tierra, desencadenando una revolución social.

La encarnación de JESÚS viene a culminar este salmo. En la Carta a los filipenses (2, 6-11), Pablo muestra cómo tuvo esto lugar. El mismo Hijo de Dios bajó -«se rebajó»- a nuestra realidad y la vivió plena e intensamente. María cantó la radical transformación que Dios obró en ella (Lc 1, 46-55). Jesús se mezcló con pecadores y marginados (Mt 9, 9-13; Lc 15, lss). No sólo sacó de la exclusión a los marginados (pobres, enfermos, mujeres); fue más allá, liberando a la gente de unas cadenas aparentemente irreversibles, como es el caso de la muerte.


5. REZAR EL SALMO 113

Este salmo se presta para las ocasiones en que queremos alabar el nombre del Señor y sus acciones de liberación y de vida; cuando queremos sentir cerca su presencia liberadora; cuando no nos conformamos con la idea de un Dios de gloria y majestad, pero distante, que no está comprometido con la justicia social...

Otros salmos que son himnos de alabanza: 8; 19; 29; 33; 100; 103; 104; (105); 111; 114; 117; 135; 136; 145; 146; 147; 148; 149; 150.


(Comentarios tomados del libro de BORTOLINI, J., Conocer y rezar los salmos, San Pablo, Madrid, 2011, págs. 554-558). Los subrayados son nuestros).


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