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Taller de los Salmos:


Ayudas: Salmo 091 (90)
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1. TIPO DE SALMO

Este salmo se parece a los de confianza individual. Sin embargo, teniendo en cuenta que no es el salmista quien manifiesta su confianza en Dios, sino otra persona, vamos a considerarlo como un salmo sapiencial. De hecho, transmite un elemento de la sabiduría acerca de la vida: el que se refugia en Dios no tiene por qué temerle a nada.


2. CÓMO ESTÁ ORGANIZADO

Tiene tres partes: 1-2; 3-13; 14-16. La primera es una especie de introducción. Alguien, relacionado con el culto en el templo de Jerusalén, invita a una persona que se encuentra allí («Tú que habitas al amparo del Altísimo y vives a la sombra del Omnipotente», (v. 1) a confiar plenamente en Dios, recitando esta fórmula: «¡Refugio mío, alcázar mío, Dios mío, confío en ti!» (2). El Señor (2a), además de ser llamado «Dios mío» (2b), es presentado como el «Altísimo» y el «Omnipotente» (1). Tenemos aquí las imágenes del refugio o lugar seguro y del alcázar.

La segunda parte (3-13) es el núcleo. Presenta las acciones de Dios en favor de su fiel en una situación de conflicto. El Señor libra (3) y cubre con sus plumas (4). Se le presenta con las imágenes del ave protectora y del guerrero defensor (4b) que libra de la red del cazador y de la peste mortal (3). El fiel, por tanto, no tiene nada que temer, ni el terror, ni la flecha, ni la peste, ni la epidemia, cuatro peligros que infunden temor (5-6). Dos de ellos acechan de noche (el terror y la epidemia), y dos aparecen de improviso durante el día (la flecha y la peste). La noche y el día representan la totalidad de la vida de la persona. El que confía en el Señor no vacila ni se estremece, aunque a su alrededor amenacen la destrucción y la muerte (7). Basta abrir los ojos para ver el destino de los malvados (8). Se retoma ahora la razón de todas estas cosas, que ya había sido presentada (9): esta persona ha hecho del Señor su refugio (2a. 9a) y ha tomado como defensor al Altísimo (1a. 4b. 9b).

El salmo continúa describiendo la inquebrantable existencia del fiel, mostrando dos momentos de la vida, representados por la tienda (10) y por el camino (11-13). La tienda (casa) y el camino resumen toda la vida, dentro del hogar y fuera de él. La desgracia y la plaga (visitas a las que no solemos invitar) no alcanzarán al fiel dentro de su casa (10) y los ángeles lo guardarán por los caminos, llevándolo en volandas con sus manos (11-12). Se mencionan cuatro terribles peligros, poderosos por su veneno (serpientes y víboras, 13a) y feroces por su violencia (leones y dragones, 13b).

En la tercera parte, la conclusión de los versículos 14-16, toma la palabra el Señor, que habla por medio de la persona que había hablado en la primera parte. Dios recuerda tres acciones de esta persona fiel («se ha unido a mí», «conoce mi nombre», «me invocará» (v. 14), y el mismo Dios realiza siete acciones en favor de su fiel: «lo libraré», «lo protegeré», «responderé» (14), «estaré con él en la angustia», «lo libraré» (15), «lo saciaré» y «le haré ver mi salvación» (16).


3. ¿POR QUÉ SURGIÓ ESTE SALMO?

Este salmo muestra el drama de una persona inocente y perseguida que ha buscado refugio en el templo de Jerusalén (cf los términos «amparo», «sombra», «refugio» y «alcázar» de los versículos 1-2. 9). En determinadas épocas de la historia del pueblo de Dios, el templo también sirvió como lugar de protección para personas perseguidas. No se podía tocar a quien se refugiaba en su interior; éste tendría que pasar después por un ritual de suertes. Una vez que el sacerdote hubiera echado las suertes, la persona era declarada culpable o inocente. Quien habla a lo largo de todo el salmo es, pues, un sacerdote que anima al refugiado a confiar en el Señor.

El conflicto está presente desde la primera línea hasta la última. De sus enemigos se dice que son «malvados» (8b) y que pretenden dar caza al justo para matarlo (3a). Los peligros mortales descritos en los versículos 5-6 y 13 («el terror de la noche», «la flecha que vuela de día», «la epidemia que camina en las tinieblas», «la peste que devasta a mediodía», las «serpientes y víboras», los «leones y dragones») pueden ser imágenes de los peligros y atentados que los malvados han preparado y van a preparar contra esta persona que se ha refugiado en el templo. La vida de este individuo corre peligro constantemente, en casa (la tienda) y por los caminos (10-13).


4. EL ROSTRO DE DIOS

El Señor recibe distintos “nombres”: Dios (2b), Altísimo y Omnipotente (1). Se le compara con un lugar de refugio y con un alcázar o fortaleza (2a. 9a), con un ave protectora y con un guerrero defensor (4. 9b); es, además, un «libertador» (3). Tiene ángeles a sus órdenes y les encarga la misión de guardar y guiar al refugiado (11-12). Sin embargo, es en la tercera parte (14-16) donde aparece claramente el rostro de Dios, descrito por medio de las siete acciones que realiza en favor del justo: librar, proteger, responder, estar con él, glorificar (devolver la honra), saciar y hacer ver. Hay una estrecha relación, un compromiso íntimo entre Dios y el justo. El justo se une al Señor, conoce el poder de su nombre y lo invoca en los momentos de angustia. El Señor, compañero de la Alianza, se hace presente, responde, libra, protege, prolonga los días del justo y le muestra la salvación.

Se repite aquí el mismo esquema del éxodo, de modo que el Dios de este salmo es el mismo que se hizo presente en la angustia de los israelitas sometidos a la esclavitud: escuchó, libró, protegió, guió e introdujo en la Tierra Prometida. El recuerdo de los ángeles (11) tiene como misión confirmar todo esto. De hecho, en Ex 23, 20 y 32, 34 se habla de un ángel que camina al frente del pueblo, cuidándolo durante la marcha, guiándolo hasta el lugar que le había preparado el Señor.

El diablo cita los versículos 11-12 en el momento de las tentaciones de Jesús (Mt 4, 6 y Lc 4, 10-11). Jesús vence la tentación de poner a Dios al servicio de sus propios caprichos, enseñándonos que una de las cosas fundamentales es cumplir la voluntad del Padre (Mt 6, 10). En tiempos de Jesús, el templo había dejado de ser el «amparo del Altísimo» y la «sombra del Omnipotente», para convertirse en un mercado (Jn 2, 6) y una cueva de ladrones (Mt 21, 13; Mc 11, 17; Lc 19, 46). Jesús es el nuevo templo en el que se encuentra Dios (Jn 1, 14; 2, 21). Él nunca defraudó la confianza de cuantos se refugiaron en él, especialmente pecadores (Lc 7, 36-50; Jn 8, 1-11), enfermos (Mt 8, 1-4; Mc 9, 14-27) y excluidos (Mc 10, 13-16).


5. REZAR EL SALMO 91

No hay que rezar este salmo como un texto de confianza mágica que pone a Dios a nuestro servicio. Esto sería tanto como caer en la tentación que Jesús superó. Conviene rezarlo para aumentar nuestra confianza en Dios en medio de los conflictos a causa de la justicia. Puede servirnos cuando viajamos o cuando visitamos enfermos; cuando necesitamos incrementar nuestro valor y fortalecer el ánimo para superar las tensiones que surgen en el caminar...

Otros salmos sapienciales son: 1; 37; 49; 73; 112; 119; 127; 128; 133; 139.


(Comentarios tomados del libro de BORTOLINI, J., Conocer y rezar los salmos, San Pablo, Madrid, 2011, págs. 445-449). Los subrayados son nuestros.


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