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Taller de los Salmos:


Ayudas: Salmo 082 (81)
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1. TIPO DE SALMO

Este salmo se parece a los de denuncia profética (por ejemplo, al salmo 52), pero se considera un salmo de súplica colectiva debido a su petición final (8; compárese con el salmo 58). Esto viene a demostrar que algunos salmos son una mezcla de dos o más tipos.


2. CÓMO ESTÁ ORGANIZADO

El contexto en que se desarrolla este salmo es el de un juicio; aquí van surgiendo las distintas escenas que lo componen: la presentación del juez supremo (1b), la acusación contra los jueces injustos y malvados (2), los testigos de cargo (3-4), la sentencia (5-7) y la súplica del pueblo (8).

En la primera escena (1b), se presenta al juez supremo, Dios, que se levanta en medio de la asamblea divina para juzgar. Tenemos que imaginarnos la sesión de un tribunal de justicia: Dios es el juez; ante él se encuentran todos los acusados, a los que se llama «dioses», título que, en ocasiones, se les da a los jueces, pues eran los que representaban la voluntad divina en la administración de la justicia. Dios se levanta y, entonces, comienza el juicio.

En la segunda escena tenemos la acusación contra los «dioses». Es una acusación directa: los que administran la justicia están invirtiendo las cosas, pues favorecen a los malvados (2).

En la tercera escena aparecen las víctimas de esta perversión de la justicia. Son los que acusan a los jueces injustos: el débil y el huérfano, el pobre y el necesitado, el humilde y el indigente (3-4). Al mismo tiempo, se dice qué es lo que los jueces tienen que hacer en relación con los que han padecido la injusticia: han de protegerlos, hacerles justicia, liberarlos y arrancarlos de la mano de los injustos.

La cuarta escena expone la sentencia que pesa sobre los malvados por no haber hecho justicia. La primera sentencia dimana de las tres acusaciones dobles que se han presentado con anterioridad: los jueces injustos no saben, no entienden y deambulan en las tinieblas (5a). A causa de la «oscuridad» que provocan con sus injusticias, la sociedad se convierte en un caos (5b). Aparece aquí la imagen del terremoto. La tierra tiembla sacudida por la mala administración de la justicia. La segunda sentencia proviene de Dios mismo (6-7). Los jueces, a pesar de que se les llame «dioses», «hijos del Altísimo» y «príncipes», desaparecerán como cualquier mortal. Así pues, la muerte es la sentencia de Dios contra los jueces injustos.

La última escena tiene como protagonista al pueblo en su súplica colectiva. Muertos los jueces injustos, se le pide a Dios, Señor de la tierra y de las naciones, que sea él mismo quien haga justicia (8).


3. ¿POR QUÉ SURGIÓ ESTE SALMO?

En la sociedad existe un grave conflicto. Y este conflicto tiene que ver con la administración de la justicia, tarea encomendada a los jueces, a los que se llama «dioses» (1b. 6a), «hijos del Altísimo» (6b) y «príncipes» (7b). Estos títulos revelan la importancia que tenían los jueces en la época en que surgió este salmo (tal vez, después del exilio en Babilonia). Dios fue siempre considerado como juez, pero su poder relativo a la administración de la justicia se delegó en personas que, cumpliendo rectamente este cometido, hacen visible la justicia que quiere Dios. Son, por tanto, mediadores de la justicia de Dios.

Sin embargo, lo que puede contemplarse en la sociedad es precisamente lo contrario. En su seno hay débiles y huérfanos, pobres y necesitados, humildes e indigentes (3-4). ¿Cómo habían surgido estos grupos de marginados? ¿Por generación espontánea? Es evidente que no. Este salmo da a entender que, de modo paralelo a estos excluidos, está el grupo de los malvados e injustos (2b. 4b) que explotan a los primeros. En este contexto, deberían entrar en acción los jueces para traducir en la sociedad la justicia que Dios quiere. ¿De qué manera? Protegiendo, haciendo justicia, liberando y arrancándoles de la mano de los injustos (3-4). Con otras palabras, implantando una justicia «parcial», puesta al servicio del débil explotado y en contra del explotador poderoso. En cambio, ¿qué es lo que hacen estos jueces? Juzgan injustamente y defienden la causa de los malvados en los tribunales (2). Por consiguiente, los débiles y los huérfanos se quedan sin protección, el pobre y el necesitado no tienen a nadie que les haga justicia, el humilde y el indigente no encuentran quien los arranque de las manos de los injustos (3-4). Es el caos social, la perversión de la justicia que desfigura totalmente los proyectos de Dios. De los jueces injustos se dicen tres cosas: «No saben, no entienden, deambulan en las tinieblas» (5a). A consecuencia de lo cual, los cimientos de la tierra se ven sacudidos. Dios había establecido la tierra sobre unos sólidos cimientos (Sal 24, 2). Los malvados, en cambio, hacen que se tambalee. Cuando los responsables de la justicia se ponen de parte de los poderosos y los injustos, no queda nada en pie, pues los jueces corruptos y los poderosos injustos constituyen el aliño ideal de la ensalada del caos social.


4. EL ROSTRO DE DIOS

El final del salmo muestra a Dios como Juez de toda la tierra y Señor de todas las naciones (8). Así pues, el tema del Señor Juez recorre este salmo de punta a punta. Muestra a un Dios profundamente comprometido con la justicia, que defiende a cuantos sufren injusticias arrancándolos de las garras de los poderosos. Este modo de concebir a Dios y de presentarlo está relacionado con el éxodo, cuando el Señor hizo justicia a los israelitas, débiles, pobres, necesitados y explotados, víctimas de la ambición y de la injusticia del Faraón. Y obra de este modo porque tiene una alianza con los excluidos que claman por la justicia.

Dios resolvió hacer justicia sirviéndose de las personas. Así sucedió en tiempos de Moisés, y así debería suceder también en la época del salmo 82. Sin embargo, los jueces corruptos e injustos han echado por tierra los planes de Dios. Por eso el Señor dicta sentencia de muerte contra los jueces corruptos, para que se restablezca nuevamente la justicia.

Los evangelios presentan a Jesús como el juez que cumple la justicia del Padre y como aquel que escucha los clamores del pueblo que implora la justicia (véase lo que se ha dicho a propósito de los salmos de súplica colectiva). En el juicio final (Mt 25, 31-46) los pobres, necesitados, indigentes y débiles serán declarados hermanos de Jesús. El criterio que sitúa a una persona entre los benditos o con los malditos es la solidaridad que haya mantenido con ellos.


5. REZAR EL SALMO 82

Podemos rezar este salmo cuando queremos clamar por la justicia, contra la corrupción, contra la injusticia, contra la opresión y la explotación de los excluidos que practican los poderosos; cuando queremos fortalecer nuestra fe en el Dios juez, Señor de la historia y amante de la justicia; cuando no nos conformamos con el caos social que resulta de una mala administración de la justicia...

Otros salmos de súplica colectiva: 12; 44; 58; 60; 74; 77; 79; 80; 83; 85; 90; 94; (106); 108; 123; 126; 137.


(Comentarios tomados del libro de BORTOLINI, J., Conocer y rezar los salmos, San Pablo, Madrid, 2011, págs. 403-407). Los subrayados son nuestros.


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