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Taller de los Salmos:


Ayudas: Salmo 035 (34)
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1. TIPO DE SALMO

Es un salmo de súplica individual. Una persona clama al Señor a causa de la desesperación en la que se encuentra. En varias ocasiones, expone claramente la situación de injusticia que ha experimentado y por eso clama a Dios pidiendo que acuse a los que le acusan, que combata a los que le combaten (1), esto es, que intervenga para hacer justicia.


2. CÓMO ESTÁ ORGANIZADO

Podemos distinguir tres partes: 1-10; 11-18; 19-28. Cada una de estas partes puede, a su vez, dividirse en unidades menores. En la primera parte (1-10), el salmista hace un llamamiento urgente al Señor, juez y guerrero (1-3), formula un deseo contra sus enemigos (4-6), describe la situación en que se encuentra (7-8) y añade ya una promesa de alabanza para después de la liberación (9-10). En esta parte podemos encontrar unas cuantas imágenes o símbolos interesantes: el Señor es presentado como un juez y un guerrero fuertemente armado (1-3); los enemigos del salmista son vistos como soldados a los que el ángel del Señor empuja hacia la derrota (4. 6) o como paja que arrebata el viento (5). Son presentados, también, como “cazadores” del justo (imagen tomada de la vida en el campo), y se pide que caigan en la misma red que ellos han tendido o en la fosa que han excavado (8).

En la segunda parte (11-18) encontramos también varias divisiones menores. El salmista describe nuevamente su situación (11-12. 15-16), afirmando que ha recibido el mal como recompensa por el bien que había practicado. Así pues, se trata de un inocente acusado injustamente (13-14). Apela nuevamente al Señor (17), prometiendo dar gracias en público por el beneficio alcanzado (18). En esta parte, se compara a los enemigos con leones que rugen (17).

La tercera parte (19-28) también presenta divisiones menores. La persona que compuso este salmo vuelve a hablar de su situación (19-21). Recurre nuevamente al Señor juez (22-24), expresa un deseo contra los perseguidores mentirosos (25-26), para concluir con un himno de alabanza (27-28). Se compara a los enemigos con bestias feroces que abren sus fauces (21) y se muestran orgullosos de haber devorado al justo (25).

Es interesante señalar que las tres partes son muy parecidas entre sí. Pueden colocarse en paralelo y compararse entre sí. Además, podemos darnos cuenta de cómo la situación del salmista va agravándose a medida que avanzamos en la lectura del salmo: si el Señor no interviene, será fatalmente destruido.


3. ¿POR QUÉ SURGIÓ ESTE SALMO?

Este salmo muestra un terrible conflicto entre un justo que, él solo, lucha contra un grupo organizado de injustos más fuertes que él. Hay otros justos que están callados (27), tal vez con miedo a reaccionar ante la fuerza de los malvados.

La segunda parte (11-18) muestra cómo comenzó todo. En el pasado, cuando algunas personas estaban enfermas, el justo hacía penitencia por ellas y rezaba, como si se tratara de gente muy próxima («amigo», «hermano», «madre», vv. 13-14). Pasado un tiempo, el justo tropezó (15); entonces estas personas se convirtieron en sus enemigos, viendo en su tropiezo una oportunidad para destruir al justo con odio (15-16). Pagaron a falsos testigos, arrastraron al justo hasta el tribunal, inventaron una sarta de mentiras (11) con la intención de quitarle la vida (4). El salmista se siente como quien ha caído en la red que le han tendido los cazadores o en la fosa que le han cavado (7-8). Más aún, el justo los ve y los siente como leones que rugen (17), que abren sus fauces y están a punto de devorarlo (25). Vale la pena leer con atención este salmo fijándose en cómo califica el salmista a sus enemigos, en qué es lo que pretenden hacer.

¿Y la situación de quien compuso el salmo? Además de ser alguien inocente capturado en las redes y en la fosa de las mentiras de los injustos, no tiene a nadie a quien recurrir, excepto al Señor, el Dios juez y guerrero que restablece la justicia (los amigos del justo guardan silencio atemorizados). Además se confiesa débil, pobre y sin recursos ante alguien más fuerte que él y que lo explota (10). ¿En qué consistiría esta explotación? No es fácil dar una respuesta. Pero las imágenes del león, de la paja, de la red y de la fosa permiten sospechar que, tal vez, detrás de este salmo pudiéramos encontrarnos con terratenientes ambiciosos. ¿No serán ellos el león que «se zampa» al justo, arrebatándole, a base de mentiras, difamaciones y sobornos, el suelo vital del que depende para sobrevivir? Esta posible situación nos lleva a pensar en los tiempos de Amós y en las denuncias de este profeta.


4. EL ROSTRO DE DIOS

En medio del conflicto entre los injustos poderosos y el justo debilitado, entre los injustos exploradores y el pobre indigente que clama, Dios se presenta como juez y como guerrero: acusa a los acusadores del justo, combate a los que lo combaten (1). Se arma como un guerrero temible (escudo, armadura, espada, hacha) para defender la causa del justo que clama ante las injusticias. ¿Por qué el salmista se atreve a dirigirse a Dios en estos términos? Porque el Señor siempre ha sido y siempre será el aliado en favor de la justicia. Cuando los israelitas elevaron su clamor a causa de la opresión que padecían en Egipto, él se fijó, descendió, escuchó y liberó. Ésta es la razón por la que esta persona clama, exponiendo la gravedad de su situación. Si el Señor no responde, la Alianza queda en entredicho. En los vv. 22-24, el salmista pone de manifiesto lo que piensa de Dios: puesto que ya ha visto la situación, que no quede callado, que no se quede lejos y que no se duerma, sino que haga justicia. Se trata de una petición para que renueve los prodigios liberadores que llevó a cabo en tiempos de la esclavitud en Egipto.

Si el Señor no responde y no lo libera, los demás justos desaparecerán, asustados y reducidos al silencio por la arrogancia y la prepotencia de los malvados injustos. Y, lo que es peor, dejará de reconocerse la justicia del Señor en la faz de la tierra.

En el Nuevo Testamento, Jesús está siempre de parte de quienes claman por la justicia. Es más, él vino para cumplirla plenamente (Mt 3, 15) y afirmó que el Reino es de los pobres en el espíritu y de los perseguidos a causa de la justicia (5, 3. 10). Jesús liberó a todas las personas que clamaban y que estaban oprimidas por diversos motivos. Basta, por ejemplo, con echar un vistazo a los capítulos 8 y 9 de Mateo, para hacerse una idea de cómo respondió Jesús a las súplicas y los clamores de todos, y no sólo de los judíos.


5. REZAR EL SALMO 35

El salmo 35 es un salmo de súplica individual ante una terrible injusticia. Si Dios no hace justicia, el justo acabará muriendo a causa de las mentiras de los injustos. Tal vez nosotros no pasemos nunca por una situación semejante; pero esto no quiere decir que no podamos rezar este salmo. Entonces, ¿cuándo podemos rezarlo? Es un salmo que conviene rezar en solidaridad con las personas y grupos que luchan por la justicia y que reciben amenazas de destrucción por parte de los poderosos. Éste es el caso de los que luchan por la tierra en las partes más pobres de nuestro mundo y por todos los derechos fundamentales del ser humano.

Otros salmos de súplica individual: 5; 6; 7; 10; 13; 17; 22; 25; 26; 28; 31; 36; 38; 39; 42; 43; 51; 54; 55; 56; 57; 59; 61; 63; 64; 69; 70; 71; 86; 88; 102; 109; 120; 130; 140; 141; 142; 143.


(Comentarios tomados del libro de BORTOLINI, J., Conocer y rezar los salmos, San Pablo, Madrid, 2011, págs. 175-181). Los subrayados son nuestros.


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