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Taller de los Salmos:


Ayudas: Salmo 071 (70)
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1. TIPO DE SALMO

Es un salmo de súplica individual. Alguien, que tiene que enfrentarse con un conflicto mortal, se encuentra sin fuerzas y, por eso, recurre a Dios, con la esperanza de no quedar defraudado. Son muchas las peticiones que encontramos: «sálvame», «libérame», «inclina tu oído» (2), etc. En medio de esta situación, esta persona se acoge al Señor (1), espera en Dios (14) y promete ensalzarlo (22-24a).


2. CÓMO ESTÁ ORGANIZADO

Resulta difícil proponer una estructura plenamente satisfactoria, pues esta oración mezcla la súplica con los recuerdos y las promesas. Podemos dividirla en dos partes: 1-13a; 13b-24. Las dos empiezan y terminan con la cuestión de la vergüenza. Hay investigadores que ven una especie de estribillo en 1. 13. 24b, lo que obligaría a dividir el salmo de una forma distinta. En la primera parte (1-13a) el salmista hace varias cosas: comienza afirmando que se acoge al Señor (1) y por eso expone una serie de peticiones (2-3); habla de sus enemigos (4. 10-11) y recuerda algunas de las etapas de su vida (antes de nacer, juventud y ancianidad, 5-6. 9). La dimensión temporal está presente: «siempre» ha confiado en Dios (6), «todo el día» lo alaba (8) y espera no quedar avergonzado «jamás» (1). Se concede mucha importancia a las partes del cuerpo como instrumentos de opresión (mano, puño, 4), de escucha (oído, 2), de alabanza (boca, 8). Llama la atención lo que se dice en el versículo 6: entre esta persona y Dios había una «alianza» anterior al nacimiento de la primera pues, ya en el seno materno, el nascituro se apoyaba en Dios, y el Señor lo sostenía. Podríamos resumir esta primera parte titulándola «los conflictos en la tercera edad». Es intensa la presencia de los enemigos; también son fuertes sus proyectos contra el justo.

«La esperanza de la tercera edad», éste podría ser el título de la segunda parte (13b-24). El autor vuelve a hablar de la época de su juventud y del momento en que vive (17-18); promete muchas cosas, entre otras, que volverá a tocar para Dios (22); retoma el tema de los conflictos (20); nos dice algo de su anterior posición social (21). Mientras que en la primera parte (6) recordaba el seno materno como su morada antes de nacer, en la segunda menciona el seno de la tierra, una intensa imagen empleada para hablar de su situación al borde de la muerte (20b). También en esta parte se valora el cuerpo como instrumento de liberación (18b) y de alabanza (19. 23. 24a).


3. ¿POR QUÉ SURGIÓ ESTE SALMO?

Este salmo surgió a partir de los conflictos con los que tuvo que enfrentarse una persona anciana. Parece ser que el sufrimiento constituía su pan cotidiano. Se puede decir que lo suyo era un «milagro» (7). En la segunda parte, todo esto se le atribuye a Dios (20a). Probablemente se trataba de una persona con una posición social elevada. Esto es lo que podemos imaginar a partir de la expresión: «Aumentarás mi grandeza, y de nuevo me consolarás» (21). La «grandeza» nos sugiere una situación pasada que se ha perdido y que el salmista pretende recuperar con creces.

¿Qué es lo que habría pasado? El salmista «siempre» confió en Dios, incluso en momentos inimaginables, como cuando estaba en el seno materno (6). Pero ahora esta esperanza está a punto de desvanecerse, pues ya se siente en el seno de la tierra. Podría decirse que ya «tiene un pie en la tumba». ¿Por qué? El salmo habla de la «mano del malvado» y del «puño del criminal y del violento». También menciona a los enemigos, que hablan mal del fiel, de los que vigilan su vida y hacen planes (10); hay quienes persiguen la vida de este anciano y tratan de hacerle daño (13. 24b).

El salmista se siente viejo, está sin fuerzas (9), su pelo está canoso (18) y tiene miedo de que Dios lo abandone y acabe sumido en la vergüenza (1) y la confusión. Si Dios no interviene inmediatamente, la confianza de este anciano va a caer en picado. Su vida no será más que confusión y vergüenza.

Los malvados lo persiguen, afirmando que Dios no se preocupa por los viejos que le permanecen fieles. Debe resultar muy duro para una persona mayor, que ha confiado en Dios toda su vida, escuchar estas cosas de quienes quieren verlo muerto: «¡Dios lo ha abandonado! ¡Podéis perseguirlo y agarrarlo, que nadie lo salvará!» (11).

Así, pues, éste es el salmo de una persona anciana víctima de los malvados, criminales y violentos que atentan contra su vida. Una persona vieja y sin fuerzas (9) contra un grupo de poderosos bien organizados que traman planes y vigilan la vida del justo para acabar con ella (10).

Este anciano no tiene a quién recurrir fuera de Dios. Suplica, confía, promete. Promete diversas cosas, entre otras, vivir «todo el día» (8. 15. 24a) alabando la justicia de Dios, ensalzarlo con el arpa y con la cítara (22), lo que indica que sabía manejar estos instrumentos. La promesa más importante consiste en contar las proezas del Señor, describir su brazo y anunciar sus maravillas a muchachos y jóvenes, a la siguiente generación (16-18). Como anciano que es, juega un importante papel pedagógico y catequético: educar en la confianza en el Dios que escucha, libera y hace justicia. Pero, para ello, el Señor tiene que responder e intervenir sin tardanza. En caso contrario, la vida de este hombre será pura confusión, vergüenza, muerte...


4. EL ROSTRO DE DIOS

Son muchos los detalles que, en este salmo, componen un rostro extraordinario de Dios. A lo largo de su vida, este anciano ha confiado «siempre» en el Señor y, si ahora suplica, es porque sigue confiando en el aliado que nunca falla. También resulta interesante constatar la existencia de esta alianza desde el seno materno (6). Los versículos iniciales (2-3) presentan a Dios con las imágenes tradicionales de roca de refugio y alcázar o ciudad fortificada. Son signos de la confianza inquebrantable en el compañero de alianza y en el amigo fiel.

Una pregunta, planteada por el salmista, nos muestra quién es Dios: «¿Quién como tú?» (19b). Él es el único que salva y que libera, como hiciera antaño en Egipto. La experiencia del éxodo es el motor que impulsa a este anciano a confiar, pedir, esperar y celebrar. El salmo fuerza la intervención de Dios. Si no escucha el clamor de este anciano, los malvados, criminales y violentos tendrán razón cuando dicen: «¡Dios lo ha abandonado! ¡Podéis perseguirlo y agarrarlo, que nadie lo salvará!» (11). En este salmo, Dios recibe diferentes nombres que dan a entender que se mantiene fiel a lo largo de todo el camino del pueblo de Dios.

Como ya hemos visto a propósito de otros salmos de súplica, Jesús escuchó todos los clamores y no defraudó a quienes habían depositado en él su confianza. Salvó todas las vidas que corrían peligro, venciendo incluso al mayor de los enemigos, la muerte.


5. REZAR EL SALMO 71

Las situaciones que se han presentado al comentar otros salmos de súplica individual, también sirven aquí. Pero el salmo 71 brilla con luz propia, pues es la oración de la ancianidad con sus dificultades, conflictos, necesidades y, sobre todo, sus deseos de colaborar en la construcción de una sociedad más humana. El anciano de este salmo tiene una experiencia de la vida por transmitir. Por desgracia, nuestra sociedad valora poco el papel de la tercera edad, sin permitirle comunicar toda su sabiduría a propósito de la vida.

Otros salmos de súplica individual: 5; 6; 7; 10; 13; 17; 22; 25; 26; 28; 31; 35; 36; 38; 39; 42; 43; 51; 54; 55; 56; 57; 59; 61; 63; 64; 69; 70; 86; 88; 102; 109; 120; 130; 140; 141; 142; 143.


(Comentarios tomados del libro de BORTOLINI, J., Conocer y rezar los salmos, San Pablo, Madrid, 2011, págs. 347-352). Los subrayados son nuestros.


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