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Taller de los Salmos:


Ayudas: Salmo 078 (77)
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1. TIPO DE SALMO

Es un salmo histórico, ya que cuenta parte de la historia del pueblo de Dios. Para exponer la historia pasada, hace falta mucho tiempo. Por eso, los salmos históricos se encuentran entre los más largos (véanse también los salmos 105 y 106). Pero no cuentan toda la historia. De forma tal que es muy importante fijarse en los detalles: qué visión de la historia presenta cada uno, qué es lo que no dicen, dónde terminan, etc.


2. CÓMO ESTÁ ORGANIZADO

Este salmo posee una introducción (1b-8) y un núcleo (9-72). La introducción (1b-8) es una auténtica catequesis. Dicho de otro modo, responde a estas preguntas: ¿Por qué contar la historia? ¿Qué valor tienen los acontecimientos del pasado? Esta introducción supone la existencia de alguien que recuerda la historia y también la presencia de un grupo dispuesto a escuchar y aprender (1b). No comparte la opinión de que los hechos se repitan, no. Los acontecimientos del pasado constituyen una lección que permite que nosotros seamos hoy y en el futuro más felices. ¿Cómo? Evitando los disparates y los errores de los otros, y mejorando aquello que de bueno hicieron nuestros antepasados. Es decir, aprender a evitar los errores y a mejorar lo que ya era bueno. La historia, por tanto, es enseñanza (1b), parábola (2a) y enigma (2b). Es inteligente quien es capaz de descubrir en los acontecimientos del pasado la llave que abre las puertas de la felicidad, y transmite este tesoro a las generaciones futuras (3-5). En esto consiste, para el pueblo de Dios, la tradición más pura: pasar de una generación a otra las experiencias del pasado, con la intención de vivir más y mejor.

Para el pueblo de la Biblia, contar la historia es mostrar la sucesión de generaciones, sin perder nunca la memoria histórica. Un pueblo sin memoria es un pueblo sin historia, sin raíces y sin identidad. Las nuevas generaciones tienen una vocación histórica única: ser más felices que sus antepasados. ¿De qué manera? Aprendiendo de los errores y de los aciertos de los que les precedieron. Y Dios interviene en esa trama existencial, guiando a las personas y la historia por el camino de la felicidad y de la vida.

El núcleo (9-72) es una inmensa profesión de fe en el Dios que hace historia con su pueblo. El salmo comienza hablando mal del reino del Norte, aquí llamado Efraín (9-10). Es difícil detallar el contexto que hay detrás de todo esto. Pero es evidente que este salmo surgió en el Sur, por donde circulaba una visión llena de prejuicios acerca del Norte. Además, todo el texto tiene una visión pesimista en relación con el pueblo, incapaz de mantenerse fiel a Dios.

Los gestos de infidelidad comienzan en Egipto. Dios es fiel, pero el pueblo no. En los vv. 13-51 se recuerdan los grandes portentos de Dios en favor de Israel, destacando los momentos en que el pueblo le responde a Dios con la infidelidad. Estas grandes hazañas son: el paso del mar Rojo (13), la nube que guía al pueblo de día (14a) y la columna de fuego de noche (14b), el agua que brota de la roca (15-16), el maná (23-25), las codornices (26-28) y las plagas de Egipto (43-51). Son siete maravillas realizadas por Dios en favor de su pueblo. Se trata de un breve resumen de los libros del Éxodo y de los Números; pero cuyos portentos quedan empañados por las exigencias, las dudas y las infidelidades del pueblo. En estos versículos viajamos desde Egipto al desierto, para regresar nuevamente a Egipto.

Llaman la atención las plagas de Egipto (43-51). También aquí se nos presenta una síntesis. Se eligen sólo siete plagas: la del agua convertida en sangre (44), la de los tábanos (45a), la de las ranas (45b), la plaga de langostas (46), la del granizo que destruye y congela (47), la lluvia de pedrisco con relámpagos (48) y la muerte de los primogénitos (49-51). El autor ha organizado estas siete plagas de modo que quede claro que Dios es plenamente solidario y fiel.

La última etapa (52-72) es la de la marcha hacia la Tierra Prometida. Se nos habla de la conquista (53), de la justa distribución de la tierra (55) y de las consecuencias de la infidelidad del pueblo (56-58): la pérdida del arca de la Alianza (60), la dominación de los filisteos (61-66), el rechazo del reino del Norte (tras la muerte de Salomón, v. 67), la elección del reino del Sur (68), para concluir con David como rey, el pastor de corazón íntegro, que conduce a su pueblo con mano sabia (70-72).


3. ¿POR QUÉ SURGIÓ ESTE SALMO?

Este salmo no es del tiempo de David, sino posterior. Da a entender que existen los dos reinos, el del Norte (Efraín, José, 9. 67) y el del Sur (Judá, con el templo en la capital, Jerusalén, 68-69). Tiene una visión negativa del reino del Norte, pues considera que ha traicionado la Alianza (9-10). La infidelidad del pueblo tiene mucho que ver, aquí, con los habitantes del Norte. Esto explica su visión pesimista de la historia. Si Dios no fuera misericordioso, el pueblo habría sido aniquilado, pues no es capaz de mantenerse fiel.

Los salmos históricos suponen que el pueblo está reunido para celebrar y conservar la memoria de su pasado. Surgieron para que la gente aprendiera de los conflictos del pasado, para ser más felices en el presente y en el futuro. ¿Es que no había conflictos en la época en que surgió este salmo? ¿Por qué, entonces, contar la historia pasada?

El salmo 78 se detiene en David, al que considera el rey justo y sabio, el verdadero líder político. Entonces, nos preguntamos: ¿Por qué este salmo no ha ido más allá de David? ¿Por qué no recuerda a sus sucesores en el trono de Judá? Parece que está ocultando un conflicto o, al menos, nos permite levantar sospechas con respecto a los sucesores de David. De hecho, la monarquía fue, siglos más tarde, la principal responsable de la desgracia del exilio de Babilonia.

La introducción (1b-8) expone los motivos por los que nacieron los salmos históricos: la historia es la maestra de la vida: está ahí para enseñarnos a vivir con una sabiduría mayor, sacando partido de todo lo que nos ofrece el pasado; para aprender, así, de los aciertos, pero también de los errores de los demás.


4. EL ROSTRO DE DIOS

Dios es el liberador, el aliado fiel que nunca falla. Se compadece de las debilidades de su compañero de alianza, cumpliendo con su parte y perdonando las locuras y los errores del aliado. Es el Dios que camina con el pueblo, interviniendo en la trama de la historia. Los errores del pueblo no le hacen perder la paciencia ni merman su confianza. Por el contrario, quiere que aprendamos de nuestros errores y de los de los demás. En el fondo, es el Dios que se siente feliz cuando el ser humano es feliz.

Desde pequeño, Jesús aprendió la historia de su pueblo. Los evangelios lo presentan come el «Dios-con-nosotros» (Mt 1, 23; 28, 20), encarnado en nuestra historia (Jn 1, 14). Él también tiene unos antepasados que cometieron errores y tuvieron aciertos. Basta analizar las genealogías (Mt 1, 1-17 y Lc 3, 23-38). Su encarnación llevó a sus compatriotas a dudar de él (Mc 6, 1-6). Enseñó a aprender de las tragedias y de los hechos desagradables (Lc 13, 1-5).


5. REZAR EL SALMO 78

Tenemos que rezarlo a la luz de nuestra historia personal, comunitaria, social y nacional, descubriendo las maravillas de la fidelidad de Dios para con nosotros. Tenemos que convertir nuestra historia en objeto de oración para dar gracias por las cosas buenas y pedir perdón por los errores; podemos rezar este salmo para conservar la memoria histórica...

Otros salmos históricos: 105, 106.


(Comentarios tomados del libro de BORTOLINI, J., Conocer y rezar los salmos, San Pablo, Madrid, 2011, págs. 381-389). Los subrayados son nuestros.


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