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Taller de los Salmos:


Tus comentarios: Salmo 114 (113 A)
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Salmo 114

Me emociona encontrarme con oraciones-plegarias como este Salmo de hoy, porque rezuman una EXPERIENCIA VIVA, muy viva y que caracteriza a aquel pueblo de Israel, experiencia que ha “marcado” su vida y su ser de forma muy especial y significativa. Tanto es así, que esas acciones extraordinarias que el Señor realizó a lo largo del caminar de pueblo, están MUY VIVAS en su conciencia como pueblo elegido.

Desde ahí que mis SENTIMIENTOS ante estas expresiones tan vivas y llamativas, me emocionan y tomo conciencia del VALOR que entrañan para Israel y me estimulan a vivir y cuidar aquello que también ha marcado mi vida y que también, HOY y AQUÍ, pueden ser un acicate en el día a día de mi caminar creyente.

Y… ¿cuál es la experiencia original de Israel? Sin duda alguna, la salida de Egipto y de la esclavitud. Es el HECHO CLAVE de su experiencia como pueblo elegido. Tal es así que, como consecuencia de ese hecho, Israel se convierte en “su santuario” y “su dominio”, con todo lo que ello implica. Además tiene una conciencia tan viva de este acontecimiento que, en tantos momentos de su historia como pueblo, será un revulsivo especial en su caminar.

Y como concatenado con la salida de la esclavitud, se encuentra la entrada en la Tierra Prometida, pero para ello se van a dar otros acontecimientos que complementan e iluminan para siempre el CAMINO como pueblo: son el paso del mar Rojo y del río Jordán. Aquí se manifiesta con claridad que, para Dios, Israel es realmente “su santuario” y “su dominio”, de forma que la Alianza de Dios con su pueblo tiene VIDA DENTRO y le hará mantenerse en fidelidad, a pesar de los pesares.

Los versículos de este Salmo-plegaria, que despiertan profundamente mi atención, son precisamente los que me impactan y me hacen descubrir que en esta relación Dios-Pueblo hay un algo muy especial y con mucha vitalidad: “Cuando Israel salió de Egipto… Judá se convirtió en su santuario e Israel en su dominio” (vv. 1-2). Es la afirmación clave y la experiencia que “marca a fuego” al pueblo escogido.

Todo ello me presenta un “ROSTRO” de Dios muy a tener en cuenta y que le hace ser ese Dios que ama profundamente a ese pueblo y que ha sellado ese amor con una ALIANZA, y que irá iluminando cada paso del caminar y de la historia vivida a través de los tiempos, incluso en las situaciones más complicadas. Dios seguirá, pues, siendo FIEL a la Alianza y el pueblo, ayudado por personas significativas y por los profetas, volverá a renovar ese compromiso de fidelidad con ese Dios fiel y cercano.

Me impresiona volver a escuchar que “Judá se convirtió en su santuario, e Israel en su dominio” (v. 2). Esto es, según este Salmo-plegaria, el santuario de Dios es el pueblo; en él está, reside y viaja con él desde la esclavitud a la libertad, y es que aquí le encontramos caminando con su pueblo rumbo a la conquista de la libertad y la vida. ¡Casi nada! ¿Es éste el ROSTRO de Dios que anida en mi ser, en nuestra historia, HOY y AQUÍ? Tengo dudas serias a este respecto. También en nuestro entorno e, incluso, en nuestras Comunidades Cristianas no sé si ese es el ROSTRO de Dios. Yo tengo mis dudas. En serio.

Y cuando caminamos a través de esa historia enredada y llegamos a JESÚS de NAZARET, se me presenta como algo que me ilumina y me ayuda a “ver más claro”, porque todo adquiere una nueva visión. Así, cuando Jesús anuncia la desaparición del Templo (Jn 2, 13ss) y afirma que su cuerpo es la tienda de encuentro entre Dios y la humanidad (Jn 1, 14); o nos plantea que cualquier persona puede convertirse en santuario del Padre y del mismo Jesús: “Si alguien me ama, vendremos a él y habitaremos en él” (Jn 14, 23). Pero es que además, toda la vida de Jesús está marcada, por sus palabras y acciones, en favor de los demás, siendo éste su legado para sus seguidores. Soy (somos) santuario de Dios y, también, lugar de encuentro para que otras personas descubran a Dios.

La CONCLUSIÓN de este Salmo-plegaria es muy clara para mi vida y, además, algo que merece la pena: Dios es FIEL a la Alianza sellada con su pueblo y también conmigo, hasta el punto de ser su “santuario” y todo ello lo ha sellado DEFINITIVAMENTE en el HIJO amado y para siempre. ¡Estoy invitado a vivir todo esto EN PLENITUD!

“Dios, Padre-Madre, que nos amas con toda la fuerza de tu ser, de tu corazón, y lo has sellado con una ALIANZA para siempre. Concédeme (concédenos) gustar y vivir todo esto con el gozo de saber que caminas a mi (a nuestro) lado y que NUNCA romperás la Alianza sellada por medio de tu Hijo amado. AMÉN”.
Esteban

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