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Taller de los Salmos:


Ayudas: Salmo 037 (36)
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1. TIPO DE SALMO

Es un salmo sapiencial. Reflexiona sobre uno de los grandes temas que aborda este tipo de salmos, a saber, el del sentido de la vida y la búsqueda de la felicidad. Ante la gente, se abren dos posibles caminos: el camino de la vida y el camino de la muerte, el de la justicia y el de la injusticia. ¿Cuál de los dos caminos hace feliz? Sin lugar a dudas, el camino de la justicia que conduce a la vida. Este salmo nació de la experiencia acumulada a lo largo de la vida por parte de una persona anciana; quiere transmitir una enseñanza, razón por la que este es un salmo sapiencial: «Fui joven y ya soy viejo, pero nunca he visto un justo abandonado, ni a su descendencia mendigando pan» (25).


2. CÓMO ESTÁ ORGANIZADO

Es un salmo alfabético (Sal 9-10; 25; 34). En el texto original, cada una de sus estrofas comienza con una letra del alfabeto hebreo (las traducciones de que disponemos no conservan este detalle). Al margen de esto, podemos distinguir tres momentos importantes: 1-9; 10-33; 34-40. El sentido general del primero de ellos (1-9), compuesto principalmente por consejos, consiste en no irritarse a causa de la prosperidad de los malvados, pues se trata de algo pasajero. En lugar de irritarse, lo mejor es confiar en el Señor y hacer el bien. Los malvados desaparecerán. Tenemos aquí una imagen llena de energía: los injustos son tan frágiles como el césped: enseguida se secan.

El segundo momento (10-33) muestra, entre otras cosas, el conflicto que existe entre malvados e injustos. Los malvados desenvainan la espada y tensan el arco para matar al pobre y al indigente (14-15). El justo es fuente de bendición, mientras que el malvado no sobrevive. Todo lo contrario. Se marchita como la belleza de los prados verdes y se disipa como el humo (20). La belleza que se marchita y el humo que se deshace son dos vigorosas imágenes que caracterizan la fragilidad de los malvados.

En el tercer momento (34-40), el sabio que compuso este salmo presenta una nueva serie de consejos para disfrutar de una vida feliz. Vuelve el motivo de la confianza en el Señor, que libra a los justos de los malvados y los impíos, a los que se compara con un cedro frondoso que, de repente, deja de existir (35), mientras que la persona honrada, recta y pacífica (37) disfrutará de un futuro de felicidad.


3. ¿POR QUÉ SURGIÓ ESTE SALMO?

El conflicto entre los malvados y los justos está constantemente presente. Vale la pena leer de corrido el salmo y tomar nota de cómo se les llama a los primeros: «malvados» e «injustos» (1), «los que triunfan», «el hombre que maneja intrigas» (7), «malvados» (9. 10. 12. 13. 14. 16. 17. 20. 21. 28. 32. 34. 35. 38. 40), «asesinos» (14) y «enemigos del Señor» (20), «malhechores» (28), «impíos» (38). Por otro lado, tenemos a los justos: «los que esperan en el Señor» (9), «pobres» (11. 14), «justos» (12-16. 17. 21. 25. 29. 30. 32. 39. 40), «indigentes» y «hombres rectos» (14. 37), «perfectos» (18), «fieles» (28), «honrados» y «hombres pacíficos» (37).

A cada paso encontramos una situación de tensión entre dos proyectos de sociedad: uno basado en la injusticia y en la desigualdad (la situación que se encuentra como trasfondo del salmo) y otro basado en la justicia y en la igualdad (presente en la lucha de los justos y del Señor, su aliado).

El meollo de este conflicto es la cuestión de la tierra y de una descendencia que la cultive: «Porque los malvados serán excluidos, pero los que esperan en el Señor poseerán la tierra» (9); «Los que el Señor bendice poseerán la tierra, y los que maldice serán excluidos» (22); «Confía en el Señor y sigue su camino; te ensalzará para que poseas la tierra» (34).

Así pues, este salmo pone al descubierto la existencia de un conflicto a causa de la tierra y, con toda claridad, toma partido a favor de los que han sido desposeídos de ella. El enfrentamiento es terrible: «Los malvados desenvainan la espada y tensan el arco para matar al pobre y al indigente, para asesinar al hombre recto» (14). Todo lleva a pensar que este conflicto dura desde hace tiempo, pues desde el punto de vista económico, los sin tierra son «pobres» (11. 14) e «indigentes» (14).

En su defensa de los que no tienen tierra, este salmo pone de manifiesto la debilidad de los asesinos. Emplea imágenes de gran fuerza tomadas de la vida en el campo: los malvados son como la hierba: se secan enseguida, se agostan como el césped (2); los enemigos del Señor se marchitarán como la belleza de los prados (20); aparentan ser fuertes como un cedro frondoso (35), pero desaparecen en un instante (36). Los sin tierra, en cambio, que tienen al Señor como aliado, dispondrán de la tierra (11. 22. 29. 34), tendrán descendencia (26. 27) y una herencia que permanece para siempre (18). No se avergonzarán en tiempos de sequía, y en tiempos de hambre quedarán saciados (19).


4. EL ROSTRO DE DIOS

En la Tierra Prometida, que todos debían compartir, el latifundismo fue imponiéndose cada vez más. Unos pocos, por medio de una violencia brutal, matan y se adueñan de la tierra. El Señor, Dios de la Alianza, siente como propias las ofensas que se infligen a los sin tierra. Por eso asume su defensa, restableciendo la justicia y eliminando para siempre las injusticias. Si no hubiera tenido fe en el Dios amigo y aliado, este sabio no habría compuesto el salmo que nos ocupa. El Dios de este salmo es un Dios que toma claramente partido. Se pone del lado de los desposeídos y afligidos por la pérdida de la tierra. Establece con ellos una alianza y les garantiza que no perderán la herencia (la tierra).

En el Nuevo Testamento, Jesús también tomó una postura clara que no deja lugar a dudas. Dijo que el reino de los cielos es de los pobres en el espíritu que son perseguidos a causa de la justicia (Mt 5, 3. 10). Estas personas son el vivo retrato de cómo eran las comunidades de Mateo y del pueblo en general en tiempos de Jesús: la pérdida de la tierra los afligía. Jesús, en el Sermón de la Montaña, asegura que los tristes serán consolados y que los desposeídos (los mansos) poseerán la tierra (5, 4-5). Los sin tierra de tiempos de Jesús vivían afligidos y doblegados («amansados») por las ambiciones de los latifundistas. Jesús afirma que el Reino, entre otras cosas, significa tierra para todos.


5. REZAR EL SALMO 37

Leído en clave sapiencial, se nos invita a rezar este salmo cuando queremos recuperar el camino de la vida y de la felicidad. Desde la clave de la lucha por la tierra, este salmo invita a la solidaridad: no sólo con los desposeídos y afligidos por la pérdida de la tierra, sino con todos los que se encuentran, a causa de la ambición de los poderosos, por debajo del umbral mínimo en cuanto a la dignidad humana. Por medio de este salmo, podemos convertirnos en portavoces de estos grupos ante Dios y aumentar nuestro conocimiento de sus planes para la humanidad.

Otros salmos sapienciales: 1; 49; 73; 91; 112; 119; 127; 128; 133; 139.


(Comentarios tomados del libro de BORTOLINI, J., Conocer y rezar los salmos, San Pablo, Madrid, 2011, págs. 186-191). Los subrayados son nuestros.


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